Autor: Ugalde Apalategui, José Antonio. 
   Conversación con Domingo García Sabell  :   
 Nuevo presidente de la Real Academia Gallega. 
 Pueblo.    16/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

CONVERSACIÓN CON DOMINGO

GARCÍA SARELL

Nuevo presidente de la Real Academia Gallega

El senador Domingo Garcia Sabell fue elegido presidente de lo Real Academia

Gallega el pasado día 6, en el transcurso de una sesión extraordinaria. Con el

fin de que nos expusiera la situación de la lengua y la cultura gallegas, de

pedirle un bosquejo de las líneas maestras que, bajo su mandato, adoptará la

Academia y de solicitarle un análisis de los problemas más acuciantes de la

cultura gallega, «Pueblo Literario» ha sostenido con el doctor García Sabell la

siguiente entrevista:

"Galicia es una etnia con idioma propio, poco conocida y por lo general

adulterada"

P. L.—¿Podría usted darnos un panorama autobiográfico, pon especial atención

para su labor como escritor y médico?

G. S. — Nací en Santiago de Compostela y, efectivamente, mis inclinaciones

principales han sido la medicina y la escritura. He publicado muchos ensayos

médicos —mi especialidad es la medicina interna—, en revistas nacionales y

extranjeras. También he dado cursos y conferencias en diversos centros.

Soy académico numerario de tres academias gallegas: la de Medicina y Cirujía, la

de Bellas Artes y la Real Academia Gallega, a la que pertenezco desde 1957. He

publicado varios libros en gallego: «Ensaios I», con trabajos sobre el hombre

gallego enfermo, el hambre en Galicia y temas más generales, como análisis de la

obra de James Joyce y Van Gogh; «Ensaios II», en que se incluyen trabajos sobre

Rosalía de Castro, Castelao y las relaciones entre pintura y conocimiento; otro

se titula «La pintura y la comunicación», y he dedicado otros dos textos a lo

obra del pintor y grabador Luis Seoane. «Revista de Occidente tradujo al

castellano algunos de estos trabajos con el titulo «Tres síntomas de Europa» y

Editorial 61, de Barcelona hizo otra antología titulada «Notas para una

antropología del hombre gallego».

Directamente en castellano he publicado ensayos en las revistas «ínsula»,

«Papeles de Sons Armadans», «Revista de Occidente», «Cuadernog

Hispanoamericanos», etcétera. También he participado en un libro homenaje a

Américo Castro, que se publicó en Oxford. Por otro lado he traducido al gallego

un libro del psicólogo Spranger, todavía no vertido al castellano, y parte de la

obra de Heidegger y de James Joyce En la actualidad preparo el volumen «Ensaios

III».

P. L. —En su opinión, ¿cuáles han sido las intenciones y las líneas maestras de

su obra?

G. E.—Creo que he tratado de llegar a una humanización, lo más honda posible de

la actividad científico natural de mi especialidad médica. También he tratado de

obtener una imagen totalizadora del hombre, contribuyendo a la elaboración de

una antropología que supere los datos meramente positivos. Por último vertiente

esencial que ha movido las dos intenciones anteriores ha sido la reivindicación

de la cultura de mi país, Galicia, demostrando que su idioma es capaz de servir

a las máximas exigencias científicas y filosóficas de nuestro tiempo.

P, L.—En una encuesta de urgencia realizada por PUEBLO-Literario en junio, con

ocasión de la designación real de senadores, usted nos dijo: «Me parece

absolutamente necesario que en Madrid tengan una imagen real de la espléndida

situación en que hoy se encuentra la actividad creadora de Galicia y también de

los problemas que aquejan a su cultura.» ¿Puede usted hablarnos de esa actividad

creadora y de los problemas culturales gallegos?

G. S—Ciertamente, es muy necesario que aquí, en Madrid, se conozca con más

detalle y rigor el esfuerzo y la realidad a la que la Cultura gallega sirve. En

mi tierra hay actualmente un elenco de intelectuales, literatos, ensayistas,

investigadores... que están llevando a cabo una labor de gran importancia en sus

respectivos ámbitos, y. sin embargo, en el Centro se tiene la impresión de que

Galicia es un país lírico, un país que sólo produce poetas. Por ejemplo, la

nueva narrativa está a la altura de la que pueda producirse en España y en

América, y Alvaro Cunqueiro, cuyos mejores libros están escritos en gallego, es

un buen modelo; los estudios económicos, la? corrientes filosóficas, etcétera,

tienen en Galicia una realidad espléndida; la plástica, en sus diversas;

vertientes de pintura, grabado, escultura, etcétera, también está en auge. Para

resumir: Galicia es una etnia con idioma propio, manera especifica de, entender

la vida, costumbres peculiares e historia típica, poco conocida y por lo general

adulterada. Me parece que esta etnia puede hoy presentarse a la consideración de

otros pueblos y culturas con sus propios títulos. Éste tema de la especificidad

y autonomía de Galicia ha sido visto, desde tiempos inmemoriales, y no sólo

durante los cuarenta últimos años, como algo gratuito y artificial desde el

Centro. A los centralistas dogmáticos les cuesta entender el problema, les

cuesta comprender que el ochenta por ciento de la población habla el gallego,

les cuesta entender que un maestro castellano para el niño gallego es un trauma.

No cabe duda de que para entender un problema hay que vivirlo; por eso cuando el

presidente Suárez dijo al recibir el proyecto preautonómico gallego que el

Gobierno trataría de vivir desde dentro el problema de Galicia, me pareció lo

mejor de fu intervención.

P. L — El bilingüismo es una realidad aceptada a nivel estatal. Pero cada

nacionalidad posee peculiaridades y exigencias especiales en la aplicación del

bilingüismo. ¿Cómo debe ser el bilingüismo gallego?

G, S. En Galicia no hace falta que al niño o al bachiller se les enseñe el

gallego. Rectamente entendido, el bilingüismo consiste en enseñarle el

castellano desde el gallego, que es su lengua materna. Lo contrario sería

convertir el gallego en foráneo en su propia tierra. Por otro lado, es

imprescindible que los maestros sean gallegos, porque ese es el idioma que el

niño domina. También es imprescindible la cooficialidad de ambos idiomas, porque

un hombre, un obrero o un campesino, que no domine el castellano no puede ir a

un centro oficial que sólo utilice el castellano sin sentirse disminuido. Hay

que tener en cuenta que, todavía en la actualidad, el daño que el gallego recibe

cuando a lo largo de su vida —escuela, milicia, centros oficiales medios de

comunicación, trabajo— debe comunicarse en castellano sin dominarlo, es enorme.

P. L.—¿Puede usted hacer un balance de la trayectoria seguida hasta ahora por la

Real Academia Gallega? Asimismo, ;,puede usted referirse a las líneas de trabajo

y, en su caso, a los nuevos objetivos que bajo su mandato va a adoptar la

Academia?

G. S.—La Real Academia Gallega tuvo, esquemáticamente hablando, tres etapas. La

primera, tras su fundación, en mil novecientos cinco, duró hasta mil novecientos

treinta y seis, y, tal vez, su principal tarea fue dar continuidad a la

publicación de un boletín que estudiaba problemas lingüísticos etnográficos,

históricos, arqueológicos, etc., ya que hay que tener en cuenta que se trata de

una academia general y no sólo dé la lengua, como algunos creen. Durante aquélla

época hubo académicos de gran significación: por ejemplo Murguía, marido de

Rosalía de Castro, historiador, que fue su primer presidente, y miembros de la

corporación, como Cabanillas, Castelao y Otero Pedrayo. La segunda etapa,

iniciada en mil novecientos treinta y seis, estuvo a punto de dar al traste con

la Academia. La desaparición pudo evitarse con mucha abnegación, tenacidad y

habilidad, aunque la escasísima cuantía de las subvenciones provocó que no

desplegase a fondo su capacidad. De todas maneras, contra viento y marea,

siguieron publicándose el boletín y los discursos de ingreso de los nuevos

académicos y se mantuvo la actividad corporativa imprescindible. El último

presidente, Sebastián Martínez Risco, al que he sucedido, realizó una labor muy

meritoria y evitó, entre otras cosas, que la Academia se prostituyera: hubiera

bastado un nombramiento honorario para que llovieran el dinero y las

facilidades, pues vivíamos tiempos en que el dinero se derrochaba y las

facilidades se concedían en forma paralela al grado de incurvación de la columna

vertebral. En vez de eso, los académicos, que se reúnen en La Coruña, siguen

teniendo dietas de seis pesetas por día. Ahora pretendo que se abra una nueva

etapa, y, en concreto, trataré de que se impulsen determinados estudios

históricos y que se agilice todo lo concerniente al estudio y uso de la lengua

gallega hablada y escrita. El principal escollo es, sin duda, la falta de

dinero. En la actualidad, la financiación de la Real Academia Gallega proviene

de algunos Ayuntamientos, y Diputaciones y casi nada más. Espero que logremos, a

pesar de la crisis, un mayor apoyo de las estructuras oficiales: no hay que

olvidar que, por vez primera, tenemos un Ministerio de Cultura. Por otro lado,

cuando la autonomía nos permita administrarnos por nuestra propia mano y ser

nosotros mismos, creo que será más factible obtener medios financieros gallegos.

P. L. —La Universidad de Santiago de Compostela ha cubierto una trayectoria con

especial incidencia en la rama de la medicina. ¿Puede usted hablamos de la

Universidad compostelana, del papel que la Universidad debe jugar en la cultura

gallega, de las transformaciones que le parecerían pertinentes y de las

relaciones existentes entre Universidad y Real Academia?

G. S. — Me parece que la Universidad de Santiago, que tiene una historia muy

ilustre, ha vivido durante muchos años de espaldas a la realidad gallega. En la

actualidad ha dado un giro y comienza a preocuparse de dicha realidad para

estudiarla y darla a conocer al alumnado. Dicho de otra manera: la Universidad

compostelana está galleguizándose a ojos vista. Algunos profesores dan sus

clases en gallego los estudiantes lo Hablan en su inmensa mayoría e incluso

muchos se. examinan en gallego. El discurso inaugural de este curso, que

impartió el profesor Constantino García González, fue en gallego sobre el tema

«Galego onte, galego hoxe». Hay, asimismo, una cátedra de lengua y literatura

gallega que dirige el profesor Carballo Calero, y quiero, también, señalar que

se dan cursos de gallego en institutos, asociaciones cultúralos y periódicos. En

cuanto a la relación de la Universidad con la Academia (entre paréntesis, ésta

última acaba de pedir que la televisión regional dedique parte de sus espacios a

la enseñanza del gallego), se ha establecido un contacto a través de organismo

que trabaja con gran fruto y que se denomina Instituto da Lingua Galega.

P. L. —Tengo entendido que en la lengua gallega se produce una situación muy

peculiar: creo que fue Otero Pedrayo quien sostuvo la tesis de que el gallego

debe mantener parte de la fonética castellana; pero, por otro lado, el gallego

se acerca en muchos aspectos al portugués. ¿Puede llegarse a una gramática

gallega pura o ésta debería integrarse, en cierto modo en la portuguesa?

G. S.—Puede estar usted seguro de que hay una gramática gallega, estrictamente

gallega. Los puntos de contacto con el portugués son, evidentemente, grandes.

Pero por otro lado, las diferencias no impiden que gallegos y portugueses nos

entendamos, como los portugueses se entienden con los brasileños, a pesar de los

matices entré una y otra lengua. Toda esta problemática, lingüística ha sido

objeto de muchas polémicas pero la realidad de la gramática gallega está ahi y

no puede negarse. Lo que el futuro nos depare no lo sabemos a ciencia cierta;

con todo, hay una perspectiva de cierta aproximación entre el gallego, el

portugués y el brasileño.

P. L. —Para terminar puesto que pertenece usted a la asamblea de parlamentarios

gallegos, quisiéramos preguntarle acerca de la situación del proyecto de

autonomía para Galicia...

G. S.—Por el momento, hemos entregado el proyecto preautonómico, puesto que la

autonomía definitiva deberá ser determinada en la Constitución. Con respecto ni

texto preautonómico hubo unanimidad en la asamblea de parlamentarios gallegos.

Por mi parte, soy optimista: creo que no conseguiremos la totalidad de nuestro

ideal, pero si que daremos un paso adelante en la consolidación de nuestra

identidad como gallegos De todas formas, hay fricciona las tres más importantes

se refieren al tema de la bandera, a las atribuciones que deberá tener la

Asamblea de Galicia y al terna de la cooficialidad. Encuentro lógicas las dos

primeras diferencias pero no entiendo como la cooficialidad del gallego y el

castellano puede constituir un problema.

Entrevista de J. A. UGALDE Fotos de BOUTELIER

 

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