Autor: Filgueira, J. B.. 
   Galicia: A mellor esquina do solar hispánico     
 
 Ya.    23/01/1977.  Página: 13, 15. Páginas: 2. Párrafos: 29. 

GALICIA: (A MELLOR ESQUINA DO SOLAR HISPÁNICO)

Pese a su privilegiada situación, siempre ha estado separada o aislada del resto

de la Península • Los puertos de Vigo y La Coruña ocupan el primero y segundo

lugares por el tonelaje de pesca desembarcada en España • Pero más de la mitad

de la flota pesquera gallega soprepasa la edad del desguace • 176 saltos y

centrales de sólo dos empresas producen la quinta parte de la energía eléctrica

de origen fluvial española • Pese a ello, Galicia no es todavía una "región

industrial" • La repoblación forestal no se produjo a gusto de todos.

Para el mundo medíterráneo y medieval, Galicia fue toda ella un Finisterre, una

final de la Tierra. Situada en el noroeste de la península Ibérica, Galicia es,

a juicio de Castelao, "a mellor esquina do solar hispánico, cabo do mundo

antiguo e avanzada de Europa no mar inmenso da libertade". Y a la vez, una

unidad territorial armónica, de formas y color, perfectamente diferenciada del

resto de España.

Altas, elefánticas o escarpadas montañas la separan del resto de la Península.

Luego toda ella es una galería descendente, hasta volcarse y abrirse al

Atlántico: suavemente en las rías, donde el océano la penetra amorosamente; o

bravamente allí donde sus acantilados y declives montañosos penetran a su vez el

mar, furiosamente batidos por las mismas aguas atlánticas.

Esta apertura atlántica es la que trae la lluvia y la niebla: "Na follateira

pinga (llueve) miudiño... Po lo poente galga a neboira (niebla)", al decir de

Otero Pedrayo. Esta apertura, y su separación del resto de la Península,

configuran también a Galicia en tres amplias zonas climáticas: la litoral del

NO. y N., de abundante humedad y temperaturas frescas; la del interior con

querencía continental, con frios inviernos y acusados veranos; y la meridional,

más cálida, que bien podría considerarse mediterránea sino fuera porque también,

al igual que las anteriores, goza de abundantes y bien repartidas lluvias.

La repoblación forestal no se produjo a gusto de todos.

Galicia estuvo siempre poblada de denso bosque. De ese "bosque animado",

maravilloso, de W. Fernández Flórez, en el que el roble, por su fuerza,

abundancia y corpulencia (el de tantas famosas "carballeiras"), era dueño y

señor.

Este "bosque animado" se conservó totalmente hasta bien entrada la Edad Moderna.

Pero el suelo gallego es de poca miga y carece de cal. Y con el tiempo, a medida

que mejoraban las relaciones comerciales con otras regiones, se fue

reconstruyendo el bosque, pero no con las especies primitivas, sino con otras de

más rápido crecimiento, como los pinos y actualmente también eucaliptos. Y de

este modo, el pino, antes cenicienta del bosque gallego, ha pasado con categoría

principesca a ocupar los mejores pagos de la región. En 1973 el pinar dio en el

conjunto regional 1,19 millones de metros cúbicos de madera; el eucalipto,

197.000; el robledal, 55.000, y nada más 20.000 el castañar. La corta total de

éstas y las demás especies proporciona la mitad de los estéreos conseguidos en

toda España.

Pero tan masiva repoblación forestal no se produjo a gusto de todos. Sólo en la

provincia de Orense hubo trescientos incendios montaraces en 1974, que

destruyeron 12.000 hectáreas de monte; las de 1975 han sido superiores en un 70

por 100, representando el 60 por 100 millares de cabezas a un millón, y las

piaras de cerdos, de 323 millares a 1,12 millones de cabezas.

En cuanto a la agricultura regional, ésta continúa subordinada sobre todo a la

ganadería. En 1973 se dedicaron 343.000 hectáreas a la producción de forrajes.

El maíz ocupaba el segundo lugar en extensión, con 179.000 hectáreas, y tras él

se situaban las patatas, con 112.000 hectáreas, y las alubias, con 96.000.

El minifundio es la característica del terrazgo gallego, aun con la inclusión de

los espacios sometidos a estivadas y de los restantes montes. Tal minifundio,

gravado en gran parte con rentas y aparcerías, es en conjunto poco provechoso:

en 1973, el campo gallego ocupaba casi la mitad de toda la población activa de

la región—el 48,5 por 100— y sólo aportaba el 14,7 por 100 a la producción total

de la misma.

Galicia no es todavía una región industrial.

Tres de los cinco lados del pentágono gallego son costeros. El litoral suma

1.195 kilómetros de longitud, sin estimar el de las islas. El aprovechamiento de

los recursos del mar condiciona la actividad de las rías.

En las rías hay mezcla de aguas dulces y saladas y abundante plancton. En 1941

se empieza a aprovechar esta circunstancia montando en la de Arosa el primer

vivero de mejillones. La región viene a producir actualmente unas doscientas mil

toneladas de mejillón, es decir, el 96 por 100 de la producción española y cerca

de la mitad de la mundial. Por otra parte, la región reúne el 50 por 100 de la

flota a larga distancia del país; dos de sus puertos, los de Vigo y La Coruña,

ocupan el primero y segundo lugares por el tonelaje de pesca desembarcada en

España. Esta dedicación a la explotación de los recursos marinos no está exenta

de problemas: más de la mitad de la flota pesquera gallega sobrepasa ya la edad

del desguace.

Además, en los viveros de mejillón, que ocupan temporalmente 20.000

trabajadores, éstos se ven obligados a buscar otra actividad complementaria. Y

entre las empresas que tienen embarcación de propulsión mecánica, el 80 por 100

cuentan con diez empleados como máximo.

Galicia cuenta, por otra parte, con un buen potencial eléctrico, derivado de la

abundante precipitación y el buen caudal de sus ríos. Dos grandes empresas,

Saltos del Sil y Fuerzas Eléctricas del Noroeste, han levantado numerosas

presas, cuyos 176 saltos y centrales proporcionaron en 1973 la quinta parte de

la energía eléctrica de origen fluvial de que dispone el país.

A pesar de esto, no puede decirse que Galicia sea región industrial. La clásica

dejadez de la creatividad fabril en manos forasteras, la misma estructura

minifundista y forera de la explotación agraria y la escasez de recursos mineros

propios —lignitos, estaño, algo de hierro—han frenado la industrialización. Y

junto a esto, la milenaria incomunicación con el resto del país.

La tradicional y penosa emigración gallega afecta más a los términos municipales

del interior, más montañosos o exclusivamente agrarios. En el litoral se hallan

las populosas ciudades, centros importantes de servicios y, a la vez, con

importante actividad fabril, recursos pesqueros y mejores posibilidades

agrarias.

De este modo, la densidad de población decrece en general desde ese litoral

hacia el borde montañoso oriental. Si en tiempos lejanos fue Galicia región de

tendencia demográfica centrípeta, ya hace años que la tiene centrífuga. Hay

emigrantes que vuelven a su región después de "hacer la América" o de trabajar

algún tiempo en lugares fabriles de Europa, Pero la mayor parte de la emigración

ha resultado

definitiva. No pocos gallegos dejaron en la Edad Media su aldea para quedarse

repoblando los lugares de la Meseta que la Reconquista cristiana iba ganando.

También muchos se quedaron en América en el siglo pasado y primeros decenios del

actual. Sumando el crecimiento natural de los distintos períodos intercensales a

la población real registrada, el principio de cada uno resulta para el período

1901-1970 un saldo total de 857.954 emigrantes sin retorno...

Han faltado, y todavía faltan en la región, horizontes de trabajo.

Introducción a la historia de Galicia

Si dejamos ahora este camíno geográfico—trazado por el profesor Cabo Alonso—

de la región para asomarnos un poco a su historia, siguiendo siempre

el hilo que nos ofrece el libro "Galicia", editado por la Fundación Juan

March y la editorial Noguer al alimón, comprobamos que la tierra gallega—a

juicio de Filgueira Valverde—, tan rica en hechos y testimonios históricos

como en enigmas, nos presenta a lo largo de los siglos la mudable unidad que

nos ofrecen sus horizontes, cambiantes ante el contemplador a cada hora y en

cada sazón, nunca Igualas a sí mismos, pero con unos elementos

permanentes como la roca que sustenta y configura sus paisajes. Misterio y

contradicción, a lo largo de los tiempos. Insularismo y receptividad.

País con sino diseminador, minimizador: desde el oro, que se presenta en

finísimas arenillas en los ríos, hasta la población, que se difunde en

miles de millares de pequeños núcleos, y la propiedad, que se fragmenta en

minúsculas parcelas.

Tierra difusora no sólo de formas o de instrumentos, sino de hombres. Pero

también en este aspecto, paradójicamente, porque en los siglos XVI al XVIII

gobernó en el mundo hispánico, que es decir el mundo, con sus virreyes, sus

oidores, sus prelados y sus justicias, y en cambio fue gobernada por forasteros.

En momentos clave, señalados agudamente por Montero Díaz, Galicia tuvo fuerza

decisoria sobre los destinos de España: en la incorporación al ecumen por las

navegaciones atlánticas; al provocar la más trascendental de las herejías

hispánicas, el priscilianismo; en la temprana conversión de los suevos, que abre

camino a la actitud de Recaredo, cuando rechaza a los árabes; cuando Gelmírez

crea la marina medieval, predica cruzada y decide la suerte de Alfonso VII como

futuro emperador; cuando los irmandiños, al derrocar los castillos, terminan la

época feudal y abren camino a una nueva concepción del Estado; cuando El Ferrol

sirve de escenario al poder naval resurgido, cuando en seis meses se deshace de

la invasión francesa; en la guerra civil.

Pero no hay que olvidar que para comprender la historia y la psicología de

Galicia es necesario conocer también las etapas en que fue menospreciada, en que

se hizo casi general, como en el XVII, moda literaria.

GALICIA: ´´A mellor esquino do solar hispánico"

Muchos incendios forestales son provocados, al parecer, por quienes ven reducido

el pastizal de sus ganados la burla de lo gallego, en coincidencia con un

desangre total de las fuerzas gallegas en las levas por la guerra y en la

miseria y las pestes periódicas que obligan a la emigración o al más duro

trabajo. Es una historia de desengaños, que dio pie a no pocos engaños, porque

la respuesta se planteó preferentemente en el terreno de la erudición, que

respondió con sus apologías al "rudo encono".

Por otra parte, si las mujeres de esta región guerrearon aquí siempre como los

hombres y trabajaron y trabajan como ellos; si aqui se desarrolló la cantiga de

amigo, es porque este fue, un tiempo, pueblo de matriarcado. También por muchos

conceptos, en la relación de sus hijos con el pasado, más que una patria, ha

sido una "matria": quizás este concepto de Sánchez Cantón y Castelao sea clave

para el conocimiento del hombre gallego y de su historia.

Literatura y arte gallegos

Al introducirnos ahora en la literatura gallega comprobamos, de la mano del

profesor Vareta, la anomalía peculiar de esta literatura, que, al aparecer de

modo muy temprano y con creaciones maduras, se sumerge en un silencio de siglos

para reaparecer al calor de las restauraciones regionales empujadas en toda

Europa por el romanticismo y experimenta en el siglo presente un renacimiento,

también discontinuo y brillante, al amparo que brinda la coyuntura ambiente. El

cultivo de la lengua del pueblo y sus sucesivas reivindicaciones no es obra del

pueblo, como es obvio, sino de minorías cultas, apasionadas con el ideal de

mostrar al pueblo el tesoro de su propia lengua, la legitimidad de su uso y sus

posibilidades expresivas en el campo artístico y cultural.

Tanto los hombres del siglo pasado como los del presente, que se comprometieron

en esta obra de restauración y cultivo de la lengua vernácula, iban de la ciudad

al campo, procedían de la Universidad, el seminario o la escuela normal, y no

consiguieron, en el orden de la acción social, sino un menguado reconocimiento

popular. Individualidades egregias aparte Rosalia, Pondal, Curros Enriquez,

Ramón Cabanillas, Castelao, Otero Pedrayo, Risco...—, no parece adecuado hablar

de ensayo, novela o teatro gallego como géneros con arraigo o discurso: hay que

reconocer, sin embargo, la seriedad de propósitos y los ¡ogros del Seminario

d´Estudos Galegos, del Instituto P. Sarmiento de Estudios Gallegos y de Galaxia.

Pero si hemos de referirnos a una obra gallega con dimensión y ambición

universales, hay que recurrir a novela o teatro escritos por gallegos en

castellano, trátese de "Los pazos do Ulloa", "Divinas palabras", "El bosque

animado", "La puerta de paja" o "Los gozos y las sombras".

En cuanto al arte de esta región, según Charnoso Lamas, no podrá negarso

realidad a la expresíon "Arte gallego", pero tambien se ha de reconocer cuanto

muestran los hechos nacidos del fenómeno artístico sobre el poder de captación,

el cual fija una dimensión extrarregional.

Las invasiones celtas dejaron un sedimento de originalidad y de especiales

matices en el carácter de los primitivos habitantes de la región. Igualmente su

cultura, que hoy nos muestran las excavaciones de los rastros: su arte, patente

en las deslumbrantes colecciones de joyas en oro, cuyas piezas plenas de armonia

decorativa contribuyen a concretar es» Impronta indestructible y medular de la

raza, Impronta que llegó a adquirir tan sólida posición histórica que subsistió

durante la romanización y se impuso mas tarde a los invasores germánicos.

Aquella misma atmósfera comunal que dio forma y carácter a la personalidad

forjada en el castrense reducto de los rastros, fue la misma que dio vida y

explica el sorprendente dualismo de la supervivencia romana y de la áspera.,

pero acomodaticia dominación suévica; y fue la misma que recibió el soplo

espiritual del cristianismo encontrando en el sobrio trazado de la Cruz el

símbolo de una nueva visión del mundo.

Pasado el terror del año 1000 y los trágicos sucesos que asolaron a Galicia,

tales como las Incursiones normandas hasta su mismo corazón, la razia de

Almanzor, las sublevaciones de1 conde Oveco, incendios, matanzas, que como hitos

catastróficos sacrificaron la Galicia de los últimos años del siglo X, habría de

renacer con el fortalecimiento del poder real, en el siglo XII, el esplendor de

Compostela y el florecimiento del románico, que ilumina todas las tierras de

Galicia en un anhelo creacional. La pervivencia del Románico, incorporando los

primeros pasos del Gótico en el llamado estilo de transición o pregótico. La

agitación social y el confinamiento del Arte Gótico en las fundaciones de las

Ordenes Mendicantes. El triunfo del Renacimiento, merced a la acción de los

mecenas. El clasicismo vacilante y marienista y, por fin, la esplendidez del

Barroco, cuya apoteosis alcanza en Compostela y conmueve a toda la región, del

mismo modo que ocurriera con el Arte Románico, los dos estilos que más se

compenetraron con la sensibilidad estética de la región. El Neoclasicismo,

cortando la marcha triunfal de Barroco por la imposición absolutista de la

Academia. La débil llamada del Romanticismo, tan declamatorio y enfático, que no

tuvo asentamiento, pues el carácter gallego repudió siempre lo histórico e

imitativo. El Modernismo, que asumido en un eclecticismo foráneo fue adoptado

con franca templanza.

Y llegando ya al arte de hoy, el mismo autor reconoce la existencia de una

prometedora estructura ideológica, para concluir apreciendo en Galicia su clara

estirpe aria desarrollada en un medio atlántico y occidental, que modela la

entraña de la sensibilidad artística, dominante a lo largo de la historia de la

región gallega.

J. B. Filgueiro

23-1-1977

 

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