Autor: Cavero, José. 
 Las quince españas /2. 
 Galicia     
 
 Arriba.    18/03/1977.  Página: 21-23. Páginas: 3. Párrafos: 75. 

Seguimos estando fuertemente marginados. Prácticamente igual que en el año

setenta

El índice de renta es el más bajo de España

La población gallega no ha dejado de disminuir desde 1950

Los míenos gallegos siguen estando subestimados

Todos los gallegos somos sensibles a la problemático de la región

Yo no pretendo asumir ninguna calidad de líder

El caso gallego es distinto del catalán o del vasco.

Nuestro sometimiento al Poder central ha sido mayor

El gran drama de Calida es que le vivienda rural es expulsiva

HÁSTA no hace mucho tiempo, Valentín Paz Andrade recababa, «por sus propios

méritos», el

—hasta no hace mucho tiempo— denigrante título de >>hombre de la cascara

amarga». Paz Andrade en verdad, tiene la pìe/ bien curtida, una larga historia

tras sí y un conocimiento de su propia región espectacular y apasionado. Dele

usted ocasión y tendrá dificultades en detener el galleguismo de don Valentín,

autor, siete años atrás, de un libro titulado "Galicia marginada´...

—¿Y de entonces acá. a estos siete años de distancia, Galicia ha dejado de estar

marganida o sigue donde estaba?

—Pues yo creo que sigue estando marginada. Muy fuertemente marginada.

Prácticamente igual que en el setenta. Porque, claro, si bien es verdad que ha

experimentado, como muchas otras regiones, un progreso urbano notable, sin

embargo, el progreso social y económico no ha aumentado. Vamos, no ha aumentado

en dosis suficientes para cambiar el signo deprimido de la economía y de la

sociedad gallegas. Economía y sociedad que siguen sufriendo, por ejemplo, un

índice de renta que es el más bajo de España. Por lo menos en dos provincias. A

las otras no se ha llegado, aún siendo las más florecientes, a la media

nacional. Y siguen deprimidas en cuanto a las grandes inversiones. Siguen

marginadas de estas inversiones, ya sean públicas o privadas. Y esto trae como

consecuencia la cronicidad del desempleo y una fuerte emigración que viene

sosteniendo todavía unos índices muy elevados. Por lo tanto, y mientras no se

invierta este signo, y mientras la economía no deje de ser una economía de

evasión, de escape de las materias primas, de la energía eléctrica, del hombre,

del capital..., mientras la economía no sea de mayor concentración y atención

sobre el territorio, de mayor profundidad en cuanto a la solución de los

problemas sociales, y mientras no consiga retener a la población en condiciones

para emigrar no podremos estar satisfechos. De otra parte estamos registrando

una baja en los índices de natalidad y un relativo aumento de la mortalidad en

relación con el resto de España. Es decir, que la mortalidad no se ha reducido

en la misma proporción que se ha ido reduciendo, merced al avance sanitario y

médico, como en otras regiones. El problema, en suma, es para nosotros

inquietante. Porque en dos censos, en los dos últimos censos, la población

gallega, que había crecido con bastante brío hasta 1950, desde esta fecha ha

comenzado a disminuir. Y esa baja se reflejó ya en el censo del sesenta y se ha

reflejado mucho más en el del setenta. Y amenaza con adquirir una curva que

signifique la pérdida de ciento setenta o ciento ochenta mil habitantes en el

próximo censo de 1980.

Emigración

—Galicia sigue exportando gallegos...

—Claro. Galicia sigue emigrando. Pero no es solamente que el problema lo plantee

la emigración, sino que, como la población ha envejecido, afecta a los índices

de natalidad y de mortalidad, y, por lo tanto, hay un problema de despoblación

que es necesario contener. Porque, además, es un problema que no se da en casi

ninguna otra región de España. Cuando, además, esta región, a pesar de la

emigración, a partir del año 1900, fue aumentando siempre. Y los índices de

emigración seguían siendo altos. De manera que, para mí, el problema demográfico

tiene una agudización especial. Una agudización típica, anormal..

—¿La razón de este desamparo del gallego es la lejanía de la región con respecto

al centro, al lugar donde se tornan las decisiones...? ¿Es consecuencia todo

ello de que no se hace oír aquí, en Madrid?

—Bueno, el problema es muy complejo. Galicia ha sufrido unos traumas por parte

del Estado de carácter histórico. Prácticamente los viene sufriendo desde el

tiempo de los Reyes Católicos. Galicia fue una región rebelde y desafortunada en

tiempos en que el Estado español comenzaba a caracterizarse por una acción

centrípeta y por una acción centralizadora de todo su poder en un centro

extrarregional que era Madrid.

—¿Galicia dejó ya de ser rebelde? —No es que haya dejado ni que siga siendo

rebelde. Por lo menos, si esa rebeldía se ha de traducir en una acción armada...

Lo que sí ha pasado es que ha tenido que traducir aquella rebeldía en evasión.

Hay una caricatura muy famosa de nuestro gran artista Castelao, que es una

muchedumbre ante un barco con destino a America, y un pie que dice; «Os galegos

non pidem. Emigran.» Claro. Esta caricatura representa el estado psicológico del

país, que ha llegado a considerar la lucha inútil y que busca otros campos para

defenderse. Yo, con esto, quiero referirme a la profundidad del caso de Galicia

en el aspecto humano y socíológico. No es que estas ideas me sirvan a mí ni a

ningún otro gallego para gobernarnos en absoluto y determinar nuestra proyección

política. Pero sí son antecedentes que explican un poco el estado de cosas a que

hoy se ha llegado.

El galleguismo

—¿Toda esta serie de infracondiciones históricas, económicamente, están haciendo

también de Galicia a un pueblo rebelde políticamente, difícil, a un pueblo

incluso extremado?

—Bueno, yo no digo extremado.. Pero es indudable que estas ideas han calado en

la opinión, cuando realmente no había otras ideas en circulación. Es decir, que

muchos gallegos, o bastantes gallegos, venimos difundiendo más o menos estas

teorías de nuestra tierra, sobre la situación o la suerte O la desgracia de

nuestra tierra, desde hace bastantes años. Y todo eso, en unos años en que otro

tipo de ideas circulaban poco o no circulaban por el país, ha hecho su surco,

¿no?. Y hoy, la juventud viene a la vida, sobre todo a la vida política,

alimentada principalmente por esta clase de móviles mentales.

—La gran mayoría de los gallegos, ¿qué ideología cree usted que profesa?

—El resto de los gallegos..., en fin, todos son sensibles a esta causa. En

general, claro. Los hay indiferentes. Pero la gran mayoría yo la considero

sensible a esta causa. Y claro, además, esta causa tiene hoy un momento de

exaltación, porque coincide con un cambio histórico. Todo el mundo está

esperando este cambio. Todos estamos en esta gran expectativa que se va a

plantear aquí dentro de muy pocos meses. O que se ha planteado ya y que se va a

resolver por lo menos dentro de muy pocos meses. De modo que esta gente, la

gente gallega, supongo que respirará por este resorte; que este resorte moverá

las voluntades y las opciones que se tengan que manifestar en una consulta

electoral próxima.

La politización de la cultura

—Pero, en realidad, no se está distinguiendo Galicia por tener unos

partidos fuertes, unos partidos muy caracterizados por la problemática

gallega. ¿no cree?

—Bueno, lo que pasa es que. , realmente, todos los partidos gallegos El aceptan

la problemática gallega para nutrir sus programas. ¿Comprende? Hay algunos que

llevan sus postulados a la autodeterminación del país. Y hay otros que parten

del Estatuto del treinta y seis, que fue plebiscitado popularmente y que lo

consideran como un primer paso, como un programa mínimo para obtener sin

perjuicio de que se reforme, de que se actualice y se encuadre dentro de la

estructura del Estado español que haya de salir de las Cortes constitucionales.

Pero, en general, todos los partidos, en este punto, son autonomistas. Y

algunos, pues, qué sé yo, es posible que se excedan aun en estos puntos de

vistas vamos, que los superen. Pero el sentimiento general que yo vengo

observando incluso en manifestaciones que no son de tipo político, que la gente

gallega viene respondiendo a esto. Me refiero a manifestaciones incluso

interpretadas en período de plena dominación del franquismo. Por ejemplo, la

muerte de alguna figura que tenía estas significaciones. La manifestación de

duelo que se producía era extraordinaria siempre. El año que fue coronado

Cabanillas como «poeta de la raza» en Padrón, aquello —fue hace ya más de veinte

años— constituyó una manifestación imponente. El entierro de Otero Pedrayo,

mucho más reciente, constituyó obra manifestación extraordinaria. En fui, unos

síntomas que se traducen, que han de interpretarse a través de hechos que no son

políticos en si, pero que tienen una imagen, que dan una imagen, de cómo siente

el país los problemas políticos.

—¿Les faltan a ustedes líderes políticos en Galicia?

—Bueno, el líder político, el líder, tiene que faltar después de un período sin

información. Pero, claro, en la formación del líder, aparte de la valía personal

que ha de tener, que las condiciones que ha de reunir como hombre para ser

líder, incluye mucho el momento, el proceso y las circunstancias, el saber

aprovecharlas con una oportunidad y con una exigencia grandes. Y, claro, yo

espero que esto surja. Tal vez está surgiendo ya...

—Usted mismo, ¿no es el caso de la persona que empieza a surgir como líder

gallego?

—No, yo no... No pretendo asumir ninguna calidad de líder. Yo estoy ahora en la

Comisión negociadora, porque me lo han pedido; en fin... lo acordaron estos

partidos por unanimidad.. Incluso se me llegó a decir que si yo no venía,

Galicia no estaría representada en la Comisión..., y no tuve más remedio que

aceptar.

—También protestó alguno, ¿no?

—No; protestar... Alguien, sí, dijo que no había tomado parte, y que no estaba

de acuerdo con que se figurase en la Comisión. Pero, claro, todo esto es

inevitable.

—Usted, ¿en qué grupo, en qué ideo logia por lo menos, milita?

—Yo, en estos momentos, soy demócrata independiente. No. Yo pertenecí al Partido

Galleguista, al partido fundado por Castelao, por mí y por otros. Pero esto se

ha disuelto durante este período de cuarenta años, Y aunque quedamos muchos

elementos dispersos, que sentimos prácticamente igual y prácticamente militamos

igual, no estamos organizados como partido.

Las autonomías.

—¿A ustedes les parece bien que este tema de las autonomías, de las

nacionalidades, se posponga hasta que haya unos nuevos y auténticos

representantes del país en las nuevas Cortes y que sean ellos quienes lo

discutan y resuelvan?

—Bueno, el mecanismo yo pienso que. si se van a convocar unas Cortes

constituyentes, son ellas quienes habran de pronunciarse sobre este problema. De

modo que no pretendemos, ni lo pretende la Comisión negociadora ni los partidos,

que antes de las elecciones Se vaya a establecer ningún régimen político

administrativo que modifique las estructuras actuales. Ahora bien, hay otro

problema. Y es el de que en tanto sean verdad los resultados que salgan de las

urnas, en tanto España consolidará una posición para el futuro dentro de Europa.

Yo pienso que si las elecciones no fuesen sinceras, si realmente se diese el

caso de que aquí reflotasen otra vez en números y en condiciones de dominar

sobre el resto del país toda la iconografía del franquismo, España estaría en un

trance dificilísimo.

Un país de demócratas

—A usted, durante muchos años, le fue recomendado callar...

—Bueno, yo no quiero hablar de mis persecuciones, pero sí las he tenido bastante

frecuentes y bastante opresivas. Y, por lo tanto, no pude evitar ir a la cárcel,

no pude evitar tener tres o cuatro destierros... En fin.

—Y de repente se ha visto en un país lleno sólo de demócratas...

—Bueno, yo tengo la esperanza de que todos los que no son realmente demócratas

se den cuenta de este problema y dejen que los demás lo sean. Si la mayor parte

del país lo es, o lo quiere ser, lo que hay que hacer es proteger esa expresión

y que salga de las urnas un país auténticamente democrático, auténticamente

liberal y auténticamente justiciero en cuanto a las estructuras fundamentales

del Estado español.

—Suele decirse que a regiones generalmente conservadoras suele corresponder

pueblos igualmente con servadores, por lo general, en ideología política. ¿Es

cierto esto en el caso gallego?

—Yo pienso que es un tópico. Lo que pasa es que nuestro caso, el caso gallego,

comparado con el caso catalán y con el caso vasco, si bien políticamente pueden

ser paralelos y hasta similares, en el fondo son muy distintos. En el fondo, en

el arrastre sociológico de todo este proceso, son muy distintos. Porque Cataluña

y las Vascongadas han sido, a pesar de no tener autonomía, unas reglones mucho

menos sometidas al poder central que la nuestra.

—¿Por qué?

—Pues por una simple razón. Porque ti poder direccional del dinero estaba en

ella Los grandes Bancos estaban en las Vascongadas, y en Cataluña estaban las

grandes industrias. Es decir, que los grandes poderes financieros, y después de

todo, naturalmente, la oligarquía financiera, estaba detrás de todo el régimen.

Eso estaba implantado principalmente en Cataluña, en Vascongadas y en Madrid y,

porque tanto, claro. Cataluña y las Vascongadas no tienen las mismas razones que

Galicia para estar disconformes. Tienen las mismas razones de tipo político y

administrativo, pero no de tipo social.

En Cataluña ni en Vascongadas la gente no emigra. Y la renta es la más alta de

España. Y no hay más que darse una vuelta por el país para darse cuenta de que

ha progresado muchísimo mas en otras partes que en Galicia. De modo que a esta

razón hay que darle la valoración que tiene. Sobre todo para justificar la

posición gallega. Es decir, que Galicia no sólo ha sido oprimida política y

administratívamente, como lo fueron, aunque menos, Cataluña y las Vascongadas,

sino que esa opresión ha tenido unas consecuencias sociológicas muchísimo más

profundas que ninguna otra región de España. Tal vez, Andalucía las haya tenido

también. Pero no tan agudas como Galicia. Usted se dio cuenta de esta idea, ¿no?

Porque es Importante, es importante..., establecer este contraste. La gente

habla muchas veces y compara y hace paralelismos. Y en realidad no existen.

Nosotros tenemos un problema mucho más sencillo. Si hay en el mundo tantos

millones de gallegos, pues en Galicia no hay más que dos millones y pico. Y

nosotros tenemos un millón de gallegos fuera ¡Gran problema! ¡Gran problema!..

Además, pues, claro, Galicia es la reglón más dotada, no sólo pesqueramente,

sino también agrícolamente. No hay región en el mundo, quiero decir en España,

que tenga un clima, que tenga un índice pluviométrico tan regular y tan copioso

como Galicia; que tenga un verdor perenne como lo tiene Galicia... En fin. que

tenga unas condiciones para un desarrollo no sólo Industrial, sino también

agropecuario, mucho más elevado que el que tiene. Pero, claro, todo esto exigía

una política «in situ» de Inversiones, de hacer cambios, de hacer escuelas, de

hacer, sobre todo, casas para la gente. Porque, claro, el gran drama de Galicia

es que la vivienda rural es expulsiva. Nadie puede vivir en las casas

construidas hace cuatrocientos o quinientos años en el siglo veintiuno. Por lo

tanto, un factor, diríamos, de expulsión, es la infracalidad de las casas, de la

casa rural. De este problema se ha hablado mucho, pero nadie ha hecho caso. Se

han hecho programas de desarrollo urbano, pero no de desarrollo rural. Hay, por

ejemplo, aldeas enteras que casi han desaparecido. Quedan viejos, quedan niños.

Y, claro, los niños siempre quedan por poco tiempo. En cuanto tienen dieciséis

años ya se largan para otro lado.

Cambiar estructuras

—¿Qué tipo de régimen que ideológica piensa que debería tener el próximo régimen

capaz de resolver toda esta serie de desventuras gallegas?

—Bueno, yo pienso que eso tendría que ser objeto de una planificación especial,

y que es un problema de modificar muchas estructuras para hacer que la gente

viva y trabaje en su tierra y que tenga ocupación rentable. Pero, claro,

mientras hay esta sangría. El gallego, precisamente, es un pueblo muy ahorrador.

Precisamente porque ha vivido en unas condiciones económicas en que no podía

gastar. Ahora ya esta curva ya no es tan pronunciada en este aspecto. Pero, dé

todas formas, el ahorro es bastante. Pero el ahorro se canaliza a través de

ciento y pico de Bancos, casi todos con sede extrarregional, que funcionan en

Galicia. Y, naturalmente, esos Bancos hacen sus inversiones, invierten ese

ahorro en donde les convenga a su red de negocios bancarios. Ya sabemos que en

España hay un oligopolio bancario donde hay seis, siete u ocho grandes Bancos

que tienen su red de industrias, y que, por desgracia, pues no la tienen en

Galicia..

—¿Cuál cree que es la ideología dominante en Galicia, tal vez, a juzgar por la

implantación de algunos partidos políticos?

—-Pues yo creo que en este momento, la cuerda que mejor responde al sentido

político gallego es la de defender al país. Galicia se plantea el problema de

que ha llegado una coyuntura histórica en que puede salir de este atraso

tradicional y engancharse a una corriente más progresiva, más dinámica, más

conductora, a los ideales que siempre ha tenido de ser un país próspero, de ser

una región plenamente europea en cuanto a su situación social.

—¿Usted se va a presentar a estas próximas elecciones?

—Pues, no pienso decir... No he pensado en el problema. Eso depende de muchas

dificultades, que todavía no he resuelto. Sobre eso no conviene adelantarse...

—¿Ni tampoco ha pensado en adscribirse a ninguno de los partidos existentes?

—No lo sé... Desde el momento en que termine esta misión que estoy haciendo

ahora, lo empezaré a pensar. Y tal vez, después de las elecciones. Antes, no

veo que se clarifique el panorama. Acaso si lo viera más claro, me decidiría...

La Comisión negociadora

—Cree que es de gran utilidad la labor que están haciendo, que han hecho, los

diez miembros de la Comisión negociadora dé la oposición?

—Bueno, a mí me parece que es útil, y que los resultados ya se están viendo.

Este diálogo tenia siete puntos, de los cuales, con el Gobierno, ya se han

tratado algunos que ya han tenido reflejo, como es, por ejemplo, el de los

partidos políticos, y como es el de la amnistía. Si bien no se dictó una nueva

amnistía parece que todo está preparado ya para que los presos que están en las

cárceles salgan, sobre todo los vascongados.

—¿Usted tiene alguna explicación para la presencia numerosa de gallegos en

grupos extremistas, como Grapo?

—Yo tengo muchas dudas aún sobre es asunto, y tengo dudas de que hava tantos

gallegos. Es posible que sí haya algunos. Pero, por ejemplo, de dos de Vigo se

dijo que eran y resultó que no lo eran…

—¿No cree que exista extremismo político en su tierra?

—Yo, la verdad, no lo advierto. Es posible. . Porque, claro, la gente se va de

Galicia y después hará lo que haga ... Pero, allí, no, en Galicia no fe ha

registrado ningún hecho anormal que obligue a suponer que hay allí ese

sedimento, no.

—Pero, por encima de todo, por encima del político, en Paz Andrade hay un primer

espada en materia pesquera. Es una faceta que aún no hemos abordado aquí... ¿Ha

mejorado algo Galicia en este aspecto pesquero?

—Bueno, ese es un sector en que precisamente por lo ejercerse en él ese

monopolio de la Inversión, de la gran Inversión, que se ejerció sobre otro tipo

de negocios, ha progresado en Galicia. En realidad, el fenómeno pesquero viene a

confirmar esta teoría de que hablamos sobre la inversión extrarregional. A

Galicia no se le opuso impedimento alguno para que se lanzara al mar, bien fuese

para emigrar o bien fuese para ir detrás de las merluzas. Y, por lo tanto, e]

gallego fue ahorrando, fue haciendo un barquito, fue uniendo unos ahorros

familiares a otros, fue lanzándose a esta aventura y fue creando una región

pesquera de las más importantes de] mundo. Esto, claro, naturalmente, después,

no de los Bancos, que nunca han querido en este país favorecer el desarrollo

pesquero. Únicamente las Cajas de Ahorro vascongadas han Impulsado la Inversión

en pesca. No los demás Bancos ni las demás Cajas de Ahorros, por lo menos hasta

hace poco. Ahora ya empezaron a conceder algún dinero, algún crédito para nuevos

barcos o para reparación de otros. Pero, bueno, el caso es que el gallego como

tal, como hombre de nervio y hombre de trabajo, pues dio, por decirlo así, el do

de pecho. Llegó a mares a los que no se había llegado nunca. Y realmente, e1

España es hoy la novena o la décima región pesquera del mundo, esa conquista se

debe a Galicia. Y esa conquista confirma lo que hubiera sido esta raza y el

rendimiento que le ha dado esta raza a toda la economía española si fuese

colocada en condiciones de desarrollar todas sus posibilidades. La problemática

actual, pues, se va paliando en lo posible y se ha mejorado un poco la situación

amenazadora que se dibujaba a principios del año pasado, cuando se varió la

Dirección General de Pesca. Hoy, el director general de Pesca es un hombre

competente .

—Gallego..

—Gallego, que ha vivido todos estos problemas al frente de una gran empresa

durante doce o catorce años y que esta realizando un esfuerzo acertado y qué sé

yo, valiente, en este aspecto de mejorar las estructuras y de sacar al país de

esta gran dificultad que le creó esta tendencia a proclamar las doscientas

millas en todos los países que tienen bancos en proximidad explotados por barcos

españoles.

Con esperanza

—¿Diría usted que Galicia contempla esta nueva etapa de la vida española desde

la desconfianza y la desesperanza?

—No. La ve con esperanza, como todos los españoles. Bueno, naturalmente, que en

cuanto a la etapa anterior, pues los juicios no son unánimes, ¿no?, pero en

general, el país se siente ilusionado hacia unos objetivos nuevos, de orden

político y social, que pueda mejorar su suerte, ¿no?

—Galicia tiene una lengua, una bandera propios...

—No podemos olvidar, cuando conjugamos estas ideas sobre Galicia, que tiene no

sólo un idioma como el que tiene Cataluña y Vascongadas, que se habla en el país

y un poco en Francia, sino que con el gallego se puede uno entender con cien

millones de habitantes que tiene el Brasil, con diez más que tendrán Angola y

Mozambique dentro de poco, con los que tienen Guinea-Bissau, las Islas de Cabo

Verde.. , todo el mundo américo-luso, o como quiera usted llamarlo. Todo esto es

muy importante, sobre todo porque como estos países están en período de una

curva histórica ascendente, como es el caso brasileño, España, y, sobre todo,

Galicia, tendrán que tener muchas relaciones con estos países. La manera de

penetrar en ese mundo es conservando el idioma gallego.

—El bilingüismo, la cooficialidad del gallego es otra reivindicación gallega.

—Sí, naturalmente, solicitamos la cooficialidad del gallego con el castellano

dentro de Galicia. Un concejal que no sabe hablar más que gallego habrá que

dejarte, claro...

—¿Galicia es la gran desconocida del resto del país español?

—Bueno, ahora ya no es tanto: pero todavía.

—¿ Tiene algún problema la bandera gallega?

—No, no es problema en Galicia. Siempre se usó la bandera gallega, y durante los

cuarenta años de Franco sí hubo una época en que no se dieron facilidades para

exhibirla, pero después se ha exhibido siempre sin problemas.

José CAVERO

Fotos: Romero Caricatura: C. Vigueras

Viernes 18 marzo 1977

AnflM 23

 

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