Dividirá Galicia en dos. 
 Los campesinos, contra Autopistas del Atlántico     
 
 Diario 16.    17/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Dividirá Galicia en dos

Los campesinos, contra Autopistas del Atlántico

MADRID. 17 (D16). — En agosto de este año debería habilitarse, según los planes,

el primer tramo de 30 kilómetros, entre Pontevedra y Vigo, de la autopista que

hacia 1982 habrá partido en dos a Galicia. Pero las obras llevan atraso y tal

vez no pueda cumplirse el plazo, debido a la resistencia que siguen oponiendo

los vecinos afectados por expropiaciones forzosas.

Un millar de pobladores del Ayuntamiento de Vilaboa, provincia de Pontevedra,

firma el memorial presentado la semana pasada ante distintos ministerios. De

paso por Madrid, una delegación de vecinos estuvo en D16 exponiendo sus

reclamaciones, mil veces desoídas por las autoridades.

"Galicia no necesita autopistas, sino una red de carreteras que enlace sus

comunidades dispersas", dicen los gallegos. Sus tierras, a pocos kilómetros de

Pontevedra, valían hasta no hace mucho mil pesetas por metro. Autopistas del

Atlántico, concesionaria del Estado, pretende pagar por ellas sólo trescientas

pesetas. Y ello sólo al cabo de prisiones, protestas y amagos de violencia. De

todos modos no habrá otro comprador para esas tierras condenadas,

Pasar por el tubo

No es un mayor precio, sin embargo, lo que reclaman los indignados labradores.

Sus aldeas han quedado truncadas, unas casas aisladas de otras, algunas

enterradas en un foso formado por e! hormigón que se eleva. Para llegar de las

casas a las parcelas, a veces es necesario atravesar una franja que pronto será

intransitable. Llegar hasta la carretera general supone circular por un tubo,

estrecho, que a pocos días de instalado ya presentaba fisuras e inundaciones.

Los taludes levantados por la constructora bloquean y anegan las tierras de

cultivo. El sistema de distribución de las aguas, diseñado y construido con los

años, ha quedado destruido. Muchas casas, conmovidas por la vibración de las

explosiones, se han agrietado y amenazan derrumbarse.

Autopistas del Atlántico no tiene rostro, dicen los vecinos. Nadie se hace

responsable por los destrozos, nadie recibe las quejas. Con las autoridades, las

cosas no andan mejor: los alcaldes dicen no conocer el anteproyecto de la

autopista y nada opinan sobre la sensatez de su trazado. Si los campesinos

organizan reuniones de información, son prohibidas sin más vueltas. Otras veces,

la fuerza pública es llamada en auxilio de ios expropiadores, y carga sobre los

gallegos que defienden su tierra.

No todo está perdido —esperan los miembros de la delegación—, aún es posible que

las obras se detengan, que se reestructure el trazado de acuerdo a Lis

conveniencias de Galicia y no según el ciego interés de los señores del peaje.

Quizá, esta vez, pueda evitarse el follón que a muchos les parece el único

camino para obtener respuesta

 

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