Autor: García Figueras, Tomás. 
   Franco y la doctrina colonial española     
 
   01/10/1963.  Páginas: 3. Párrafos: 14. 

FRANCO Y LA DOCTRINA COLONIAL ESPAÑOLA

La decisión del Gobierno español de conceder a las provincias del Golfo de Guinea una amplia autonomía

administrativa ha tenido un eco favorable y admirativo en todos aquellos que, limpios de prejuicios o de

pasiones, miran la evolución africana con sincero deseo de una culminación favorable.

Seria injusto olvidar que esa autonomía llega como consecuencia de una labor continuada al servicio de la

evolución de los nativos, que desde el primer momento—ya hace más de un siglo—siguió el rumbo claro

y justo de la buena doctrina colonial española.

No podía entonces preverse ni remotamente el despertar de África, acelerado por una serie de hechos y

circunstancias—entre días las dos guerras mundiales—que han surgido sin posibilidad de que pudieran

jugar como factores en la tarea de sondear en un mañana de ayer que es hoy realidad tangible.

No puede por ello atribuirse esta decisión del Gobierno español a ninguna razón de oportunismo ni de

interés político.

Por el contrario, hay que considerarla como una manifestación más de la doctrina colonial de España, que

si atacada por humana, cristiana y generosa por la leyenda negra, se manifiesta hoy como única que puede

tener vigencia en las relaciones con los pueblos a cuya evolución se ayuda.

Una confirmación clara de cuanto decimos es la obra de España en su protectorado Marroquí, y

especialmente en el periodo 1936 a 1956.

Pertenece ya a la Historia, y, sin embargo, no se han deducido de ella todos los méritos que corresponden

a la visión justa y certera de nuestro Caudillo.

La República española (19311936) significó para España un período completamente vacío respecto a

nuestra acción protectora en Marruecos: ni orientación, ni programa, ni continuidad.

Frente a ello el Glorioso Alzamiento Nacional comenzó su obra de modo firme y seguro al servicio de

una orientación que era tradicional en España: estimular y favorecer por todos los medios la evolución del

pueblo marroquí, lo que significaba tanto como acortar el tiempo preciso para que Marruecos recobrara su

plena soberanía al desaparecer los motivos que hicieron necesario el protectorado.

Vale la pena estudiar a fondo aquella labor de 1936 a 1958, con períodos como el de 19361939, en el que

la fraternidad de los pueblos se hace una realidad viva y emocionada; los de la evolución de la cultura, de

la economía, de la organización administrativa, de la preparación de los marroquíes.

En 1951 ya los avances en los distintos aspectos eran tan evidentes y positivos que pudo entrarse en una

etapa nueva y decisiva: la de colocar la obra de España en Marruecos bajo el signo de lo social.

Toda la acción quedó entonces coordinada en el sentido de que cuanto se hiciera tenía que tener una

finalidad positiva, la de elevar el nivel de vida del marroquí. La acción social que hasta entonces había

sido ampliamente atendida: Sanidad, Beneficencia, Protección de menores, Vejez, Acción correccional,

Penitenciaría, Urbanismo, Municipalidades, Juntas rurales, etc., se vio entonces ampliada por la acción

económica social, por la mejora del medio rural, culminando en las Juntas de fracción. A través de todo

ello se preparaba a los marroquíes para gobernarse por si mismos.

Significaba esto, aparte de la continuidad de nuestra doctrina generosa y humana, la visión clara por parte

del Caudillo de las rutas que seguían los movimientos humanos en los países de colonización.

No faltaban quienes veían—visión miope—un peligro en esta formación acelerada de los marroquíes,

quienes—ceguera inexplicable—olvidaron que el protectorado es un régimen provisional que debía durar

lo menos posible, y hasta en los últimos tiempos quienes—horizontes menguados—creían que la solución

era apoyar a su sultán prefabricado y sin calor popular frente a un sultán legitimo y amado que encarnaba

los anhelos de su pueblo.

El Caudillo siguió firme su ruta clara y precisa y reconoció la independencia de Marruecos el 7 de abril de

1956.

Esta política clarividente y trascendental del Caudillo adquiere hoy su relieve justo cuando se analiza el

proceso de descolonización en las demás potencias que tenían territorios en Africa.

En este día es justo recordarla para mayor gloria de España y honor de nuestro amado Caudillo,

Generalísimo Franco.

T. G. P.

 

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