Autor: Baró Quesada, José. 
 Vida Política. Ayer, ante la tumba de Franco. 
 Misa de los combatientes, con asistencia de Doña Carmen Polo, en el Valle de los Caídos     
 
 ABC.    21/03/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

AYER, ANTE LA TUMBA DE FRANCO

MISA DE LOS COMBATIENTES, CON ASISTENCIA DE DOÑA CARMEN POLO, EN EL VALLE

DE LOS CAIDOS

Valle de los Caídos. 20. (De nuestro enviado especial.) Hoy, al cumplirse el cuarto mes del fallecimiento

de Su Excelencia el Jefe del Estado, Generalísimo Franco, la II Asamblea de la Confederación Nacional

de Combatientes, que se reúne en Madrid, rindió piadoso homenaje en este monumental recinto religioso

a la memoria del Caudillo y en sufragio también de cuantos aquí reposan.

Asistieron, además de los miembros de dicha Asamblea, numerosas personas de uno y otro sexo, que se

congregaron en el interior y el exterior de la Basílica de la Santa Cruz. A las doce y media habían visitado

la tumba de Franco doscientos italianos, que depositaron una corona y oyeron una misa celebrada por el

padre Venancio Marcos.

«¡FRANCO, FRANCO, FRANCO!»—Pocos minutos antes de la una de la tarde esperaban en la

escalinata a doña Carmen Polo y MartínezValdés, viuda del Generalísimo y titular del Señorío de Meirás,

la Mesa de la Confederación y los presidentes de las Hermandades, con sus esposas. Se hallaban, así

mismo, presentes el presidente del Consejo de Estado y ex ministro, don Antonio María de Oriol: los

también ex ministros don Raimundo FernándezCuesta, almirante Nieto Antúnez. don Gonzalo Fernández

de la Mora, don Enrique García Ramal y don Julio Rodríguez Martínez, el coronel Sánchez Alcaide, don

Policarpo Mestres, las primeras autoridades provinciales y municipales madrileñas y antiguos

componentes de las Casas Civil y Militar del Caudillo.

Con doña Carmen, a quien acompañaba en el automóvil la señora de Girón, llegaron en la comitiva el jefe

de la Casa Real, general marqués de Mondéjar; el de la Secretaría del Rey, general marqués de Santa

Cruz de Rivadulla; el intendente general de Su Majestad, general Fuertes de Villavicencio; el secretarlo

general de esta Intendencia, don Ricardo Catoira. El público aplaudió a doña Carmen Polo y gritó muchas

veces: «¡Franco, Franco, Franco!»

CORONAS DE FLORES.—Precedida de los combatientes, que llevaban los guiones de las Hermandades

y del Movimiento Nacional y un banderín con los colores de España, escoltada por hombres con boinas

rojas de los viejos tercios del Requeté, y otros con camisas azulee, de las viejas banderas de Falange, y

también por jefes militares de la Cruzada de Liberación, penetró doña Carmen en el sagrado recinto, a

cuya puerta la cumplimentó el capellán benedictino de la basílica.

Don José Antonio Girón, el teniente general Iniesta, don Juan García Carrés y otras personalidades

recibieron a la ilustre dama cerca de la sepultura de José Antonio Primo de Rivera. En esa sepultura fue

depositada una corona por caballeros laureados, caballeros en posesión de la medalla militar individual y

el propio señor Girón.

MOMENTOS DE EMOCION. — Dichos caballeros colocaron luego otra corona sobre la sencilla lápida

que entre la fosa del Generalísimo y que aparecía cubierta, como todos los días, con innumerables flores.

Había cintas de coronas con los colores nacionales y con loa colores de banderas extranjeras.

Doña Carmen se detuvo ante el sepulcro de su espose. Fueron unos momentos de gran emoción. La viuda

del Caudillo y la señora de Girón se situaron, muy próximas a la sepultura de Franco, ante unos

reclinatorios. Junto a ellas, de guardia, cuatro combatientes con distintos guiones.

Ofició una misa rezada el obispo de Metre (Brasil), monseñor Amadeo González, religioso mercedario,

capellán de la Confederación Nacional de Combatientes. Su homilía tuvo patrióticos acentos. Exaltó la

figura humana y españolísima del Caudillo, su ferviente catolicismo, su inmenso amor a España... y glosó

su último mensaje, en el que se despedía conmovedoramente, con un abrazo, de todos los españoles.

Doña Carmen, después de comulgar, estuvo muy largo rato orando de rodillas y con la cabeza inclinada.

Al abandonar la basílica, cerca ya de las dos de la tarde, recibió nuevos aplausos y estrechó las manos de

gran cantidad de personas que se acercaron a saludarla. El doctor Vicente Gil, médico de cabecera del

Caudillo, hombre fidelísimo a Franco; acompañó hasta el coche a la señora de Meirás

Ya se había alejado la comitiva hacia Madrid cuando un grupo de combatientes entonó una canción de las

trincheras. Todo transcurrió en orden, con alto sentido cívico y con una incontenible emoción en el

recuerdo, de Francisco Franco. — José BARO QUESADA.

MISA EN CUENCA

Cuenca, 20. (Cifra.) «Si este tipo de poder personal logró tantos decenios de identificación con su pueblo

fue por dos razones: porque era un poder que quería subordinarse a la ley de Dios y porque, además,

había logrado la confianza de su pueblo», dijo el obispo de Cuenca, monseñor Guerra Campos, en la

homilía que pronunció durante la misa celebrada en la Iglesia parroquial de San Esteban por el eterno

descanso del Caudillo Francisco Franco, a la que asistió su viuda, doña Carmen Polo de Meirás, y

encargada por la lugartenencia provincial de la Guardia de Franco.

 

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