Se celebró en el Consejo Nacional el acto conmemortivo de la fundación de Falange     
 
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Se celebró en el Consejo Nacional el acto conmemorativo de la fundación de Falange

MADRID, 29. (INFORMACIONES.)

Hoy la ausencia del Generalísimo Franco, nuestro Caudillo, en este acto solemne, nos acongoja pero nos

sostiene con fe y con firmeza para proclamar igualmente que respaldamos con admiración, con

entusiasmo, con fe y con lealtad su obra de gran fundador del Régimen y del Estado, que ha hecho posible

una España distinta a aquella empobrecida y enfrentada de los años anteriores al 18 de julio de 1936.»

Estas palabras han sido pronunciadas esta mañana por el ministro secretario y vicepresidente del Consejo

Nacional del Movimiento, señor Solís Ruiz, durante el acto conmemorativo del XLII aniversario de la

fundación de Falange Española. La Comisión Permanente del organismo político decidió ayer, dadas las

circunstancias d e 1 momento, suprimir el discurso que debía ser pronunciado por el consejero nacional y

vicesecretario del Movimiento, don Antonio Chozas Bermúdez.

El acto conmemorativo duró aproximadamente media hora. En el banco azul se encontraban todos los

miembros del Gobierno, con su presidente a la cabeza. El señor Rodríguez de Valcárcel, presidente de las

Cortes, del Consejo del Reino y del Consejo de Regencia se sentaba al lado del señor Arias Navarro.

Ambas personalidades fueron fotografiadas largo rato por un numeroso grupo de reporteros gráficos,

españoles y extranjeros. Todos los miembros del Gabinete vestían camisa blanca, con excepción del señor

Solis, que presidía el acto, y del señor Rodríguez de Miguel, titular de la Vivienda.

El señor Solís siguió diciendo, tras las palabras arriba transcritas, que Franco es un ejemplo excepcional

por «su entrega total, heroica y sacrificada al servicio de España». Añadió que es un ejemplo

«difícilmente comparable, y ello nos creará para siempre una moral de conducta, de comportamiento, de

sacrificio y de servicio para proseguir en la tarea permanente de fortalecer la España, Una, Grande, Libre

y Justa de nuestras emociones jóvenes y de nuestra reafirmación presente».

El secretario del Movimiento continuó:

«El Movimiento Nacional, como comunión de los españoles, obra política predilecta del Caudillo e

institucionalmente este Consejo Nacional, no sólo respaldan la obra de Franco, que todos tenemos a la

vista y que nos enorgullece, sino que hemos de continuarla e impulsarla en el futuro, conscientes de que

así servimos a su memoria y al pueblo español.»

Las últimas palabras del breve parlamento fueron éstas:

«Finalmente, interpreto el sentimiento de todos pidiendo fervorosamente a Dios el restablecimiento de

nuestro Jefe nacional, porque es nuestro deseo más íntimo y sincero. Quiero igualmente que mis breves

palabras expresen el aliento y la manifestación de las lealtades más verdaderas a S. A. R. el Príncipe de

España, cuyo emocionado saludo os traigo, quien en su día sucederá en la Jefatura del Estado y del

Movimiento al Caudillo, prosiguiendo su obra y su esfuerzo por la unidad y la convivencia en la paz, en

la solidaridad y en la justicia del pueblo español.»

El señor Solís se despidió diciendo: «Este es un momento donde no deben oírse otras expresiones que

aquellas referidas a la fe, a la lealtad, a la gratitud y a la esperanza. ¡Arriba España! ¡Viva Franco! ¡Viva

el Principe de España!»

La primera parte de la exposición del señor Solís estuvo referida al recuerdo de José Antonio Primo de

Rivera. «José Antonio —dijo— conserva su valor de símbolo intelectual, político y moral de la España

moderna. Lo que dijo del viejo tiempo y lo que predijo para el nuevo son afirmaciones que en gran parte

están vivas. Cuarenta y dos años despuás proclamamos con la solemnidad histórica que la

conmemoración requiere nuestra admiración y nuestra fe en su figura, en sus palabras y en la doctrina que

junto a los principios tradicionalistas seria la gran semilla del Movimiento Nacional, doctrina que nos

corresponde a todos actualizar.»

Al justificar la «sobriedad de este acto», manifestó el señor Solís que los motivos están en la conciencia

de todos. «El país —explicó— vive un clima tenso de expectación y de sentimiento por la enfermedad

que aqueja a nuestro; Jefe nacional, Jefe del Estado y Generalísimo Franco, y nunca el laconismo de

nuestras palabras podría ser más expresivo de lo que acontece en nuestro corazón.»

Concluidas las palabras, los consejeros nacionales y todos los presentes, entre los que figuraban los

miembros del Consejo del Reino, prorrumpieron en aplausos que se prolongaron largo rato. En el

momento de levantarse la sesión una señora no identificada pidió la palabra para pronunciar unas palabras

que fueron rápidamente acalladas.

 

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