Cartas a Ya. 
 Desmitificar a Franco     
 
 Ya.    16/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

16XI76

CARTAS A YA

DESMITIFICAR A FRANCO

Contra la «humanización» del héroe se presta un gran servicio a la, historia

Franco Salgado se atrevió a decir públicamente lo que todos dábamos como «valores entendidos»

Don Manuel Juste Iribarren nos escribe una carta en la que dice que con motivo de la publicación del

libro "Mis conversaciones privadas con Franco", de Franco Salgado-Araujo, en el que hizo la

presentación con la "Carta de un amigo que se fue" el periódico "El Alcázar", en su sección "La ventana

indiscreta", publicaba un artículo titulado "Denigración, no desmitificación", con la firma de don Antonio

Izquierdo.

El señor Juste dirigió una carta al director del diario "El Alcázar", con la esperanza y seguridad de que iba

a ser publicada, pero le fue devuelta por considerar que no era oportuna su publicación. Ante tales

circunstancias nos envía a nosotros esa carta, que publicamos a continuación casi en su totalidad.

Señor director:

Su admirable comentarista don Antonio Izquierdo publica, en "La ventana indiscreta", un artículo titulado

"Denigración, no desmitificación", en el que me atribuye la intención de cooperar al actual proceso

denigratorio de la histórica figura de Francisco Franco. Le quedaré sumamente agradecido si confirma su

fama de lealtad informativa publicando la réplica que le dirijo mediante el presente escrito.

He comprobado en mi modesto diccionario que un "mito" es un "relato de los tiempos fabulosos y

heroicos" y también "una tradición alegórica que tiene por base un hecho real, histórico". A continuación

enriquezco mi facilísima erudición con la noticia de que un filósofo griego del siglo IV a. d. C. sostuvo

que los mitos —y en aquella época debían saberlo mejor que en la actual—no eran sino "el recuerdo

idealizado de los mortales".

Pues bien, tengo que ratificarme en mi opinión de que al Caudillo Franco había que desmitificarlo. No

sólo porque alguien lo haría tarde o temprano, y con muchísima menos veracidad y sinceridad, sino

porque—creo yo—con esta "humanización" del héroe se presta un servicio singular a la historia, al

pueblo y a la consolidación de nuestro futuro político. Así es. Porque definir durante decenios a Franco

como un hombre "irrepetible", ademas" de ser verdad, era una permanente invitación al pesimismo, a la

ruptura y a la desilusión. Era una vaguedad intelectual y un suicidio político. Todo estadista, como todo

artista o todo científico, son irrepetibles. Bueno, ¿y qué? Sin duda él se daba cuenta de ello y por eso puso

todo su empeño en institucionalizar su obra.

Ah, pero sus fidelísimos seguidores son incapaces de continuarla, Incluso perfeccionándola.

LA HIPOCRESÍA DE CUARENTA AÑOS

En gran parte, sus leales se derrumban mentalmente cuando ven la figura de su jefe desmilificada, esto es,

reducida a sus reales proporciones humanas. Personalmente, yo no creo que casi ningún español se haya

visto suspendido por lo que se "revela" en este libro. No hay revelación que valga. Lo que ha sorprendido

a bastantes es que la pluma casi notarial de su confidente se haya atrevido a decir públicamente lo que

todos dábamos como "valores entendidos". Las hipocresías de cuarenta años, que pretendían pasar

desapercibidas en su salto en el vacío hacia él futuro, han quedado al descubierto. Eso es lo que muchos,

muchos, no perdonarán jamás. La gran carcajada nacional.

¿Pero es que alguien quiere explicarme en qué se denigra una figura, que ya pertenece a la Historia,

cuando se desvelan sus gestos y sus palabras con veracidad? No se puede ser tan frívolo ante la verdad:

¿Es que para muchos "incondicionales" el pedestal era mayor que la estatua misma? Yo creo,

sinceramente, que aunque el pedestal se erosione por el conocimiento de la verdad, la figura sigue siendo

de bronce. Lo único que el viento puede arrancarle es la purpurina de la adulación

.

En cuanto al furor que se está vertiendo contra el fiel ayudante y secretario de medio siglo, por su

temeridad en desvelar el quién era quién del régimen, resulta lamentable. Ha sido su poster servicio a la

Patria. Hizo una labor, insisto, más de notario o registrador que de fiscal o juez. Transcribió juicios

subjetivos ajenos Y si alguna vez los suscribió como propios, yo no, pues no me consta su certeza; tan

sólo estoy cierto de la honestidad del opinante, no de su Infalibilidad. Franco Salgado fue legionario y

medalla Militar Individual. Pero habría que darle la Laureada por osar desenmascarar los inevitables—los

archisabidos, pero en secreto—hombres y cosas discutibles de un régimen, que un hombre—hermético a

fuer de solitario—supo utilizar con todas sus deficiencias, para elevar a España, a su pueblo, a su

economía, a su desarrollo hasta cotas inalcanzadas. Cotas tan altas que ahora muchos intentan rebajar

hasta su propia pequeñez.

Porque, como escribió un admirado, amigo, y ahora de nuevo repito, ésta es la hora de los enanos.

 

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