Editoriales. 
 Primer aniversario     
 
 Ya.    20/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

20XI76

Primer aniversario

SE cumple hoy el primer aniversario de la muerte de Francisco Franco y, como decíamos en

nuestro suplemento del pasado domingo, el tiempo va asignándole su puesto exacto en la

historia.

Un puesto de primera magnitud, ¿quién puede dudarlo? Ha muerto el Jefe del Estado,

decíamos hace un año, pero sobre todo el fundador de un Estado y de una era histórica a la

que con toda justicia se ha dado su nombre. Durante cerca de medio siglo su figura ha estado

en el primer plano nacional y su biografía y la historia general de España se han confundido

hasta el extremo de que muchas veces sería imposible separarlas. Ganó una guerra iniciada en

condiciones desesperadas, nos libró de la segunda guerra mundial en circunstancias junto a las

cuales palidece incluso su hazaña anterior, sostuvo impávido el cerco Internacional hasta que

nos reincorporamos al concierto de las naciones y, con los avances logrados durante su

mandato en los dos campos decisivos de la pobreza y del analfabetismo, ha hecho de nuestra

sociedad una sociedad nueva.

ESTA sociedad está mucho mejor preparada que la de hace medio siglo para lograr la

convivencia nacional mediante un sistema que corresponda a lo que dicha sociedad es y exige.

Se trata de la tarea en que está empeñada la Monarquía. Nadie puede dudar de que, si se

hubiera iniciado hace años, en las circunstancias incomparablemente más propicias del

desarrollo económico de los sesenta, la transición habría podido ser mucho más suave y sin los

graves problemas, no sólo políticos, que hoy ensombrecen el porvenir. La demora en dar los

pasos necesarios, su lentitud, las frecuentes detenciones y los retrocesos fueron

equivocaciones que nosotros denunciamos sin tregua, especialmente durante los últimos y

decisivos años del régimen. Pero, al menos, las previsiones de Franco para su sucesión en la

jefatura del Estado fueron acertadas para asegurar la transición en la cúspide sin quebranto.

LA aprobación por las Cortes de la reforma política nos coloca decididamente en la recta final

de la evolución hacia una nueva legalidad. Que en ella no se podrá prescindir de los grandes

principios de orden y unidad que hicieron posible nuestro progreso durante los pasados

decenios, nos parece evidente; pero quienes aspiren a defender eficazmente esos principios

habrán de hacerlo dentro de la nueva legalidad. Lo primero que deben entender cuantos

proclaman su lealtad a Franco es que Franco pertenece ya a la historia; que el franquismo

acabó con él; que cualquier intento de continuarlo pudo tener su hora, pero que esta hora pasó,

y que, lo repetimos, la salvaguarda de los valores que con todo derecho quieren defender no se

puede hacer ya sino en el marco y con los procedimientos de una sociedad pluralista.

EL nombre de Franco está demasiado alto para que pueda convertírsele en bandera política

menor o para que se pretendan exclusivas o explotaciones partidistas. Su memoria pertenece a

todos los españoles: más aún, de él recibieron beneficio en determinados campos hasta sus

más encarnizados oponentes; de todos los cristianos debe brotar espontáneamente en el día

de hoy una oración por su eterno descanso; pero nada sería más torpe, y en el fondo más

opuesto a la dignidad con que se debe celebrar este aniversario, que introducir su recuerdo

como una cuña para separar españoles de españoles y dividir a quienes deben permanecer

unidos en torno al Rey. Son palabras de Franco que las escribió en su testamento político, cara

a la muerte y al momento supremo de rendir cuentas a su Creador.

 

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