Autor: Martín y Alonso-Martínez, José A.. 
   Carta abierta: La otra gran fecha     
 
 ABC.    11/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Carta abierta: La otra gran fecha

Estamos asistiendo a la manipulación de los sentimientos más íntimos de muchos españoles con el

manejo de una fecha histórica: la del 20 de noviembre, cuyo significado inevitable es sólo uno: el fin de

una época.

Y se nos está incitando a una manifestación multitudinaria de marcado carácter político, en donde la

nostalgia de situaciones irrepetibles y el cariño por quien tantos años nos dirigió, pueden mezclarse con

actitudes que me atrevería a calificar de traición para con la ultima voluntad del mismo Francisco Franco,

quien en el último mensaje a su pueblo y casi en los umbrales de la muerte, nos dijo: «Por el amor que

siento por nuestra patria, os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de

España, Don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado».

Cuando Franco en su testamento político no quiso —porque era consciente de que el Rey tendría que

enfrentarse con otro tiempo y otras circunstancias— mencionar expresamente sus propias instituciones y

ni siquiera al Movimiento Nacional, era porque sabía que España necesitaba de una revisión a fondo de

sus estructuras desde la base misma, y quiso dejar sin condicionamientos políticos de ningún tipo a su

sucesor el Rey, la mas sagrada misión que podía legarle, la de encauzar la voluntad y el futuro del pueblo

español.

El Rey así lo entendió y en aquel trascendental día 22 de noviembre de 1975, en el primer mensaje de la

Corona a la nación, mientras los restos mortales de Franco estaban todavía expuestos en el

Palacio Real, ya nos empezaba a anunciar con claridad, energía y valentía sus propósitos: devolver al

pueblo español la soberanía que por circunstancias excepcionales había estado en las manos de un solo

hombre: el que acababa de morir.

El actual Gobierno, cumpliendo con el compromiso de la Corona, está llevando adelante una labor, la de

la reforma política que algunos de buena fe no saben entender y otros de mala fe no les interesa, y que

presentan tendenciosamente como de «piqueta» del edificio del Régimen que funcionó con Franco, labor

que, además, se está tratando de llevar a cabo con irreprochable legalidad desde ese mismo edificio

institucional, donde afortunadamente el patriotismo parece imponerse al egoísmo y al personalismo.

Y algunos grupos, como último truco y en un intento de frenar el curso de la Historia, quieren hacer del

día 20 de noviembre con el homenaje a Franco un símbolo de lo único que no quiso quien lo protagonizó

con su muerte: el inmovilismo.

Dejemos que el día 20 sea una jornada de oración, de quietud y de respeto. Así lo entendió el pueblo de

España aquel día del año pasado, donde en el más helado de los silencios, miles de ciudadanos, con

íntimo dolor en sus corazones, quisieron manifestarse en aquellas mudas e impresionantes colas que

dieron una lección de civismo y madurez al mundo entero.

Y hagamos del día 22 la otra fecha. La de la jornada de lealtad a nuestro Rey, el hombre que está llevando

con energía y madurez sobre sus jóvenes espaldas la pesada carga de la esperanza y anhelos de todo un

pueblo.

Y si es necesario, y parece que sí, vayamos todos el día 22, en paz y en orden, a esa gran plaza Mayor de

España que es la plaza de Oriente, en el I aniversario de su proclamación a manifestar a nuestros Reyes, la

firme decisión de nuestro pueblo de ser conducidos a un destino libre y democrático. — José A. MARTIN

Y ALONSO-MARTINEZ.

 

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