Homilía de Tarancón. 
 Os pido que seais el rey de todos los españoles  :   
 La iglesia se siente comprometida con la patria. 
 La Región.    28/11/1975.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 23. 

España

HOMILÍA DE TARANCON:

"OS PIDO QUE SEÁIS EL REY DE TODOS LOS ESPAÑOLES"

"LA IGLESIA SE SIENTE COMPROMETIDA CON LA PATRIA"

A las 10,46, el oficiante principal cardenal Tarancón, dio lectura a la homilía, llevando puesta,

en ese momentó, la mitra de gran ceremonial. Dirigiendo la vista hacia el lugar que ocupaban

los Reyes, monseñor Tarancón dijo:

Majestades. Hermanos:

Habéis querido, Majestad, que invoquemos con Vos al Espíritu Santo en el momento en que

accedéis al trono de España. Vuestro deseo corresponde a una antigua y amplia tradición: la

que a lo largo de la historia busca la luz y el apoyo del espíritu de sabiduría en la coronación de

los Papas y de los Reyes, en la convocación de los conclaves y de los concilios, en el

comienzo de las actividades culturales de universidades y academias, en la deliberación de los

consejos.

AYUDA DE DIOS

Y no se trata, evidentemente, de ceder al peso de una costumbre: en vuestro gesto hay un

reconocimiento público de que nos hace falta la luz y la ayuda de Dios en esta hora. Los

creyentes sabemos que, aunque Dios ha dejado el mundo a nuestra propia responsabilidad y a

merced de nuestro esfuerzo y nuestro ingenio, necesitamos de El, para acertar en nuestra

tarea; sabemos que aunque es el hombre el protagonista de su historia, difícilmente podrá

construirla según los planes de Dios, que no son otros que el bien de los hombres, si el Espíritu

no nos ilumina y fortalece. El es la luz, la fuerza, el guía que orienta toda la vida humana,

incluida la actividad temporal y política.

Esta petición de ayuda a Dios subraya, además, la excepcional importancia de la hora

que vivimos y también su extraordinaria dificultad. Tomáis las riendas del Estado en una hora

de tránsito, después de muchos años en que una figura excepcional, ya histórica, asumió el

poder de forma y en circunstancias extraordinarias. España, con la participación de todos y

bajo vuestro cuidado, avanza en su camino y será necesaria la colaboración de todos, la

prudencia de todos, el talento y la decisión de todos para que sea el camino de la paz, del

progreso, de la libertad y del respeto mutuo que todos deseamos. Sobre nuestro esfuerzo

descenderá la bendición de quien es el "Dador de todo bien". El no hará imposible nuestros

errores, porque humano es errar; ni suplirá nuestra desidia o nuestra inhibición, pero sí nos

ayudará a corregirlos, completará nuestra sinceridad con su luz y fortalecerá nuestro empaño.

LA IGLESIA ESPAÑOLA COMPROMETIDA CON LA PATRIA

Por eso hemos acogido con emocionada complacencia este vuestro deseo de orar junto a Vos

en esta hora. La Iglesia se siente comprometida con la Patria. Los miembros de la Iglesia de

España, son también miembros de la comunidad nacional y sienten muy viva su

responsabilidad como tales. Saben que su tarea de trabajar como españoles y de orar como

cristianos son dos tareas distintas, pero en nada contrapuestas

y en mucho coincidentes. La iglesia, que comprende, valora y aprecia la enorme carga que en

este momento echáis sobre vuestros hombros. Y que agradece la generosidad con que os

entregáis al servicio de la comunidad nacional, no puede, no podría en modo alguno regatearos

su estima y su oración.

Ni tampoco su colaboración: en aquella que le es específicamente propia. Hay una escena en

los Hechos de los Apóstoles que quisiera recordar en este momento. La primera vez que,

después de la resurrección de Cristo, se dirigía S. Pedro al templo, un paralítico tendió la mano

hacia él pidiéndole limosna. Pedro, mirándole atentamente le dijo: "No tengo oro ni plata, lo que

tengo, eso te doy: en nombre de Jesús Nazareno, levántate y anda". El mendigo pedía una

limosna y el Apóstol te dio mucho más la curación.

MISIÓN DE LA IGLESIA

Lo mismo ocurre en la Iglesia: Son muchos los que tienden la mano hacia ella pidiéndole lo que

la Iglesia no tiene ni es misión suya dar, porque no dispone de nada de eso. La Iglesia solo

puede dar mucho más: el mensaje de Cristo y la Oración.

Ese mensaje de Cristo, que el Concilio Vaticano II actualizó y que recientes documentos del

episcopado español han adaptado a nuestro país, no patrocina ni impone un determinado

modelo de sociedad. La fe cristiana no es una ideología política ni puede ser identificada con

ninguna de ellas, dado que ningún sistema social o político puede agotar toda la riqueza del

Evangelio, ni pertenece a la misión de la Iglesia presentar opciones o soluciones concretas de

gobierno en los campos temporales de las ciencias sociales, económicas o políticas. La Iglesia

no patrocina ninguna forma ni ideología política y si alguien utiliza su nombre para cubrir sus

banderías, está usurpándolo manifiestamente.

La Iglesia, en cambio, sí debe proyectar le palabra de Dios sobre la sociedad, especialmente

cuando se trata de promover los derechos humanos, fortalecer las libertades justas o ayudar a

promover las causas de la paz y de la justicia con medios siempre conformes al Evangelio. La

Iglesia nunca determinará que autoridades deben gobernarnos, pero sí exigirá a todas, que

estén al servicio de la comunidad entera; que respeten sin discriminaciones ni privilegios, los

derechos de la persona; que protejan y promuevan el ejercicio de la adecuada libertad de todos

y la necesaria participación común en los problemas comunes y en las decisiones de Gobierno,

que tengan la justicia como meta y como norma, y que caminen decididamente hacia una

equitativa distribución, de los bienes de la tierra. Todo esto, que es consecuencia del

Evangelio, la Iglesia lo predicará, y lo gritará si es necesario, por fidelidad a ese mismo

Evangelio y por fidelidad a la patria en la que realiza su misión.

A cambio de tan estrictas exigencias a los que gobiernan, la iglesia segura, con igual energía,

la obediencia de los ciudadanos, a quienes enseña el deber moral de apoyar a la autoridad

legítima en todo lo que se ordena al bien común.

Para cumplir su misión, Señor, la Iglesia no pide ningún tipo de privilegio. Pide que se le

reconozca la libertad que proclama para todos; pide el derecho a predicar el Evangelio entero,

incluso cuando su predicación pueda resultar crítica para la sociedad concreta en que se

anuncia; pide una libertad que no es concesión discernible o situación pactabte, sino el ejercicio

de un derecho inviolable de todo hombre. Sabe la Iglesia que la predicación de este Evangelio

puede y debe resultar molesta para los egoístas; pero que siempre será benéfica para los

intereses del país y la comunidad. Este es el gran regalo que la Iglesia puede ofreceros. Vale

más que el oro y la plata, más que el poder y cualquier otro apoyo humano.

ORACIÓN POR EL REY

Os ofrece también su oración, iniciada ya con esta misa de Espíritu Santo. En esta hora tan

decisiva para Vos y para España, permitidme, Señor, que diga públicamente lo qué quien es

pastor de vuestra alma, pide para quien es, en lo civil, su Soberano:

Pido para Vos, Señor, un amor entrañable y apasionado a España. Pido que seáis el Rey de

todos los españoles, de todos los que se sienten hijos de la Madre Patria, de todos cuantos

desean convivir, sin privilegios ni distinciones, en el mutuo respeto y amor. Amor que, como

nos enseñó el Concilio, debe extenderse a quienes piensen de manera distinta de la nuestra,

pues "nos urge la obligación de hacernos prójimos de todo hombre". Pido también, Señor, que

si en este amor hay algunos privilegiados, estos sean los que más lo necesitan: los pobres, los

ignorantes, los despreciados: aquellos a quienes nadie parece amar.

Pido para Vos, Señor, que acertéis, a la hora de promover la formación de todos los españoles,

para que sintiéndose responsables del bienestar común, sepan ejercer su iniciativa y utilizar su

libertad en orden al bien de la comunidad.

Pido para Vos, acierto y discreción para abrir caminos del futuro de la Patria para que, de

acuerdo con la naturaleza humana y la voluntad de Dios, las estructuras jurídico-políticas

ofrezcan a todos los ciudadanos la posbilidad de participar libre y activamente en la vida del

país, en las medidas concretas de gobierno que nos conduzcan, a través de un proceso de

madurez creciente, hacia una Patria plenamente justa en lo social y equilibrada en lo

económico.

AUTONOMÍA Y COLABORACIÓN

Pide finalmente, Señor, que nosotros, como hombres de Iglesia y Vos como hombre de

Gobierno, acertemos en unas relaciones que respeten la mutua autonomía y libertad, sin que

ello obste nunca para la mutua y fecunda colaboración desde los respectivos campos. Sabed

que nunca os faltará nuestro amor y que este será aún más intenso si alguna vez debiera

revestirse de formas discrepantes o críticas. También en ese caso contareis, Señor, con la

colaboración de nuestra honesta sinceridad. Dios bendiga esta hora en que comenzáis vuestro

reinado. Dios nos da luz a todos para construir juntos una España mejor. Ojalá un día, cuando

Dios y las generaciones futuras de nuestro pueblo, que nos juzgarán a todos, enjuicien esta

hora, puedan también bendecir los frutos de la tarea que hoy comenzáis y comenzamos. Ojalá

pueda un día decirse que vuestro reino ha imitado, aunque sea en la modesta escala de las

posibilidades humanas, aquellas cinco palabras con las que la liturgia define el infinitamente

más alto reino de Cristo: Reino de verdad y de vida, reino de justicia, de amor y de paz.

Que reine la verdad en nuestra España, que la mentira no invada nunca nuestras instituciones,

que la adulación no entre en vuestra casa, que la hipocresía no manche nuestras relaciones

humanas.

Que sea vuestro Reino un reino de vida, que ningún modo de muerte y violencia lo sacuda, que

ninguna forma de opresión esclavice a nadie, que todos conozcan y compartan la Iibre alegría

de vivir.

Que sea el vuestro un Reino de justicia en el que quepan todos sin discriminaciones, sin

favoritismos sometidos todos al imperio de la ley y puesta siempre la ley al servicio verdadero

de la comunidad.

Que sea el vuestro un Reino de amor donde la fraternidad sea la respiración de las almas;

fraternidad que acoja las diferencias y, respetándolas, las ponga todas al servicio de la

comunidad.

Que, sobre todo, sea el Vuestro un Reino de auténtica paz, una paz libre y justa, una paz

ancha y fecunda, una paz en la que todos puedan crecer, progresar y realizarse como seres

humanos y como hijos de Dios.

Esta es la oración. Señor, que, a través de mi boca, eleva hoy la Iglesia por Vos y por España.

Es una oración transida de alegre esperanza. Porque estamos seguros de los altos designios

de Dios y de la fe inquebrantable que anida en vuestro joven corazón para emprender ese

camino. Que el padre de la bondad y de la misericordia ponga su bendición sobre vuestra

augusta persona y sobre todos nuestros esfuerzos. Así sea.

"LA IGLESIA PIDE EL DERECHO A PREDICAR EL EVANGELIO ENTERO, INCLUSO

CUANDO SU PREDICACIÓN PUEDA RESULTAR CRITICA PARA LA SOCIEDAD

CONCRETA EN QUE SE ANUNCIA".

"SEA EL VUESTRO UN REINO DE AUTENTICA PAZ, UNA PAZ LIBRE Y JUSTA, UNA PAZ

ANCHA Y FECUNDA, UNA PAZ EN DONDE TODOS PUEDAN CRECER Y REALIZARSE".

"QUE REINE LA VERDAD EN NUESTRA ESPAÑA. QUE LA MENTIRA NO INVADA

NUESTRAS INSTITUCIONES, QUE LA ADULACIÓN NO ENTRE EN VUESTRA CASA, QUE

LA HIPOCRESÍA NO MANCHE NUESTRAS RELACIONES HUMANAS, QUE SEA VUESTRO

REINO UN REINO DE VIDA, QUE NINGÚN MODO DE MUERTE Y VIOLENCIA LO SACUDA".

´POSIBILIDAD DE PARTICIPAR LIBRE Y ACTIVAMENTE EN ,LA VIDA DEL PAIS EN LAS

MEDlDAS CONCRETAS DE GOBIERNO".

28 DE NOVIEMBRE DE 1975

 

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