Autor: Jiménez de Parga y Cabrera, Manuel (SECONDAT). 
 Con acento. 
 Los caminos del futuro     
 
 La Región.    28/11/1975.  Página: 3,14. Páginas: 2. Párrafos: 13. 

LOS CAMINOS DEL FUTURO

Por Manuel Jiménez de Parga

La homilía del cardenal Tarancón, la espléndida homilía ante el Rey de España y los miembros de las

misiones de importantes países extranjeros, resume la postura mayoritaria del Episcopado de nuestra

patria. Es un dato de extraordinario interés político. Hay que meditar sobre esta oración sagrada cuando se

trata de proyectar el porvenir de España.

El propio cardenal-arzobispo de Madrid insistió en que estamos ahora construyendo un nuevo futuro:

"Pido para Vos acierto y discreción para abrir caminos del futuro de la patria...".

En ese futuro que comienza, la religión no deberá seguir mezclada con la política. "La fe cristiana —

acentuó con energía el cardenal- no es una ideología política, ni puede ser identificada por ninguna de

ellas... La Iglesia no patrocina ninguna forma ni ideología política, y si alguien utiliza su nombre para

cubrir sus banderías, está usurpándolo manifiestamente".

Por fin vamos a poder convivir sin que nadie, persona ni grupo alguno, proclame que Dios está a su lado,

acusando a los discrepantes de ser los hijos malos de ese mismo Dios.

Pero la separación formal de lo político y lo religioso no conlleva a una actitud de indiferencia de la

Iglesia respecto a lo que hacen los gobernantes. El cardenal Tarancón vuelve a hablar de este futuro

nuevo que comienza, enumerando las exigencias mínimas de la Iglesia.

"La Iglesia nunca determinará que autoridades deben gobernarnos, pero sí exigirá a todas que estén al

servicio de la comunidad entera, que respeten sin discriminaciones ni privilegios los derechos de la

persona, que protejan y promuevan el ejercicio de la adecuada libertad de todos y la necesaria

participación común en los problemas comunes y en las decisiones de gobierno, que tengan la justicia

como meta y cono norma, y que caminen decididamente hacia una equitativa distribución de los bienes de

la tierra".

En este párrafo se contienen las exigencias mínimas que habrán de cumplirse por los gobernantas en el

camino que ahora se inicia. La homilía del arzobispo de Madrid desarrolla a continuación esos principios

fundamentales:

Ni discriminaciones ni privilegios, o sea, igualdad.

Libertad para todos los españoles y participación efectiva de todos en los problemas comunes y en las

decisiones comunitarias.

Una paz auténtica, libre y justa, una paz ancha y fecunda.

La articulación del reino de la verdad, de la justicia, de la libertad, del amor y de la paz, se concreta en

otro párrafo: "Unas estructuras jurídico-políticas que ofrezcan a todos los ciudadanos la posibilidad de

participar libre y activamente en la vida del país, en las medidas concretas de Gobierno, que nos

conduzcan a través de un proceso de madurez creciente, hacia una patria plenamente justa en lo social y

equilibrada en lo económico".

El Episcopado español, por boca de su presidente, ha trazado el camino de la monarquía democrática. Se

advierte una admirable coincidencia de líneas con lo que muchos españoles -yo me atrevería a decir que

la inmensa mayoría del país— espera ilusionado.

La Jerarquía de la Iglesia Católica parece dispuesta a colaborar en la edificación de la democracia.

 

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