Autor: Jiménez de Parga y Cabrera, Manuel (SECONDAT). 
 España. Con acento. 
 Boceto de un premier     
 
 La Región.    29/11/1975.  Página: 3, 22. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

BOCETO DE UN "PREMIER"

Por Manuel Jiménez de Parga

Se sigue especulando sobre quien puede asumir la presidencia del primer Gobierno del Rey. Abundan las

listas, no cesan los rumores. En medio de la desorientación imperante yo creo que el jueves se encendió

una luz en la iglesia de los Jerónimos, después de la magnífica homilía cristiana del cardenal Tarancón.

La reacción inmediata de la prensa ha sido casi unánime: Se trata de una oración sagrada de

extraordinario valor, en la que se dijo lo que el país esperaba que se dijera. Las personas que me han

hablado del asunto se expresan en el mismo sentido. Pocas veces —yo no recuerdo ninguna— la palabra

de un obispo español ha sido acogida con un entusiasmo tan generalizado.

Si viviésemos en épocas anteriores de la historia de España y de la historia europea, ya tendríamos la

solución al problema político que ahora más nos preocupa: don Vicente Enrique y Tarancón sería la

persona adecuada para asumir la presidencia del Gobierno. No sería nada sorprendente o excepcional.

Europa se construyó en parte notable gracias a los cardenales que gobernaron por ejemplo, en España y

Francia: Cisneros, Mazarino, Richelieu, entre otros prelados con una gestión política importante.

Pero a finales del siglo XX los cardenales de la Iglesia Católica se consagran a su actividad propia. Ahora

causaría asombro que el Rey encomendase a monseñor Tarancón formar Gobierno.

Sin embargo, en la homilía del jueves se ha trazado el boceto de lo que puede ser el "premier" que en

estos momentos desean muchos españoles. Allí, en la oración sagrada, tenemos un borrón colorido para

poder pintar el retrato.

Se ha aplaudido la idea de una convivencia sin privilegios ni distinciones con respeto y amor hacia los

que piensen como nosotros Y hacia quienes piensen de manera distinta a la nuestra.

Se ha aplaudido la promoción de los derechos humanos, el fortalecimiento de las libertades justas, la

participación libre y activa en las medidas concretas de gobierno.

Se ha aplaudido la idea de una protección especial a los españoles que más lo necesitan: los pobres, los

ignorantes, los despreciados, aquellos a quienes nadie parece amar, los cuales han de ser también

ciudadanos en una patria plenamente justa en lo social y equilibrada en lo económico.

Se ha aplaudido la eliminación de la mentira, de la hipocresía, la opresión, las discriminaciones y de los

favoritismos, en una organización futura bajo el imperio de una Ley que esté al servicio verdadero de la

comunidad.

Se ha aplaudido, en suma, el proyecto de construir un reino de auténtica paz, una paz libre y justa, ancha

y fecunda, en que todos los españoles puedan crecer, progresar y realizarse.

El cardenal Tarancón no presentó al Rey, a la nación y al mundo representado en la iglesia de los

Jerónimos, un programa de acción política. Pronunció una oración. Pero cuando esa doctrina que la

homilía contiene ha llegado a la calle, se ha convertido en el boceto de lo que muchos desean que se haga

políticamente entre nosotros.

No estamos ante una sospecha de que se quiere eso. Hay una prueba contundente, inequívoca. La reacción

positiva ha sido casi unánime.

 

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