Día a día. 
 A la vista del nuevo Gobierno     
 
 La Vanguardia.    12/07/1962.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Día a día

A LA VISTA DEL NUEVO GOBIERNO

¿Nuevo? Si tenemos en cuenta que unos ministros han cesado y otros han ocupado

los puestos vacantes, podemos decir que hay un "nuevo Gobierno". Pero, si

miramos a lo esencial de nuestra estructura política y administrativa, no hay

más mudanza, ni más novedad que la que suele producirse en un navio cuando la

oficialidad, los maquinistas, los vigías y los timoneles entran a cumplir sus

horarios de servicio.

Un grupo de españoles beneméritos ha llegado al término de sus farpas´

ministeriales. Otro núcleo de patriotas ilustres viene a continuar el esfuerzo.

Para aquéllos y para éstos, los objetivos son los mismos.

Pueden variar, quizá, los métodos, puesto que la vida es cambiante, y los

Dispositivos tácticos exigen frecuentes revisiones. Esto es todo. Será inútil

que aqueste comentarista novelero o aquel corresponsal demasiado desenvuelto

pretendan encontrar fantasmagorías en un ámbito donde todo es claridad y

transparencia. La reorganización del Gobierno español no da material para

ninguna novela.

Aunque, puestos a examinar las cosas con. escrúpulosa, minuciosidad, hallamos en

la ocasión presente algo que no se dio en las anteriores; y es la creación de la

Vicepresidencia del Gobierno´, en la cual podrá delegar el Presidente del mismo

aquellas funciones y representaciones que su criterio le señale como delegábles

en cualquier circunstancia u oportunidad. El hecho de que sea el capitán

.general don Agustín Muñoz Grandes quien ocupe ese cargo confiere a la

Vicepresidencia un innegable y alto rango de autoridad, de responsabilidad y de

mando. ¡Bienvenido sea! Y tó previsión de lo que sucederá en caso de vacante,

ausencia, o enfermedad subraya las importancia del nombramiento.

P ero, tampoco será discreto, ni juicioso, sacar las cosas de quicio en este

punto. Lo decimos pensando en quienes, más allá de nuestras fronteras, ensayarán

seguramente interpretaciones o exégesis recusables por aventuradas, o por

ligeras, o por reñidas- con la autentica realidad. En el ámbito de su

Presidencia del Gobierno, el Caudillo no abandona ningún timón, ni cede un

milímetro de sus prerrogativas, o de su facultad de gobernar al pueblo español.

A este respecto,´ el paisaje de hoy es exactamente el mismo de ayer. Y el

primero en proclamarlo así será, sin duda, el propio capitán general Muñoz

Grandes, de cuya lealtad, obediencia y disciplinado espíritu de trabajo no hay

que decir sino alabanzas. Será, sin duda, un admirable segundo Jefe, y hay

motivos para felicitarse por el hecho de su presencía activa en posición tan

eminente como la que viene a ocupar.

Para LA VANGUARDIA y para Barcelona, como para toda Cataluña, el nombramiento

del teniente general Martin Alonso para el Ministerio del Ejército es motivo

especial de satisfacción entusiasta.. En el curso de unas cuantas horas se ha

cumplido el pronóstico que anteayer formulábamos, al escribir, en esta columna

editorial; "Confortémonos con la certidumbre de que las cualidades, virtudes,

experiencias y humanas sabidurías del que todavía es capitán general de Cataluña

no se dispersarán, ni se perderán para el servicio de España."

Los merecimientos profesionales y nacionales del nuevo ministro de Marina,

vicealmirante Nieto Antúnez, y del titular del Ministerio del Aire, teniente

general Lacalle, son tan conocidos que con sólo enunciar los nombres, queda

hecho el elogio.

Otro tanto podemos decir del ministro de Educación, señor Lora-Tamayo, químico

ilustre, de renombre internacional,, calificado por los quilates de su

personalidad científica.

Las nuevas generaciones se hallan representadas en el Gobierno por los señores

López Bravo —-Industrian—, Fraga Iribarne —Información y Turismo— y Romeo Gorría

—Trabajo—. Treinta y nueve años los dos primeros; cuarenta y seis el tercero.

Representan el brío, la técnica, la preparación intelectual, la vocación

política; llevan una España de 1962 en la mente; y una futura España radiante en

las ilusiones del corazón. De ellos hay que esperar lo mejor.

Suponemos que el Caudillo, tras el acto de la jura, habrá dicho: "Ahora, señores

ministros, a trabajar."

Nos parece una consigna excelentísima.

 

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