La victoria de todos     
 
 Diario 16.    19/07/1979.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

La victoria de todos

El Estatuto vasco quedó aprobado por unanimidad veinte minutos después de la medianoche del día 17 de

julio. Pero en la ponencia constitucional donde se debatía los relojes se pararon un minuto antes de las

doce. Así se cumplió, mediante una ficción, el trámite legal que cerraba el plazo para su discusión antes

de la medianoche y, de paso, se impidió a una de las más altas conquistas de nuestra democracia penetrar

en el terreno de una fecha que el pueblo español identifica con la negación de la libertad.

La marejada de/convergencia y unanimidad en la recta final de la discusiórt fue tan imparable, que el

único hombre que debía votar en contra del Estatuto, Blas Pinar, se fue a sus asuntos y prefirió con este

gesto no dejar constancia documental de su solitario y testimonial rechazo. Y sin el dirigente de Fuerza

Nueva en su papel de garbanzo negro, las últimas horas de la discusión estatutaria se convirtieron en una

nueva edición eufórica ´del tan denostado consenso.

¿Cómo fue posible llegar a este estado de ánimo? No ofrece ninguna duda que lo originó la lectura por los

ponentes de los resudados nnales de fa negociación política creí Esrarato firmada aquella misma tarde por

el presidente Suárez y el len-dakari Garaicoechea. Y no sólo poque se tratara de un pacto de dimensiones

históricas, que unas semanas antes parecía inalcanzable, sino por la finura e inteligencia de tal pacto.

Suárez y Garaicoechea han protagonizado un debate político de los que sólo muy raras veces ocurren:

ambos han sacado adelante, prácticamente intactas, sus respectivas zonas innegociables al tiempo que han

logrado compatibilizarlas con una transparencia y una facilidad que nos dejan perplejos. Garaicoechea

tenía el espinoso mandato de hacer prevalecer sin renuncias al Estatuto de Guernica, y ahí está este sin

una sola coma que lo traicione en el texto de la ponencia. Por su parte, Suárez necesitaba la entera

constitucionalidad del Estatuto y lo ha logrado. La sutileza y la profundidad del pacto se debe a que

Suárez construyó su propia victoria facilitando la de su interlocutor vasco.

Pero detrás de los memorables debates de la Moncloa hay algo más que honradez e inteligencia en las

delegaciones negociadoras. Está la propia lógica de lafdemocracia puesta en marcha y respaldada por el

Rey, y que obliga a quienes la asumen a una profundización permanente en la concordia y la

reconciliación nacional. Si la lógica del franquismo era la de la guerra permanente y su eficacia radicada

en la búsqueda ininterrumpida de enemigos reales o ficticios, la profundización en la democracia conduce

al proceso inverso: al encuentro inevitable de quienes parecían inencontrables, a la conversión del

enemigo en adversario y de éste en interlocutor.

El encuentro entre la UCD y el PNV, su mutuo descubrimiento como interlocutores demócratas, es otro

de los triunfos ocultos que hay bajo la aprobación del Estatuto vasco. Como lo es igualmente la madurez

de Coalición Democrática al colocar en la ponencia al hombre adecuado para esta tarea, José María de

Areilza. Y la solvencia que proporciona al texto aprobado el visto bueno de la izquierda vasca por boca de

los representantes del PSOE, el PCE y Euskadiko Ezkerra. Por su parte, los catalanes han aprendido y

ejercido una lección impagable, que habrán de hacer aún más efectiva a partir de mañana mismo, en que

entra en debate el Estatuto de Sau.

Pero la enseñanza mayor de estos duros días de lucha y victoria de todos, está en la propia dinámica de

esta lucha. Los políticos en España hablan ya desde otro lenguaje porque ya están situados en «otro»

Estado y este no es un fantasma legal, sino un hecho. El-debate del Estatuto de Guernica ha puesto de

manifiesto que la democracia y sus leyes están ya incorporadas a las conductas y a los caracteres de

hombres e instituciones. Se ha pasado ya la cresta de la ola de la marejada de Euskadi. Un buen comienzo

para otra época.

 

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