Moderación en la manifestación del 20-N, que se celebró sin incidentes. 
 La concentración derechista en la plaza de Oriente, intransigente contra las autonomías     
 
 El País.    20/11/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

Moderación en la manifestación del 20-N, que se celebró sin incidentes

La concentración derechista en la plaza de Oriente, intransigente contra las autonomías

Unas 800.000 personas, según los organizadores, y 400.000, según la Policía Municipal madrileña,

acudieron el domingo pasado a la concentración convocada por la Confederación Nacional de

Excombatientes en el cuarto aniversario de la muerte del anterior jefe del Estado, Francisco Franco.

Los diversos oradores insistieron en duras críticas contra la situación política actual, especialmente contra

el proceso autonómico, que consideraron peligroso para la unidad de España. No se registraron

incidentes, ni se produjeron gritos contra el Gobierno u otras instituciones del Estado.

Los manifestantes portaban numerosas banderas nacionales, brazaletes y pegatinas con los mismos

colores, y pancartas y carteles con lemas alusivos a la unidad de España y a Franco. Al comenzar el acto

estaban llenas aproximadamente las mismas zonas que el año anterior: el centro de la plaza y avenidas

adyacentes, aunque había grandes claros en la parte contigua al Teatro Real.

Entre los manifestantes había preponderancia de fuera de Madrid. Los jóvenes iban mayoritariamente

uniformados con camisas falangistas o pardas, correajes y guantes negros de cuero, portando gallardetes y

banderas, todo ello entre un mar de banderas nacionales. Los jóvenes de Fuerza Nueva permanecieron en

formación militar en un lado de la plaza, y salieron de la concentración sin romper la formación,

desfilando a golpe de tambor.

En la tribuna presidencial estaban José Antonio Girón y Luis Peralta (Excombatientes), Raimundo

Fernández-Cuesta (Falange), Jesús Casariego (Tradi-cionalistas), Santiago Martínez Campos (Jóvenes

Tradicionalis-tas), Blas Pinar (Fuerza Nueva), Luis Jáudenes (fundador de Derecha Democrática

Española), la duquesa de Franco y su marido, Pilar Primo de Rivera y el obispo dimisionario de Mestre

(Brasil), monseñor Amadeo González Ferreiro. Estos cuatro últimos no pronunciaron discursos, pero

monseñor Ferreiro dirigió los rezos. De paisano, entre el público, estaban los generales De Santiago e

Iniesta.

La unidad de España, en peligro

Abrió el acto Luis Peralta, que afirmó que la concentración tenía un significado profundamente religioso,

en memoria de Franco y José Antonio Primo de Rivera, e hizo alusión a «unos estatutos denominados de

autonomía, aprobados todos sabemos cómo», para después dar el orden del desarrollo de la

manifestación.

A continuación se leyó la Oración por los caídos, de Sánchez Mazas, y monseñor Ferreiro entonó un

responso y dirigió el rezo de un padrenuestro. El turno de oradores propiamente dicho fue abierto por un

representante del Colegio Mayor Antonio Rive-ra-Mara, quien expresó su fe ciega en la unidad de

España.

Santiago Martínez Campos dijo que se intenta cambiar el mapa de España, y que de ello son responsables

el centro y la derecha liberal, que «siempre han traicionado a España en los momentos difíciles». El

representante de las Juventudes Tradicionalistas agregó que hay que mantener la unidad de la Patria

«cueste lo que cueste», y que su grupo no concibe tal unidad desde la democracia.

Luis Jáudenes afirmó que los separatismos, aliados con el marxismo y con la complicidad de un Gobierno

«irresponsable y frivolo», pretenden sustraer a la soberanía nacional regiones españolas. También sostuvo

que los valores religosos y morales, consustanciales con la esencia de España, están en trance de

desaparición, y que se vulneran los derechos fundamentales de la persona. Finalmente pidió que todos

cerrasen filas bajo el interés de la Patria.

En nombre de los tradiciona-listas, Casariego habló de momentos desconcertantes y gravísimos —

«desórdenes, crímenes, anarquía»—; manifestó que han fracasado todas las promesas y «fórmulas

mágicas de demoli-beralismo europeizante» del actual régimen y pidió una unidad de España, pero foral,

«no la del centralismo a estilo de la revolución francesa».

Fernández Cuesta dijo que la unidad de España ha sido puesta en peligro por quienes no se consideran

españoles, en contra de la voluntad de quienes sí quieren serlo, y pidió que se vuelva a «la situación de

paz y convivencia de los años considerados como dictadura vergonzosa por quienes le juraron lealtad y

que ahora han quebrantado».

El discurso de Blas Pinar fue el que encontró más eco, a juzgar por los aplausos que recogió. Tras dibujar

una situación apocalíptica, generalizándola a toda la civilización occidental, afirmó que España ha

reaccionado, y que esta reacción ha sido puesta en marcha en gran medida por Fuerza Nueva, su partido.

«Tenemos fe, patriotismo, una bandera roja y gualda, una juventud ardorosa, las muj eres más bellas y

femeninas, a los trabajadores».

El último discurso fue el de Girón, que dijo que España está amenazada por «el enemigo de siempre», y

pidió repetidamente unidad frente a la pugna de los partidos, la indiferencia, los agitadores, el desorden,

la lucha de clases, los estatutos de autonomía y los ultrajes a España y sus símbolos.

«Caudillo Blas Pinar» fue uno de los gritos más coreados, junto a «España entera, una sola bandera»,

«Unidad» y «Franco, Franco».

Después del canto de varios himnos —Cara al Sol, Oriamendi, Legionario— y la transmisión por los

altavoces del himno nacional, la concentración se fue disolviendo lentamente, obedeciendo a las

consignas de los organizadores, que pidieron en varias ocasiones un final sin incidentes.

Fuertes contingentes de la Policía Nacional habían sido instalados en las inmediaciones y cortaban el paso

a las zonas donde están ubicados los principales edificios oficiales, sobre todo la Dirección de Seguridad

del Estado —no se podía ni entrar en la Puerta del Sol—, el palacio de la Moncloa y el Ministerio del

Interior. La vigilancia se mantuvo hasta la tarde.

Durante todo el día —y también desde la noche de antes-numerosos automóviles alborotaron por la

ciudad haciendo sonar sus bocinas y enarbolando banderas nacionales, aunque no se tienen noticias de

incidentes. En alguna ocasión, la Policía Nacional obligó a los ocupantes de estos automóviles a quitar las

pegatinas que impedían ver las matrículas de los vehículos.

En su conferencia de prensa habitual de los lunes, Josep Meliá, portavoz del Gobierno, manifestó que éste

no ha hecho ninguna valoración de la manifestación, y acepta los datos proporcionados por la policía

gubernativa. Sobre el uso de la bandera española en el acto, Meliá recordó las disposiciones que prohiben

la utilización partidista de la enseñanza bicolor, «pero no sé si existe previsión de sanción en caso de

transgresión de esta dis-pofición». «En mi opinión», agregó, «esa norma está a la espera de la tipificación

de los supuestos delitos.» También dijo que si alguno de los discursos pronunciados en la plaza de

Oriente es susceptible de querella, será enviado al fiscal.

Para hoy, día en que se cumple el aniversario de las muertes de Francisco Franco y José Antonio Primo

de Rivera, están previstos varios actos en la basílica del Valle de los Caídos, en memoria de estas dos

personalidades históricas.

 

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