Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Llanto por España     
 
 El Alcázar.    20/09/1979.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Crónica de España

LLANTO POR ESPAÑA

ERA muy de mañana cuando el presidente del Gobierno (?) le estallaron entre las manos tres

globos de sangre, envueltos en el sufrido caqui de los que sirven, callan, mueren y van a la

sepultura por la puerta falsa que han inventado los políticos para amordazarla justa ira del

pueblo. Otras muchas san gres anteriores parecieron reactivarse sobre la mesa presidencial,

igual que si se tratara de una múltiple repetición del milagro de la sangre de San Genaro.

Cientos de dedos enrojecidos se alzaban como un implacable tribunal de acusación.

Un escalofrío les corrió por el espinazo a los políticos de la claudicación cuando por los

teléfonos y los teletipos saltó la noticia del nuevo crimen de ETA: un coronel y un comandante,

muertos; y un soldado, herido. Menos todavía pudo sentir nadie la tentación de dar órdenes

terminantes para atacar al enemigo en sus santabárbaras, en sus madrigueras, en sus

coberturas..., pese a disponerse de todos los datos necesarios para una represión exigida por

el honor y la estabilidad de las instituciones fundamentales de la Nación, así como por razones

de Estado y por lo jurado a la Patria. Un gélido cuchillo pareció cortar la s´ucia respiración al

frentepopulismo en marcha. El miedo se aferró a las tragaderas, casi bloqueándolas.

¿Pero miedo a qué? ¿Al terrorismo? ¿A la revolución? ¿Al escándalo? Nada de eso.

Sencillamente, miedo a lo que llaman la involución, de acuerdo con los dictados de ta

metodología marxiste.

Miedo, en suma, a que la venda caiga de ios ojos del pueblo y el patriotismo se sacuda en los

corazones la anestesia de la falsa democratización. Miedo, sobre todo, a admitir que se libra

una verdadera guerra, sucia, pero guerra. Y miedo, asimismo, a aceptar que el enemigo, el que

hace la guerra valiéndose de los terroristas, está en el Parlamento, está en la vida pública, se

inserta en las instituciones, domina numerosos centros de poder y pacta con el Gobierno.

Miedo a reconocer que en esta guerra se envía a los soldados a morir a pecho descubierto

frente aun enemigo insidioso y traicionero. Miedo a confirmar que el marxismo hace la guerra y

que el poder del Estado no permite hacérsela al marxismo.

No podía ser más consecuente la reacción del detritus político que nos envilece. Garaícoechea

fue llevado con presteza a la «caja tonta", hoy convertida en trampa inframante, para cubrir,

mediante una circunstancial e hipócrita condena, los ataúdes de los soldados muertos por

España. A Garaicoechea le peturba también que esta nueva sangre pueda desbloquear los

cerrojos de la involución y que otra vez los corazones españoles recobren el calor y el latido del

patriotismo. No es la sangre derramada por ETA lo que duele. De no estar en puertas el

referéndum anticonstitucional para el secesio-nismo, estos dos muertos hubieran carecido de la

atención política dispensada por Garaicoechea, a incitación del despotismo parti-tocrático. –

Sólo preocupa que la sangre pueda crearles barreras a los referéndum en las provincias

vascongadas y en las provincias catalanas, después que se ha hecho tabla rasa del Estado de

Derecho, de la Constitución y de la Moral. No duelen ni enlutan estos crímenes a los políticos

del cambio. Les soliviantan sus posibles consecuencias para el buen éxito de la estrategia

frentepopulístade neutralización de España.

«La paz es difícil porque priman la soberbia y la ambición», acusó el fiscal general del Estado

en la IX Conferencia sobre Derecho Mundial. Los dos jefes de las FAS muertos en Bilbao, a

consecuencia de una emboscada marxiste, no sólo confirman la veracidad de esas palabras.

Ratifican también otras más graves carencias políticas, culpables de la muerte de la paz;, a

manos del falaz «cambio democrático». No hay paz, sino guerra. Es preciso aceptarlo así y

admitir que bajo el techo constitucional, sistemáticamente violado por aquellos mismos que

hicieron de manera viciosa la Constitución, no resta ya espacio para la normalidad. Aunque no

reconocido, vivimos en un Estado de excepción, bajo el cual todas las bazas están en manos

del enemigo de España.

Desde una situación inequívoca de guerra hemos de juzgar los comportamientos políticos.

Entre ellos el «pacto de silencio» caído sobre los suplicatorios en el Parlamento contra

enemigos infiltrados en nuestras instituciones. Los suplicatorios no se verán, casi con toda

seguridad, hasta después del referéndum para el secesio-nismo vascongado. Ni se tomarán en

aquellas provincias, envilecidas por los crímenes marxistas, las disposiciones excepcionales

que la guerra secesionista reclama. La sangre acumulada tras estos dos nuevos féretros,

hurtados también al homenaje multitudinario del pueblo, requiere una respuesta idónea, en

defensa de la unidad, la soberanía y la honra de España. Pero en vez de ello, sólo parece

preocupar que el compromiso autonomista se cumpla en los términos pactados.

Aconsejo a los españoles que relean la historia de los tres años anteriores a nuestra Guerra de

Liberación Nacional, incluido los meses siguientes a las elecciones de febrero de 1936.

Descubrirán atónitos que aquello fue un ingenuo juego de monjas clarisas, al lado del trienio

moncloaca. ¿Qué ha cambiado para que entonces provocaran la protesta pública situaciones

menos envilecedoras, mientras ahora nuestras almas parecen exangües.

Comparto con sus compañeros el duelo por dos soldados a quienes el sistema no dio ocasión

para luchar honrosamente contra los enemigos de la Patria. Pero más luto acumula mi corazón

por España. Hemos llegado a un punto en que es ocioso y cruel hablar de salvación de

España. Para España, también por culpa nuestra, no resta ya más que intentar el milagro de

resucitarla.

Ismael MEDINA

 

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