Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   El marxismo avanza     
 
 El Alcázar.    21/09/1979.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

EL MARXISMO AVANZA

CONSIDERO muy razonable recordar esta frase de Lenin: «Sólo puede concebirse la

utilización de las instituciones del estado burgués con et objeto de destruirlas...

El Partido Comunista penetra en tales instituciones, no para realizar labor constructiva, sino

para dirigir las masas hacia la destrucción desde dentro de toda la maquinaria estatal burguesa

y del mismo Parlamento.» Me parece que está lo bastante claro. Si no lo estuviera puede

añadirse esta otra cita: «La teoría revolucionaria no consiste en una colección de dogmas y de

fórmulas petrificadas, sino que es una guía para la acción militante, con el fin de transformar el

mundo mediante la construcción del comunismo.» Quien aleccionaba de esta guisa era el

«aperturista» Nikita S. Kruschev. Cambian las apariencias, pero no los conceptos ni los

objetivos. Por lo demás, me apoyo en la historia de la revolución marxista, tal y como resulta de

la deslumbradora biografía del tirano Stalin, en la que se afana unode los más consistentes y

silenciosos periodistas españoles que conozco. La revolución rusa la hicieron una pandilla de

señoritos de la clase dirigente «blanca», que usaron al proletariado como mano de obra y carne

de cañón. Pero se los zampó un bandido goorgiano. Con Breznev, hijo y esposo de judías, el

poder retornó, plenamente, a manos de los ya señores «blancos» y de sus hijos, los nuevos

señoritos comunistas. Según evidencian multitud de datos y, la revolución marxista sigue

siendo cosa de señoritos «blancos», para los que el pueblo, reducido a la infamante condición

de «masa», es tan sólo, y a un mismo tiempo, instrumento y víctima.

En las actas del Vil Congreso del PCE puede leerse la siguiente reflexión, válida a nivel general

y en el espacio concreto de España: «La situación revolucionaria puede iniciarse en nuestros

países, coincidiendo con unas u otras manifestaciones de la crisis del imperialismo, a partir de

potentes y amplios movimientos de masa, combinados con la utilización de las elecciones y

otros medios de expresión propios de la democracia, que en estos momentos pueden dejar de

ser puramente formales y adquirir un contenido ver-daderamente democrático y

revolucionario.»

En razón de éstos y otros criterios, fue trazada entonces la estrategia comunista para España.

El bienestar alcanzado por el pueblo español con grandes sacrificios y un tenaz esfuerzo, no

favorecía los supuestos indispensables para el proceso revolucionario. Se hacía preciso

crearlos. Para ello se consideraba indispensable que España tuviera un millón de parados.

España, sin embargo, estaba por aquel tiempo en situación práctica de pleno empleo. La

conclusión fue tajante: «Debe actuarse sóbrela economía, hasta lograr que España tenga un

millón de parados.» De ahí nació aquella exasperación reivindicativa en la que se mezclaron

estúpidamente toda una serie de sectores burgueses, en especial los democristianos. Los

resultados están a la vista: con la decidida colaboración del Gobierno (?), el PCE ha

conseguido cargarse la mitad de las empresas, poner en grave riesgo las demás y que los

parados sean ya cerca de dos millones. Las condiciones para la revolución están prácticamente

conseguidas.

El VIII Congreso del PCE no rectificó las tesis´fundamentales. Las adornó con el fin de su

adecuación dialéctica a la nueva situación: «El respeto a unas reglas de juego democrático no

significa integrarse en el sistema social capitalista y aceptar la inmutabilidad de éste: no

significa consenso a ese sistema.» El respeto formal a la democracia se hace compatible con

las técnicas revolucionarias, según el VIII Congreso del PCE: «Nosotros no renunciamos a la

violencia revolucionaria; pero se trata de violencia de masas, apoyadas en masas, que en

determinados momentos puede ser necesaria, indispensable. Los hombres aguerridos,

preparados para este tipo de violencia, se forman en las manifestaciones y comandos, en los

enfrentamientos con las fuerzas represivas, en la acción cotidiana de lucha, cada día más

elevados. Adquieren el conocimiento de las armas, que un día puede serles útil, en el Ejército,

al que van con la idea no de matar el tiempo, sino de aprender a ser buenos combatientes.

El Partido Comunista, inspirándose en la concepción marxista-leninista, reafirma que la

transformación de la sociedad capitalista en socialista es imposible sin una profunda revolución

político-social.»

¿Qué propone Marcelino Camacho sino esto, cuando, desde su puesto de responsable

comunista en Comisiones Obreras, incita a las «jornadas de lucha» en Andalucía o amenaza

con un «otoño caliente» ? ¿Qué persigue la acción ideológica sobre los soldados, no combatida

adecuadamente por el Ministerio de Defensa, según denunciaba con lógica alarma Fernando

Vizcaíno Casas? ¿Qué buscan algunos sectores de la Prensa, más expeditivos que Mundo

Obrero, con la denuncia de fantasmas en la derecha, la ocultación del peligro revolucionario y

las incitaciones permanentes a la descomposición? ¿Es que acaso la acción de la ETA, de los

llamados partidos «abertzales» y del propio PNV no reproducen en el espacio de las

Vascongadas la estrategia revolucionaria trazada por el PCE para toda España?

Por último, los caídos frente al enemigo marxista, las víctimas de la revolución marxista, no sólo

los llora el Ejército. Los llora también el pueblo, pues los soldados de España, cualquiera que

sea su graduación, son de todos, aunque no lo quiera el Gobierno.

Ismael MEDINA

 

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