Lo que está claro     
 
 El Alcázar.    21/09/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LO QUE ESTA CLARO

SE ha especulado mucho en relación con el incógnito «alguien» que pueda estar detrás del

infatigable terrorismo que ha tomado a España como base y como objetivo. Resulta natural tal

especulación, ya que la entidad intrínseca de los grupos que practican tan sañudamente esa

incalificable violencia sobre toda una nación, resulta demasiado folklórica o demasiado mínima,

tanto para la extensión de la campaña como para su intensidad, por lo cual los esfuerzos

policiacos para su erradicación tienen que resultar obligadamente baldíos. De nada sirve

localizar y destruir sucesivas manifestaciones de la organización llamada GRAPO, cuando tal

organización ni es independiente, ni actúa por su cuenta, ni se financia por sus miembros.

Y otro tanto ocurre con la ETA, por mucho disfraz nacionalista que se le preste, y por muchas

colaboraciones que tal disfraz pueda brindarle, a cuenta de los consabidos derechos humanos

y de autodeterminación tan frecuentemente invocados.

Ciertamente, las colaboraciones que tales grupos terroristas puedan encontrar, y de hecho

encuentran, sí se conocen de sobra, precisamente porque se derivan de una situación política y

sociológica deprimentes y propicias, basadas en la desaparición cuidadosamente preparada de

una serie de valores que no se sustituyen, porque es posible que sean insustituibles. Pero el

aprovechamiento de esa situación para la práctica terrorista supone ya una estrategia de la que

difícilmente se puede responsabilizar escuetamente a los grupos que ejecutan las campañas

terroristas, estrategia que se combina con una táctica practicada con tal cantidad de medios

que, por supuesto, no pueden cubrir ni los impuestos revolucionarios por sí solos.

¿Quién está detrás de los terroristas y de su criminal acción sobre España y los españoles?

Desde estas columnas se ha señalado claramente, combinando una fácil intuición con una

prospectiva de las consecuencias, la potencia ideológica y supra-nacional que más saldría

ganando con la fragmentación de España y con su vuelta a los parámetros tercermundistas,

todo a la vez. Por supuesto, nuestro diagnóstico fue despreciado e incluso achacado a ciertas

obsesiones consideradas más o menos cerriles y anacrónicas, aunque curiosamente

respaldadas por el palpito popular, dado que, indiscutiblemente, el pueblo tiene más olfato

político que la clase política, especialmente a la hora de detectar ataques a cuestiones

fundamentales.

Mas he aquí que, repentinamente, y a cuenta de un elogio a la capacidad táctica del presidente

del Gobierno, un querido colega viene a asentir con nuestro diagnóstico, al señalar que Suárez

intenta superar y soslayar la amenaza terrorista, hasta su total erradicación, mediante

entrevistas y pactos con determinados líderes políticos indiscutiblemente ligados al movimiento

internacional comunista, del que ya la URSS es, simplemente, estandarte visible y cerebro

director, pero cuya estrategia ha buscado apoyos en otras partes para disimular su carácter

imperialista: de nuevo cuño, pero de igual esencia. Está claro que si el Gobierno, para retirar la

constante amenaza terrorista, no ataca directamente a los grupos que la ejercen, sino que

conversa y pacta con Castro, Arafat, Gadhafi, Chadli, quien está detrás del terrorismo sobre

España no es ni el independentismo abertzale ni el romanticismo nihilista, sino el

internacionalismo comunista, máximo posible aprovechador, por otra parte, de la destrozada

España, rota y pobre, que de la acción terrorista sin respuesta válida nacional se derivaría.

Por lo menos, parece que ya está claro quién está detrás del terrorismo que está asolando

España. A nosotros nos parece que la táctica adoptada para combatirle va a ser inútil.

Pero ésa es otra cuesbles parece ser que han sido localizados. Aunque, como ya es natural en

la peculiar versión democrática que padecemos, tal Idealización tengamos que suponerla,

porque el Gobierno —o lo que sea—, que también padecemos, no nos haya comunicado nada

a los ciudadanos respecto a la forma de localización de los culpables verdaderos, del culpable

real, que para nosotros estaban cantados. Y ahí está nuestra colección respaldando esta

afirmación.

 

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