Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   El colapso de la democracia     
 
 El Alcázar.    23/09/1979.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

EL COLAPSO DE LA DEMOCRACIA

DEBO gratitud a Lorenzo López Sancho por algo más que sus buenas maneras de escribir. Dio

en la diana el sábado al encuadrar el suceso del Retiro en sus justos términos dialécticos.

Difícilmente podrán decir de él los fariseos parapetados tras una presunción de periodistas que

le mueve el sectarismo fascista, cosa que inmediatamente me habrían arrojado al rostro, de ser

yo quien tomara la iniciativa de esa apropiada valoración del suceso. Pero aun así, es preciso

tomar precauciones ante los maniqueos. El maniqueísmo en política y en periodismo usa de la

navaja, de la escopeta de cañones recortados y de la alevosía dialéctica igual que los más

feroces atracadores del actual tiempo descompuesto. Pido excusas a Lorenzo López Sancho

por apoyarme en sus argumentos y escudarme tras su excelente prosa, con el fin de

protegerme de las acusaciones que pudieran Moverme desde la orilla encenagada del

servilismo. Según nos advirtió Indro Monta-nelli nada más comenzar el «cambio», el mayor

peligro reside en dejarnos llamar fascistas, ultraderechistas u otras lindezas de análogo jaez,

por aquéllos que lo son en grado sumo, o sea, los socialcomunistas. Nos hemos dejado pisare!

terreno y ahora padecemos las consecuencias. Por ello debo reiterar que no me vengan con

monsergas, pues quien dio en el clavo fue Lorenzo López-Sancho.

Con el fin de tapar en lo posible la impresión ocasionada en las gentes por el doble crimen de

la ETA, determinados periódicos se lanzaron ávidamente sobre el triste suceso del Retiro, en

que murió apaleado un joven, y lo presentaron como un atentado terrorista de la ultraderecha.

La primera página de Diario 16 del 20 de septiembre constituye un auto de convicción: con

grandes caracteres se anuncia la detención de «losasesinos ultras de El Retiro»; e

inmediatamente debajo, a una columna en tipografía menuda, se dice que han sido

«acribilladosdos militares». López-Sancho explica así el suceso: «En Madrid, ahora mismo, un

grupo de jóvenes ataca brutalmente a otros jóvenes, en El Retiro, y mata a uno de ellos a palos

en la cabeza. La provocación en este caso es indirecta. Pretenden los jóvenes agresores, y

según parece se equivocan de objetivo, expulsar del parque a los gamberros y maleantes que

con sus fechorias hacen intransitable El Retiro.»

La nota oficial de la Policía, que me imagino redactada bajo los auspicios de Rosón y de

Simpson, da la razón, también de forma indirecta, a López-Sancho. Pero deja caer, supongo

que por análogas razones a las de Diario 16. que los detenidos son de ideas ultraderechistas.

No se confirma la malévola especie lanzada por Diario 16, según la cual, «todos los capturados

pertenecen a familias de militares». Pero se recala en el lugar común de sus «ideas de

ultraderecha». Ninguno de los detenidos .aparece encuadrado en partido o grupo político.

¿Por qué entonces se anuncia que tienen «ideas de ultraderecha»? ¿A qué viene esa

indicación en una nota oficial referida a un delito común? ¿Por qué se calla, sin embargo, y

creo que así debe hacerse, que la mayoría de los atracadores presumen de ideas marxistas?

¿También ¡a autoridad gubernativa siente la necesidad de convertirse, como ciertos periódicos

allegados a las esferas de poder, en instrumento de la maniobra encaminada a rebajar.la

trascendencia política del doble crimen autonomista en Bilbao?

Para López-Sancho, el suceso de El Retiro, igual que otros dos a que alude, descubren los

«síntomas de que los ciudadanos, exasperados por la impunidad creciente de la delincuencia

que se adueña de la calle, empiezan a tomarse la justicia por su mano». Es cierto. Es así.

Pero ocurre, además, que de esa impunidad en que actúan con provecho y desahogo, no son

culpables los delincuentes, sino quienes deben ejercer la autoridad y no lo hacen. Ahí está la

madre del cordero. A dicha atonía del poder frente a cualesquiera tipo de transgresiones le

llama Lorenzo López-Sancho «incitación a la barbarie». Y acierta. Ya lo explicó Robert Moss en

el libro del que tomo el título de esta crónica: «La violencia engendra la contra violencia; la

coacción engendra la contracoacción. En esta devastadora lucha crítica, el balance inicial del

bien y el mal puede olvidarse por completo cuando la sociedad se hace trizas. Esto me lleva

nuevamente a la responsabilidad del Gobierno, que debe ser la de evitarla usurpación del

poder por un grupo social en particular.»

El Gobierno Suárez se ha dejado usurpar su propia responsabilidad por multitud de grupos

sociales, unos políticos y otros no; unos secesionistas y otros internacionalistas. También por la

delincuencia de toda laya, sea convencional o se encubra bajo presunciones «liberadoras».

No existe Gobierno, sino una pluralidad de taifas de poder. Se trata de un mal que corroe y

destruye la democracia, al que los italianos llaman «sottogoverno», vocablo que no encuentra

su exacta traducción conceptual en «subgobierno». A quienes formalmente están en el

Gobierno, parece preocuparles casi tan sólo no molestar demasiado a los que ejercen el

«sottogoverno» y en disimular los nefandos e incluso sangrientos resultados de tal ejercicio

para la gran mayoría de la comunidad, no sea que a alguien se le inflen las narices y aparezca

un día en la calle el equivalente político al «bueno» de las películas del Oeste.

Al Gobierno no le espantan los «malos», pues tiene a muchos, entre ellosa Areilza, para pactar

subterráneamente con ellos. El Gobierno teme, sobre todo, la aparición del «bueno», capaz de

agrupar tras de si a la multitud de las víctimas directas o indirectas del colapso de la

democracia.

Ismael MEDINA

Crónica de España

 

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