Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   La serena verdad de un soldado     
 
 El Alcázar.    26/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

HORA PUNTA

LA SERENA VERDAD DE UN SOLDADO

DE la liberal honestidad de El País pueden extraerse muchos ejemplos. Me quedo con uno que basta para

el lector inteligente: cuando son detenidos miembros del FRAP, del GRAPO o de la ETA implicados en

toda suerte de hazañas terroristas. El País se encaja su viejo levitón liberal y escribe.

«Han sido detenidos los presuntos autores...»; pero si un grupo de muchachos, tras airear unas banderas

frente a ultrajes sin réplica, se enreda en alguna escaramuza juvenil y callejera y se cruza alguna bofetada,

EL País se quita su levitón liberal, se reviste de la más vetusta púrpura inquisitorial e informa

sentencioso: «Una banda fascista, cuyos miembros fueron autores de la agresión...» Es decir, la

presunción, que es término de prudencia judicial, la aplica exclusivamente cuando son capturados los

asesinos. Si es un grupo de patriotas quien se ha pasado de la raya, lo dubitativo se desvanece y la

evidencia brota de la pluma insidiosa y cobarde del gacetillero de turno. El País no es un periódico liberal.

Es un periódico subjetivo, partidista y arbitrario que acusa sinuosamente a la Policía cuando cae un

terrorista («Un hombre, un terrorista, un testigo». El País, 22 de abril, 1979} o clama y se duele cuando

muere asesinado un dirigente de la tristemente famosa organización terrorista ETA («El asesinato de

Argala», El País, 29 de diciembre, 1978). Existe tal cantidad de pruebas para evidenciar la tendenciosidad

del matutino madrileño, que, de momento, puedo renunciar a la suma de otros alegatos.

El País hubiera roto con esa tradición si no hubiese escrito, en su edición de ayer martes, un editorial,

forzado y delirante, contra una de las personalidades mas ilustres, escasas y objetivas del Ejército español.

Me refiero, ocioso resulta señalarlo, a las declaraciones de don Jaime Milans del Bosch, capitán general

de la III Región, a María Mérida, en ABC del domingo, y al comentario de réplica, publicado en la citada

edición de El País bajo el título «El pesimismo de un general». Está claro que et general Milans del Bosch

no necesita voluntariosos defensores frente a las sutiles insidias de El País. Esa defensa —insisto—

resulta innecesaria y no es mi propósito, desde luego, ejercitarme en ella; diré, a la vez, que para la

sensibilidad de cualquier comentarista político, al margen la respetable personalidad del agredido, el

artículo a que aludo no puede pasar inadvertido. El País se siente molesto porque entiende que don Jaime

Milans del Bosch ha hecho una valoración «claramente descalificadora» del proceso de reforma política.

Puede tener la seguridad el edito-rialista que el general Milans del Bosch no ha hecho otra cosa que decir

con toda sencillez lo que piensa un altísimo porcentaje de españoles mondos y lirondos: el tránsito

político no ha sido positivo: el terrorismo, la inseguridad, la inflación, la crisis económica, el paro, la

pornografía, la inseguridad ciudadana, la crisis de au-toridad, la desesperanza juvenil, están en el ánimo

de cualquier ciudadano reflexivo que no se sienta obligado a obedecer secretas o confusas directrices para

pintar lo negro blanco o lo verde amarillo.

El hecho de que el terrorismo no sea un fenómeno nuevo y de que ya en los últimos años del viejo

régimen se padeciese (El País recuerda la trágica muerte del almirante Carrero Blanco) no quiere decir

que la escalada terrorista que se padece a partir de la reforma política pueda serle equivalente. Cinco

generales, 11 jefes y oficiales, 47 guardias civiles, 32 policías nacionales, dos magistrados, 13 policías

municipales y 111 civiles, constituyen un récord de valor universal. Por otra parte, si hubo terrorismo,

también hubo actuaciones judiciales que no fueron perturbadas por la política. Hubo conmutaciones de

penas, pero no amnistías, extrañamientos y retornos. En cuanto a todo lo demás, ¿puede sostener alguien

con rigor que el trienio que preside el señor Suárez no se corresponde con el negro trienio en que se

origina la catástrofe económica, industrial y social que padecemos?, ¿no coincide, a su vez, con la

profunda crisis de autoridad que se advierte o con la eclosion del simple bandolerismo común o con la

más aterradora dosis de inseguridad que se recuerda?

He leído las declaraciones de don Jaime Milans del Bosch y no me han parecido pesimistas, sino veraces.

El ilustre soldado no confunde los términos libertad y autoridad, que tienen cada cual su asiento y su

límite de reciprocidad, porque es tan imposible la libertad sin autoridad como la autoridad sin libertad.

No. El capitán general de Valencia ha hecho un diagnóstico sereno y honrado de la etapa más sórdida y

amarga de la historia política contemporánea. Está en su perfecto derecho. Es un ciudadano como otro

cualquiera y ha limitado, en todo caso, la expresión de sus palabras a un profundo respeto por sus virtudes

militares, tan brillante y expresamente ejercidas. El País insinúa en las últimas líneas de su comentario

que no hay ningún dato positivo en las declaraciones de ABC. Se equivoca o miente. Las declaraciones

son eminentemente positivas; lo son desde la cruz a la fecha: se trata de un juicio equilibrado y sobre todo

sincero e independiente. ¿Puede pedirse más positivismo frente a esta hora de España?

La preocupación de El País por «hacer recapacitar» a los superiores las palabras de Milans del Bosch

constituye una felonía. Claro resta que El País tiene una vieja propensión a la soplonería, como

recordarán sus lectores desde cuando publicó aquella foto de un muchacho que erguía una bandera

española al que, al parecer, se buscaba por el delito, siempre recusable, de haber intercambiado unas

bofetadas con un fotógrafo. Esa tradición culmina hoy en la recomendación a los superiores de un gran

soldado para que recapaciten sobre lo que ese gran soldado ha dicho en ABC. Pueden estar seguros los

inspiradores de El País de que el capitán general de la III Región ha hecho sus declaraciones con arreglo a

la ejemplar responsabilidad que caracteriza su gigantesca biografía militar.

Los soplones, aunque sólo sea por (a merced de evitar que los demás tengan que sentir el rubor ajeno.

Antonio IZQUIERDO

 

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