Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   En Cataluña como en Vascongadas  :   
 ¡Fora les forces d ´ocupaió!. 
 El Alcázar.    26/09/1979.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Crónica de España

EN CATALUÑA COMO EN VASCONGADAS

Fora les forces d´ocupació!

A cargo de fas maneras burguesas y de la aparatosidad senatorial de Tarradellas, se ha

tendido una apacible cortina de humo sobre el trasfondo del secesionismo catalán.

Desde hace muchos meses estamos sometidos auna habilidosa operación publicitaria,

encaminada a convertir a Tarradellas en el símbolo del «seny» catalán, el cual, de otra parte,

debemos situar en su verdadera dimensión histórica. Los propios catalanes, en efecto, son

víctimas de una sinuosa traslación conceptué!, equivalente a la que en las provincias

vascongadas ha permitido identificar la cultura vasca con el vizcainismo o emulsión separatista

promovida, a partir de Sabino Arana, por los señoritingos anglofilos de la burguesía industrial

de Bilbao. El verdadero espíritu de Cataluña ha de buscarse allí donde todavía es posible la

cultura heredada, es decir, en el área rural. El auténtico depositario de la cultura catalana es el

payés. Lo de Barcelona es otro cantar muy diferente.

El catalanismo de la burguesía barcelonesa, trasplantado luego a otros espacios urbanos,

proviene de una exacerbada deformación de lo verdaderamente catalán, realizada mediante

una implantación arbitraria de la cultura adquirida. El catalanismo, el cual resulta más

apropiado llamar barcelonismo, posee un origen y un desarrollo bastante parejo al vasquismo,

o vizcainismo, si bien con signo afrancesado.

Es posible que Tarradellas saliera escaldado de su experiencia de la Generalidad durante la

guerra y acumulara serios recelos hacia los.comunistas. Tarradellas no sólo fue vencido por los

Ejércitos Nacionales. Antes fue aplastado por la «dictadura del proletariado». En otras zonas de

la España roja crecieron resistencias nacionales al comunismo dentro del Frente Popular.

Resulta aleccionador que vasquistas y catalanistas fueran sometidos a servidumbre por el

socialcomunismo y su dirección soviética. La reacción contra la tiranía comunista se produjo en

zona roja en los espacios anarcosindicalista y del socialismo nacional, aplastado este último en

Surensnes por la confabulación internacionalista a la que Felipe González sirvió de mascarón

de proa.

La habilidad de Tarradellas ha consistido en sab^r aprovechar en su favor el terrorismo de los

marxistes vascongados y la debilidad del régimen trapacero de Suárez. Por las peculiares

características del barcelonismo, no hubo necesidad en Cataluña de presionar en exceso con

la acción terrorista. Bastaron unosamagos en vueltos en un calculado sadismo. A partir de ahí

el catalanismo dispuso de argumentos bastantes para amenazar a Suárez, en los términos que

Tarradellas explicó a Variedades y recogí en una anterior crónica: «Suárez tenía muchas ganas

de encontrar una solución, porque sabe que la única garantía seria que tiene su régimen es

Cataluña. Porque si en Cataluña empezáramos a movernos como en los años 17 y 21,

entonces, entre los vascos y nosotros, la verdad...»

Durante la reciente «Diada», bastante escuálida de adhesión popular, se hizo más patente el

predominio de los partidos marxis-tas. La Generalidad está dominada por las estructuras

penetrantes de los partidos socialcomunistas, igual que el proceso secesionista vascongado.

Y presumo que el problema se acentuará todavía más, como consecuencia de la elección del

pro-marxista Roger Leray como gran maestre del Gran Oriente de Francia. Aparte de ello,

basta leer el llamado «Estatuto de Sau» y penetrar a fondo en el problema educativo planteado

en Barcelona, para descubrir que, pese a la falta de cadáveres militares y civiles, el problema

catalanista adquiere todavía más gravedad que el vascongado.

No es una casualidad que circulen profusamente en tos centros neurálgicos de la

exteriorización separatista catalana, sobre todo en las «jornadas de lucha», las pegatinas cuya

reproducción acompaño. Ninguna diferencia conceptual existe entre estas incitaciones de odio

hacia los «españoles» y las que son frecuentes en las provincias vascongadas.

Los argumentos son los mismos y análoga la traducción plástica de unas consignas que llegan

de lejos. Es necesario comprender que más allá de las plateas se esconde un mismo centro

promotor de la descomposición de España.

No nos dejemos engañar por las apariencias. La ETA es sólo la vanguardia visible de un

dispositivo contra España, el cual utiliza la táctica apropiada en cada lugar y en cada momento.

La sangre de los asesinados por la ETA salpica también en Barcelona.

Ismael MEDINA

 

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