Autor: García-Conde, José Luis. 
   Coronel Pérez-Zamora: ¡Este es Cuba, muchacho!     
 
 El Alcázar.    27/09/1979.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 29. 

Coronel Pérez-Zamora: ¡Esto es Cuba, muchacho!

Querido tío Aurelio;

En medio de la enorme indignación que me ha causado la noticia de tu asesínalo, y sin nada de lu

hipócrita serenidad que se nos predica a fin de que permanezcamos sordos, mudos y paralíticos ante

vuestras muertes, que son la muerte de España, han ido pasando anlc mi, atropelladamente, imágenes de

nuestra vida pasada.

Dentro de poco serán tos funerales oficiales, hechos a Ja sombra de Jos muros de un cuartel, que si es

marco apropiado para la despedida üe un militar hay ocasiones en que quienes mueren a la luz del sol,

debieran ser despedidos, y por el n´.ismo pueblo en medio del cual cayeron.

Dentro de poco llevarán tu cuerpo a lu tierra canaria y española. Llegarán mañana telegramas di;

condolencia insincera, hipócritas notas rechazo de la violencia escritas por las mismas manos que, a

continuación, escribirán otras de rechazo de la Legión, FOP, o de los caídos de la f´ru^aJa; manos que a

continuación escribirán siü´jcitudus de amnistía de criminales. Pasado mañana si no hay otro

acontecimiento luctuoso, ya no se hablará de ti, del comandante asesinado contigo, de los ya demasiados

caídos en esta su-cia guerra, ní de la España que en vosotros muere día j d¡a.

Volverán los fines de me.sy. con ellos, lu fiesta del cobro; volverán las noches de los si hados con sus

ceñas preñadas de conversacione.t intrascendentes; llegarán los ansiados puen-¡L´.S semanales y con ellos

la huida de íos problemas habituales y, ¡hala/, riadas de coches u dis-frutar del campo en tanto las fuerzas

de la revolución se lo permitan hacer; volverán las cabalas sobre los cambios de aquí y de allá; volverán

los proyectos de compra de un coche mejor; vol-veran...asco me dan Jas inquietudes de la actual sociedad

española cuando cantos españoles están sirviendo de blanco a los ejercicios de tiro de la unica clase que

hoy, al parecer, puede exigir el cumplimiento, en ellos, de los derechos huma-nos cuntido España se nos

muere!

Voy a revivir contigo esas escenas de que te hablaba. Seguro que me oirás. En estos momen-tos creo que

vosotros, los caídos, sojs para mí mejores interlocutores que los vivos. Me he vuelto a ver. Aurelio, con

mis cinco años en pijama, en aquella noche de Lu Laguna, sentado en el banzo de la puerta de U calle.

Quiza curioso por ver qué ocurría fuera, no re-cuerdo bien, salí sin que nadie de la casa se percibiera de

rni imprudencia. He vuelto a ver aquellos locos que los camiones que circulaban me lanzaban al pasar

cerca de mi y que impre-Mununm tur cerebro para siempre. He vuelto a ver la negra silueta de los

soldados, agolpados en las cajas de los camiones, recortándose sobre el iVurivmu azul del cielo de

aquella noche,

El 18 de Julio.

Yo, entonces, que laníos hombres de mi familia se disponían a exponer su sangre para fin. oír

mequeirefe imprudcnle y lodos los me-lucrrclcs de España no viésemos soldados re-nri.-iiíos sobre el

cielo cuando mirásemos hacia él, sino que fuésemos capaces tle ver a Dios en su azul; para que mi gesto

de salir a la calle en la noche española no tuviese nunca el caüficalivo de ta imprudencia y de la lem

cridad, sino el de la normalidad y de la despreocupada conlempía-ción de su belleza,

Y entre esios hombres estabas tú, pues no de otra manera puede llamarse a quien a sus quince anos escapa

de su casa, sacrifica sus ilusiones y ofrece su vida joven en aras de un ideal tan grande como son Dios y

España, ¡Pensar que tuviste que falsificar la edad para que se te aceptase lu servíciü en Falange!

Ha vuelto a aparecer ante mis ojos de niño, aunque imperfectamente, aquella escena de la despedida del

Cristo en La Lugana. He visto de nuevo aque! recinto lleno de soldados y de gente: los unos con ia ilusión

de devolverle a ese Cristo una España nueva en la que El volviese a reinar aun a costa de su sangre; los

otros, aceplando el sacrificio de ofrecer a esos padres, hermanos, novios, hijos para que una vez mas

quejaran en ridículo los programas de los impíos, y. como una \ vez le locó a Voluire, esta le locaba a

aquella ! .(histórica» frase: «España ha dejado de ser católica», y vodos, en fin, pidiendo que. si podía ser,

pasase ese cáliz v que volviesen de nuevo a abrazarse pasado el trance.

jY que hayy imbéciles, lonio.s úlrics, muy ´Objetivos» ellos, que niegan el valor de Cruzada a aquella

guerra civil!

He vuello a verle en el hospital de Tetuán. Eras teniente de Regulares de Caballería. Te habían operado el

labio; ¡Tanto fumar! te decíamos. Te recuerdo en la cama y recuerdo cómo rtos metíamos contigo: ¡Vaya

vida te pegas, bandido! Y tú, siguiendo ta corriente, con tu acento canario y tu boca semiccrrada a causa

de la molestia producida porla herida, apostillabas, quizá recordando nuestra ascendencia cubana: «¡Esto

es Cuba, muchacho, esto es Cuba!»

Oíros tiempos acjuellos para Cuba, la perla de Caribe. Tiempos en que el trabajo tenía su compensación y

su traducción en una vida alegre, Iranquila y sin sobresalto*; una vidn de libertad.

Después, (rus nuestra coincidencia en Melilla. ha vuelto mi recuerdo a tu destino en Ecija. Eras

comandante y, iodo ilusionado, rne enseñabas y explicabas los pormenores de lu destino: aquí las

carrozas, alla las cuadras de los potros, más allá los campos donde se les domaba y no por especialistas,

sino por los chicos del reemplazo a quienes preparabais vosotros,

Y cuando Conchita y tú me mostrabais vuestra casa, la «piscina» (albercade la huerta) donde os

refrescabais de los rigores del calor de Ecija, así como ese bello marco en donde se desarrollaba nuestra

vida, sus monumentos, sus estupendos y magníficos patios, no pude menos que recordaros íu frase.¡Estosí

que es Cuba, muchacho, esto si que es Cuba!

Ahora no era la bruma de hacer alusión a la «buena vida», olvidando el trabajo necesario en esla vida para

conseguirla y dísfrutarlü, ahora con ello recogía la satisfacción por un trabajo que se hacía agradable al

ser la realización de tu genuina vocación y espíritu jineies, y cuya compensación era una tranquila vida

familiar. Que éstas y no oirás condiciones son las que constituyen nuestro concepto de «buena vida. »

Pero, querido Aurelio, Cuba cambió. Una pléyade de bobalicones, ionios útiles, centristas, dialogadores,

moderados y demás canalla traidora y sin ideales, fue la cohorte de la que se sirvió esa mundial

conspiración musónico-marxiüta para hacer de Cuba una nación ir usté en lugar de la alegre, que había

justificado tu frase, una nación sometida a la más bárbara de las esclavitudes. Ya no podíamos utilizar

nuestra frase y no podíamos pensar que algún día volviésemos a hacer uso de ella.

Aquí acabaron, Aurelio, mis imágenes del pasado. Aquí empezaran mis imágenes sobre el presente. las

suposiciones de t» que estaría ocurriendo alla, en los luceros, en el puesto que. como caído, ya lienes allí;

y rne he puesto a pensar en quienes serán lo.s compañeros en ir e los que tías ido a formar.

Supongo que habás sido recibido triunfal-iiienle por toóos aquellos miembros de la familia que un día se

despidieron del Cristo de La Laguna y le han precedido. Y digo Iriunfalnienle, porque el que tú y laníos

ya, que estabais hechos para oirá muerte mas heroica, muráis corno los conejos en un coto, no es culpa

vuestra. Es posibk que un día en un Alio Tribunal .se oiga la voz de ese Cristo de La Laguna, Cristo de

España y dt| mundo entero demandando por b vida de lanío patriota asesinado sin poner remedio y freno a

tanta muerte alevosa, antes alentándolas con las amnisllas y concesiones culpables.

Supongo que te habrá recibido el tío Luis Blanco Valdepérez. Medalla Militar, Caballero mutilado, ciego

y manco, por intentar él solo desactivar una mina, ya que esperaba que explosionase al ser manipulada

segando su vida y ía de fos que estuvieran con él. Por ello, ordenó la retirada de sus subordinados.

¡Menos mal que Dios s¿ lo llevó hace unos años! Hubiera muerto de pena al ver en qué ha quedado su

sacrificio, su larga noche de treinta y cinco años y su obligada limitación a causa de la falta de su brazo

derecho. Supongo que, ya con sus dos brazos, te habrá ¿lado un abrazo muy fuerte al verte llegar, pues ya

no hay oscuridad para él.

Supongo que allí habrá estado el lio Pepín Gómez Pérez-Zamora. prirnei caído de los nuestros, ya que el

ofrecimiento de su vida joven y llena de ilusiones fue aceptada por el Cristo de La Laguna en la Ciudad

Universitaria, en Madrid.

Allí estaría, ¡cómo no), el tío Luis Gómez Pérez-Zamora, quien, no contento de ofrecer su vida por una

nueva Reconquisla de España. quiso ir a combatir en Jas estepas rusas a esa ideología materialista y

antiíea que intenta eliminar a Cristo de la vida de [os hombres.

Tampoco podría fallar el patriarca, el corone) GómeJ Romeu, quien no iba solo a la empresa tan grande:

arrastraba tras de si tres hijos (Miguel, Luis y Pepín). dos yernos (Luis, desde Canarias, y Víctor, desde

Regulares de Larache) y sobrinos corno tú y tu hermano. ¡Qué familia!

Y allí, en la franca camaradería de los héroes, presididos por el Cristo de La Laguna en peiso-na, reunión

a la que no faltaría nuesUu Generalísimo, a quien se U saltaban las lágrimas cuando habtyha con ti lío

Luis Blanco, supongo que les habrás hablado de España:

Les habrás contudü cómo una plévade de perjuros, traidores, tontos útiles, bealos, dialo-ganles. estúpidos,

eccétcra. etcélera, han hecho inúlií su esfuerzo. Les habrás contado cómo oirá vez los niños españoles no

ven u Dios cuando miran a lo alio, pero que tampoco ven soldados. sino que ven toda clase de imágenes

obscenas que se exhiben en los puestos de periódicos, en los periódicos, en loscints. en los anuncios, en la

Televisión, etcétera. Les habrás contacío cómo. oir;i vez. es unit temeridad salir a contemplar la noche

española. Cómo a causa de la falla de autoridad y tí e ideales, España se ha convertido en cotí) üe caza en

el que no ya el que se siente es-pafiol y lo proclama valientemente, sino que otra vez el simple ciudadano

que creía salvarse estándose calladito son carados y en l¡i impunidad más aboluui, como te ha ocurrido a

ti. En fin. tío Aurelio, espero que para terminar, y antes de pasar a tu puesto, les hayas dicho:

«¡Aquello hay que salvarlo, porque aquello va camino de ser Cuba, muchachos!•

jCoronel Aurelio Peiez-Zamora?

¡¡Presente!!

José-Luis GARCIA-CONDE

 

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