Autor: Paris Eguilaz, Higinio. 
   El fracaso de los estatutos ya está previsto     
 
 El Alcázar.    02/09/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

El FRACASO DE LOS ESTATUTOS ESTA YA PREVISTO

CUANDO se comparan los textos de los estatutos aprobados hasta ahora (País Vasco y

Cataluña), con las declaraciones de los dirigentes políticos de esas regiones, especialmente

con las del primero, se comprueba que sólo los consideran como una etapa inicial de una

evolución que debe continuar, pues en la eficacia de los textos no creen ni los mismos

dirigentes regionales, que han previsto ya su fracaso y al que esperan sacarle partido.

Según declaraciones del 22 de agosto deí presidente del Consejo General Vasco «existen

otras soluciones que no son la independencia ni el separatismo. Existen fórmulas de tipo

federal; una confederación de las provincias vascas en la Corona, como prevaleció durante

muchos años». «Deseamos volver a ése modelo de Estado; confederación monárquica de

pueblos, que confíe a la Corona la explicación de su fusión.» «La Corona puede recobrar, en el

futuro, aquella misión histórica de los Reyes de España, que ya dieron forma a la confederación

de las provincias vascas.»

Esas afirmaciones desconocen la Historia y aparentan ignorar las funciones del Rey en la

Constitución actual, pero ponen de manifiesto que sólo consideran al Estatuto como una etapa

transitoria. La Corona no tendrá nunca en el futuro «aquella misión histórica de los Reyes de

España», porque en la Edad Media los reyes eran absolutos; por ello, jamás existieron esas

confederaciones de provincias porque éstas estaban sometidas en forma totat y absoluta a la

Corona, con unos fueros, es decir, con unas concesiones reales, que los propios reyes podían

suprimir o modificar cuando lo decidieran, pues era una época feudal y nadie que esté en su

sano juicio político puede propugnar, como solución, volver a las condiciones de la Edad Media,

ni atribuir a la Corona las funciones de aquella época, ni a ésta se le ocurriría intentarlo, porque

sería absolutamente antidemocrático y anticonstitucional.

Cabe !a duda de que esa propuesta podría significar algo parecido a la «Commonwealt»

británica en la que cada una de las naciones que la forman tienen sus fuerzas armadas

propias, su moneda, sus representantes diplomáticos, su Parlamento y su Gobierno, y pueden

declarar la guerra y acordar la paz, e incluso separarse de esa asociación, pero lo que el

dirigente vasco no hace es defender los estatutos como organización política estable.

Creemos que desde el punto de vista político no es moral y demuestra mala fe recomendar a

los electores que voten «sí» en el referéndum, mientras en declaraciones simultáneas se

propugna un sistema confederal, que es anticonstitucional, y una unión exclusivamente en la

Corona, conociendo que ello es imposible, porque también es anticonstitucional. Si yo fuera

votante de esas provincias vascas me decidiría por la abstención, porque esa doble actuación

de los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco me parece una farsa, indigna de un pueblo

serio.

Creo que sólo existe para España una forma de Estado estable, y es la unidad en la justicia,

porque sólo así se pueden resolver los problemas. El fracaso de los Estatutos vasco y catalán,

como hemos indicado, lo han previsto ya sus dirigentes. En las declaraciones del dirigente del

Partido Nacionalista Vasco que comentamos se afirma su gran preocupación por el problema

económico general y (as específicas del País Vasco, y en otras anteriores se indicaba que no

es posible una recuperación económica mientras no desaparezca la actual situación de guerra

larvada. En cuanto a Cataluña, en su último viaje a Madrid, el presidente de la Generalidad

afirmó que si no se resuelve la situación económica, no sólo la de Cataluña, sino la de toda

España, regalaba el Estatuto, porque en esas condiciones no puede tener éxito.

Si los dirigentes políticos nacionales no tienen suficiente capacidad, o las condiciones que

impone el régimen político actual impiden organizar un Estado unitario en la justicia para

resolver los graves problemas actuales, que es lo que da verdadera autoridad y justifica las

medidas de firmeza de los Gobiernos, no es de extrañar que en determinadas regiones se

produzcan actuaciones de rechazo del poder central, que no se resuelven con Estatutos,

porque son la expresión de fenómenos desintegradores, y que quieran conseguir

inmediatamente, o por etapas, situaciones fuera de la Constitución y de la Historia.

Pero no es sólo el País Vasco; el 24 de agosto, el presidente de la Generalidad de Cataluña,

después de hacer importantes reservas al texto del Estatuto, recomendó a todos los catalanes

que lo voten, aunque no les guste, lo que demuestra que no lo considera como definitivo, sino

como transitorio, y, a mi juicio, su posible fracaso ha sido la causa del anuncio de su retirada

política, para evitar el hundimiento de su propia imagen.

Un análisis cuidadoso pone en evidencia que con los Estatutos no se pueden, no ya resolver,

sino ni siquiera mejorar los numerosos problemas actuales, porque esos problemas son

nacionales, interdepen-dientes unos de otros y exigen soluciones conjuntas, no aisladas o

contradictorias y, por consiguiente, hay que adoptar medidas legislativas también nacionales.

Los Estatutos no van a elevar el ahorro, ni aumentar el nivel de inversiones, ni, portante,

resolver el paro, ni racionalizar el gasto público, sino aumentar el despilfarro, ni adoptar una

política de impuestos al servicio del desarrollo, ni reducir la inflación condicionada en gran parte

por la política salarial, ni tampoco la con-flictividad laboral y se convertirán en un factor negativo

y desintegrador, tanto en lo político como en lo económico, y el fracaso de los Estatutos, ya

previsto, se utilizará para conseguir más atribuciones, puesto que la Constitución no establece

límites concretos, que tampoco aliviarán la situación, hasta exigir claramente e\ autogobierno,

con plenas facultades y la ruptura con el Gobierno central.

Cuanto más estudiamos con objetividad el problema de los Estatutos de autonomía más nos

afirmamos en la conclusión de que no son válidos para España, como instrumentos para

favoreceré! desarrollo y resolver los problemas, que serían su única justificación.

Durante la segunda República (1 931-1 936), e! dirigente socialista Araquístain afirmaba: « No

creo en la legitimidad de los fueros vascos. Sus fueros son residuos tardíos de los fueros

castellanos, legítimos en los siglos de combate con los moros, pero incompatibles con una

nacionalidad democrática.» «España necesita eliminar los residuos que a un quedan de su

Edad Media y yo espero que vascos y catalanes se den cuenta de esa necesidad, que es una

cuestión de vida o muerte para todos.» Ahora el Partido Socialista (PSOE) y el comunista han

elegido la opción de la muerte para España y están en vías de conseguirla.

Higinio PARÍS EGUILAZ

 

< Volver