Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Las parias de las "nacionalidades"     
 
 El Alcázar.    29/08/1979.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

29-agosto-1979

LOS PAR I AS DE LAS «NACIONALIDADES»

POR las carreteras de Castilla, de Aragón, de Andalucía, de Levante, de Extremadura... circulan con

abundancia automóviles con matrícula de Barcelona y Bilbao. En ellos viajan los hombres y las mujeres

que hicieron posible el desmedido crecimiento industrial en las dos cabezas del secesionismo periférico.

Cada verano regresan a los pueblos de que salieron en busca de sus raíces, de sus paisajes perdidos, de la

sangre que en ellos quedó, de las tumbas familiares.

En una carta publicada por La Voz de España, de San Sebastián, el dos de diciembre de 1978, un lector,

Domingo Andonegui, recordaba el doble juego del PNV, desde su fundación al servicio de los intereses

coloniales de la Gran Bretaña y de los concordatarios de la Secretaría de Estado del Vaticano. Citaba

Andonegui el célebre discurso «españolista» de José Horn y Areilza ante el Congreso de los Diputados y

sus sabrosas citas de Sabino Arana. Esta, por ejemplo, referida a un escrito de 1903: «Bizkaitarra fue tal

como fue, porque así hacía falta entonces. Hoy, y sobre todo en Vizcaya, ya no haría falta hablar contra

España, y yo mismo escribiría hoy un periódico en el que nada, lo más mínimo, se dijese contra España.»

Aparte de que Sabino Arana no fue un vasquista, sino un vizcainista, esa doblez tradicional del PNV

explica bastante la actitud ambigua y oportunista de Garaicoechea. De esa misma carta abierta de

Domingo Andonegui recojo, por cuanto explica del pensamiento popular, esta otra alusión: «.. .en 1909,

en vísperas de la semana trágica catalana, cuando el Gobierno Maura había metido las tropas españolas en

el avispero de Marruecos para defender los intereses de las compañías mineras francesas, siguiendo

órdenes del Gobierno francés.» Entonces, como ahora, los partidos secesionistas y sus figuras fueron,

junto a determinados partidos de ámbito nacional, los instrumentos a través de los cuales el tan denostado

centralismo sirvió para llevar a cabo una política desmembratoria al servicio de poderes extraños.

Instituciones de crédito muy concretas y personalidades conocidas, muchas veces ligadas a ellas,

estimularon de manera habitual, desde los albores de la revolución industrial, la emigración de las rentas

agrarias de casi toda España hacia Vizcaya y Barcelona, al tiempo que se procedía a la sistemática

destrucción de las posibilidades de desarrollo armónico en toda la Nación. ¿Hemos de recordar, por

ejemplo, lo ocurrido con la industria textil y la ruina provocada de tas artesanías y las incipientes

industrias laneras en toda una serie de zonas españolas del interior con recia tradición ganadera en el

sector bovino? Si durante los últimos treinta años el crecimiento extemporáneo de las construcciones

fabriles en Barcelona y Vizcaya no hubiera ido acompañado de una elevación generalizada de las rentas,

de la industrialización de una serie de ciudades en otras regiones y de un clima de bienestar global, es

seguro que en Barcelona habrían vivido una nueva situación revolucionaria de la clase obrera inmigrada y

la burguesía vizcaína se hubiera enfrentado a una similar rebelión, en vez de sólo al terrorismo de la ETA.

No creo, sin embargo, que si las cosas continúan por donde van, pueda evitarse a no tardar mucho, en las

regiones con Estatuto secesionista, la aparición de situaciones revolucionarias de origen muy parecido a la

justa y lógica revuelta anarcosindicalista a que la burguesía catalanista hubo de hacer frente en varias

ocasiones, hasta la conclusión de la Guerra de Liberación Nacional. No invento. Tampoco exagero.

Lo saben bien los conspiradores de las «nacionalidades» vascongada y catalana. Ese es el motivo de la

desazón provocada por las incitaciones de Rojas Marcos. Ante la falta de una conciencia «nacionalista»

andaluza en Andalucía, los gestores del PSA buscan crearla entre los discriminados de Cataluña y de tas

Vascongadas. No se necesita mucho olfato para descubrir que en el malestar creciente de esos

importantes sectores de población de Cataluña y las Vascongadas existe una plataforma revolucionaria

potencial y, por consiguiente, una segura clientela política. Ajenosa los compromisos moncloacas del

PSOEydel PCE, los «líbicos» de Rojas Marcos buscan hacer saltar un problema que a las fuerzas políticas

del «pacto constituyente» les interesaba mantener oculto, o, cuando menos, disimulado.

Durante estos días he tratado a numerosos castellanos avecindados en Barcelona y Vizcaya, sobre todo.

Ya no hablan con la espontaneidad y serenidad de hace dos, tres o cinco años. Se crispan e irritan cuando

son tratados determinados tenías. Sus hijos se ven obligados a estudiar en catalán, pues prácticamente han

desaparecido los centros de enseñanza con maestros o profesores que lo hagan en español. En las

Vascongadas se va por el mismo camino. Del bilingüismo se ha hecho una trampa para implantar el

monolingüismo en el «idioma estatutario», a través del cual se intenta «catalanizar» o «euskerizar» a la

mayoría de la población, ajena al folklorismo de las «nacionalidades». Esa masa de población comienza a

verse reflejada en las películas que asiduamente pasa TVE sobre la condición en que viven las minorías

discriminadas en los Estados Unidos.

Hace poco escribí sobre una posible «guerra de las nacionalidades» . Ahora estoy persuadido de la

proximidad del proceso revolucionario generalizado, como consecuencia de los estatutos secesionistas, de

la crisis económica que se abate sobre España y del desfondamiento del Estado nacional. Los supuestos

de la revolución están establecidos. Será otra de las muchas culpas con que la Historia denigrará la figura

y la gestión de Suárez.

Ismael MEDINA

 

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