Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   ¿Quién luchará?     
 
 El Alcázar.    23/01/1979.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Crónica de España

¿QUIEN LUCHARA?

HASTA ese punto ha llegado la degradación de España?

La muerte de un soldado raso del Ejército a manos de los terroristas ha pasado, casi sin pena

ni gloria, por las páginas de los periódicos y los espacios radiotelevisivos. Fue tratado igual que

el más aburrido de los sucesos cotidianos. Suele argüirse que el hombre se acomoda a todo.

Parece evidente que el español ha hecho el cuerpo a esta falsificación de la democracia en que

nos agotamos. Pero la teoría de la acomodación no es una excusa suficiente cuando se trata

de valores esenciales del comportamiento humano. Lo ha vuelto a recordar días atrás Juan

Pablo II, inclasificable en la derecha o en la izquierda tópicas, pues para nuestra ventura se

mantienen en línea máxima de pastor, o sea, por encima de los conflictos ideológicos.

Mientras se hacían huelgas bajo cualquier pretexto y los políticos se disputaban los puestos en

las listas electorales con ferocidad descalificadora, un soldado del Ejército español fue

asesinado cuando cumplía la misión de centinela. El silencio complaciente del magma

partitocrático y sindical se abatió sobre su joven cadáver.

Me parece mucho más grave y acusatoria esta muerte que aquellas otras precedentes. Todos

los hombres de las Fuerzas Armadas (un amable e inteligente lector me aconseja englobar

ahora las FAS y las FOP bajo la denominación común de Fuerzas de la Defensa Nacional)

forman un mismo y compacto cuerpo. El ataque a cualquiera de sus miembros constituye una

agresión al conjunto. Pero existe una línea sutil que a los efectos políticos agrava el significado

del ataque, la cual ha sido desbordada con premeditación por el terrorismo. La muerte de un

soldado de reemplazo define una agresión a las Fuerzas Armadas más aguda que el asesinato

del gobernador militar de Madrid. Esta fue una de las grandes lecciones que aprendí en mis

tiempos de cumplimiento de la Milicia en el Regimiento Asturias 31.

La muerte de ese soldado de reemplazo por el terrorismo, me parece una de las más graves e

insoportables agresiones sufridas por las FAS en el actual período de descomposición

nacional. Pero más repugnante resulta el silencio culpable de todos los partidos, sectores,

grupos, sindicatos y covachuelas del Frente Popular Ampliado. Por el contrario, este extremoso

suceso ha provocado mayor consternación institucional en las FAS que todas sus anteriores

víctimas. Esa raya casi invisible que ha traspuesto el terrorismo en su metódica escalada, sitúa

el problema en términos de máximo apremio reversivo.

Después del viaje del ministro de Asuntos Exteriores a París y a Moscú para tratar del

terrorismo y hallar posiblemente una tregua electoral, no considero necesario señalar el origen

último de la muerte da ase acidado. Reside en la reactualización da aquella vieja connivencia

entre el radicalismo masónico y la Internacional Comunista, de la que nacieron los Frentes

Populares en los años treinta y en la que se explican los rasgos más sustantivos déla

degradación revolucionaria de la II República Española.

La denuncia de Le Journal de Dimanche sobre los campos de entrenamiento, los centros de

aprovisionamiento y el material de guerra de que dispone ETA, no entraña demasiada

novedad, salvo en lo que atañe a las últimasadquisicionesde armamento.

Los lectoresde EL ALCÁZAR poseen antigua y sobrada noticia de todo ello. Pero conviene

valorar el hecho de que a las anteriores disponibilidades de armamento de ETA, entre ellas

varias unidades de SAM-7, se añadan en el último período 195 fusiles FN, 150 fusiles M, 400

carabinas Remington automáticas, 550 pistolas 58 y 1.000 metralletas Stern. La evaluación del

armamento de que dispone ETA en sus bases francesas y en sus escondrijos españoles,

ratifica la presunción de que el secesionismo marxista vascongado puede armar unos efectivos

de cuatro a cinco mil hombres, cuando menos. Pero no para acciones terroristas aisladas, sino

para acciones de guerra de tipo convencional. Los casi trescientos comandos acantonados en

Francia, suponen unos efectivos de más de mil hombres perfectamente entrenados. A ellos

deben añadirse las milicias marxistas existentes en las provincias vascongadas, no siempre

situadas bajó las siglas de ETA.

La muerte de un soldado de reemplazo en Sevilla, oscurecida y acallada por la confabulación

de la UCD con socialistas y comunistas, otorga un extraordinario relieve a las informaciones

sobre la potencia armada de ETA y a los rumores sobre el armamento que constantemente

entra en España para otras organizaciones marxistas. Conviene, por ello, conceder su más

exigente significado a estas palabras del almirante Arévalo Pelluz, jefe del Estado Mayor de la

Armada: «Las técnicas terroristas, al igual que cualquier otra rama del arte militar, son

conocidas por los Ejércitos de todas las naciones y, por supuesto, por nuestras Fuerzas

Armadas.»

Las Fuerzas de la Defensa Nacional, según diría mi amable comunicante, están en condiciones

de luchar eficazmente contra el terrorismo, que acaba de agredirlas en su corazón mismo con

la muerte del soldado en Sevilla. Los españoles suelen preguntarse desconcertados: ¿Porqué

las Fuerzas Armadas no terminan con el terrorismo? Algún que otro ministro, en analogía con

ciertos periódicos promarxistas, ha tratado de convencernos de la incapacidad y la torpeza de

sus componentes. Pero la respuesta del almirante Arévalo Pelluz resulta inequívoca: «Es una

decisión que corresponde tomar a los políticos.»

¿Y por qué no lo hacen los políticos? Habríamos de preguntarlo a Suárez y a Santiago Carrillo,

su eficacísimo compañero de viaje. Y también a Felipe González y a Tierno Calvan. Y a

Fraga... A todos los políticos que no cogen por los cuernos el trágico toro de la degradación de

la democracia y él hundimiento de España.

Una última pregunta surge con exasperada angustia: ¿Y quién va a luchar entonces contra el

terrorismo?

Ismael MEDINA

P.D. Inserta ya la crónica, leo la noticia de la detención de tres personas que pudieran estar

implicadas en la muerte del soldado y que la causa de la misma pudiera ser el suicidio. Aunque

se confirmaran tales presunciones, en nada cambiaría el sentido de mi crónica, pues durante

los días transcurridos se dio por válido, a todos los efectos, el haber sido a causa de un acto

terrorista cometido por GRAPO. Y no es habitual la prudencia en las fuerzas políticas aludidas

cuando se trata de reivindicar o endosar una muerte, según convenga a sus intereses. Debo

dejar constancia de una actitud sectaria de naturaleza inalterable.

 

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