Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   UCD contra el Papa     
 
 El Alcázar.    30/01/1979.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Crónica de España

UCD CONTRA EL PAPA

LAS cadenas de televisión de toda Iberoamérica, excepto Cuba, Estados Unidos, Canadá y

gran parte de Europa, transmitieron en directo la apoteósica llegada del Papa a la basílica de

Guadalupe y la ceremonia religiosa en el curso de la cual pronunció una homilía de singular

valor doctrinal. Multitud de españoles se agruparon a esa hora ante sus televisores, a la espera

de presenciar el acontecimiento. España, cabeza de una comunidad cultural de casi

cuatrocientos millones de personas, fue excepción análoga a la de Cuba. ¿Acaso porque

vamos decididamente hacia donde Cuba ya esté?

El viaje de Juan Pablo II a Méjico posee una importancia extraordinaria. La expectación

mundial había desbordado cualesquiera previsiones. El entero mundo católico aguardaba

anhelante este acontecimiento. La presencia del Papa en la Conferencia de Puebla tiene para

los creyentes un signo decisorio. El Papa presidiré por unos días, en su condición de érbitro

inapelable, la confrontación entre dos maneras dispares de interpretar el Concilio Vaticano II.

La espiritual y la secularizadora. En Iberoamérica se mantiene pugnaz y agresiva una

inclinación maximalista hacia la temporalización del mensaje evangélico, fuertemente imbricada

con la subvención revolucionaria que promueve y sostiene el marxismo. Una vez desfondado el

centro de agitación que Illich había montado en Cuernayaca por cuenta del movimiento

comunista PAX y con dinero sionista procedente de los Estados Unidos, el más poderoso

centro de estímulo de la llamada «teología de la violencia» se concretó en España. Un sector

muy definido del neoclericalismo español ha sido durante los últimos años la correa de

transmisión del movimiento PAX para avivar la subversión en Iberoamérica. La reiterada

presencia de sacerdotes españoles entre los terroristas abatidos o detenidos en diversas

naciones del continente, constituye un trágico elemento de comprobación.

La Conferencia de Puebla, con asistencia del pleno del episcopado iberoamericano, ha sido

presentado por la Prensa sectaria como el banco de prueba de Juan Pablo II. Aparecía

bastante claro desde hace tiempo para los observadores imparciales que había remitido de

forma muy acusada el denominado «espíritu de Medellín». La rebelión secularizadora de un

sector de la Iglesia iberoamericana estaba más viva durante los últimos tiempos en cierta

Prensa occidental y sobre todo española, que en la realidad eclesiástica de aquel continente.

El cambio operado en la Iglesia universal durante los últimos años, se refleja también en

Iberoamérica. Ya expliqué en mis crónicas desde Roma la génesis de la elección de Juan

Pablo I y Juan Pablo II. En la fépitht y f#/iz conclusión da ambo* cónclaves tuvo un»

participación decisoria la Iglesia iberoamericana. Quienes entonces hablamos con los

cardenales de nuestro mundo y los que vinieron tras de ellos, en ocasiones contra ellos,

adquirimos la convicción del cambio operado desde la Conferencia de Medellín, del fuerte

drenaje sufrido por la confabulación marxiste de la «teología de la liberación» y .de la

conspiración política de que, especialmente en España, éramos víctimas muchos católicos a

través de los medios de información.

Los medios de información españoles, con especial gravedad los dependientes del Estado,

parecen seguir en línea con la conspiración secularizadora de la Iglesia. Un inteligentísimo

sacerdote me hacía ver hace muy pocos días lo que de inquietante tenía para la supuesta

Iglesia progresista la actuación pastoral de Juan Pablo I. El neoclericalismo marxistizado

contempla con desagrado la capacidad de convocatoria del actual Pontífice y su natural

inclinación a reiterar a escala universal las manifestaciones colectivas fuera de los templos que

son características del catolicismo polaco, igual que lo han sido del catolicismo español.

En España asistimos a un desaforado intento de terminar con las expresiones públicas de la

liturgia popular. Un cierto sector de la Conferencia Episcopal, del que es comisario Martín

Patino, trata por todos los medios, con la complacencia ucedista y marfcista, de erradicar las

múltiples, ricas y espléndidas extroversiones que son tradicionales en el catolicismo hispánico.

La solidaridad que engendran tales manifestaciones colectivas está considerado por el

comunismo como uno de los factores más llamativos de la capacidad de resistencia de la

Iglesia polaca.

Juan Pablo II ha concitado en Méjico un espectáculo impresionante, jamás conocido, de

desbordamiento popular. Europa entera ha quedado impresionada al contemplarlo a través de

las transmisiones directas de la televisión y los extensos reportajes diferidos. La estancia de

Juan Pablo II en Méjico se ha convertido en la gran noticia, por encima de cualesquiera otras,

incluidas la crisis del Irán. La Iglesia Católica está en el qentro de la atención mundial y muestra

a las gentes atemorizadas y desmoralizadas un aliento firme de esperanza y un reencuentro

con la sonrisa. Es lo peor que podía desear el radicalismo laicizante.

Pero también las intervenciones de Juan Pablo II han deshecho muchas torcidas

interpretaciones posconciliares, numerosas versiones sectarias y no pocas sucias

deformaciones. Juan Pablo II ha centrado la misión de la Iglesia en la fidelidad a la doctrina

tradicional, de la que el Concilio Vaticano II es una mera interpretación y en ningún caso una

corrección. El Papa no ha ido a Méjico para condenar los regímenes que desagradan al

marxismo y bendecir la «teología de la liberación». Tampoco para beatificar la declaración de

los Derechos Humanos. El Papa ha ratificado la posición inalterable de la Iglesia, su misión en

el mundo y su repudio de cualquier intento de secularización, así como de cualesquiera

excesos políticos que vulneren u ofendan el mensaje de Jesucristo.

La UCD ha hurtado a los españoles lo que cientos de millones de personas han podido

contemplar en todo el mundo. La UCD ha censurado al Papa. La UCD ha tenido miedo a que

los católicos españoles descubran la verdad y comprendan, precisamente a través del Papa,

que don Marcelo González tenía razón. La UCD ha dado la verdadera dimensión de su

sectarismo y de su brutal subordinación a las presiones de los partidos marxistes. La UCD

asesinó definitivamente la libertad y secuestró la verdad. La UCD está contra el Papa.

Ismael MEDINA

 

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