Autor: JASA. 
   Ha nacido el "Eurosuarismo"     
 
 El Alcázar.    03/02/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

HA NACIDO EL «EUROSUARISMO»

(el tamiz dé los partidos)

El secretario general de las Naciones Unidas ha enviado un telegrama de respuesta al presidente del

Gobierno en el que agradece «la dedicación del Gobierno a los derechos humanos». Sería conveniente

saber si los catorce asesinatos producidos en lo que va de año —libres, por fin, de la «opresión

totalitaria»— son un exponente de esa «dedicación» por los derechos humanos. Menudencias aparte,

Suárez ha ido a Estrasburgo a obtener, según los apologistas de turno, su «consagración europea».

¿De qué forma quería conseguirla? De la lectura del discurso se extrae, sobre todo, una fundamental

conclusión: su reiteración. El presidente no dijo nada nuevo en Estrasburgo. Fue con el deliberado

propósito de ganar puntos —«credibilidad»— vendiendo una determinada imagen de España y una

determinada interpretación de la transición política. Sin embargo, el discurso parece elaborado mucho

más para la audiencia española que para el muy escéptico público del Consejo de Europa.

La venalidad electoralista tampoco podía estar ausente en el momento supremo en el que el artífice de la

ruptura va a ser sometida a verdicto popular, como muy bien ha recordado Arias Salgado. Por eso los

autores del discurso presidencial se han movido en el más estricto lenguaje diplomático, utilizando los

términos más adecuados para decir nada. Hay personas que a esta especie sutil de ambigüedad,

evocación, parsimonia y banalidad le llaman «temple de estadista». Suárez se movió, efectivamente, en

todo momento por el dominio suprasensorial de lo etéreo y evanescente, sin descender siquiera a dos

puntos tan preceptivos como la CEE y la OTAN, limitándose a sentenciar enfáticamente frases

perdurables como ésta: «Europa deberá contar con España porque los españoles somos europeos.»

La expresión, qué duda cabe, se merece un marco de plata. De todas formas, cabe apostillar algunos

extremos de ésta nuestra presentación en la sociedad europea. El presidente dijo que «la reforma fue la

superación del esquema que condujo a la guerra civil». No mencionó el presidente en qué medida esa

reforma está creando en España y, especialmente, en algunas provincias una situación real o latente de

guerra civil. Proclamó Suárez su propósito de que «ningún español, cualquiera que fuera su origen

ideológico, pudiera quedar marginado de la constitución del futuro democrático».

Las recientes restricciones de RTVE para que sólo los «grandes» puedan expresar debidamente su

programa electoral, no lo confirma precisamente. Como tampoco lo subraya la plasmación en la Ley

Fundamental de un sistema electoral excluyente de minorías. Y la habitual conducta de desprecio,

marginación y abandono de UCD hacia las «fuerzas extraparlamentarias» durante la elaboración de la

Constitución más bien lo desmiente. Pero, quizá, más importante habría sido que Suárez h ubrera

explicado a tan selecto auditorio las razones por las que más del treinta por ciento del electorado se

automarginó de ese «futuro democrático» en el referéndum.

• Su «homenaje a los partidos políticos españoles» resulta fácilmente explicable, habida cuenta de la

complicidad manifiesta otorgada por casi todos ellos para culminar esa reforma. Lo único sustantivo,

quizá, de su alocución, es que Suárez proclamara que «la política del consenso no será ya posible ni

necesaria en los mismos términos». Conviene anotar bien la frase porque puede ser útil a la vista del

escrutinio electoral, sobre todo, si el presidente no rebasa esos deseados 176 escaños. De otro lado, el

número 1 de UCD sentenció esta expresión lapidaria: «La supresión flagrante de los derechos humanos

fundamentales, allá donde tenga lugar, constituye una amenaza a la paz.»

Habida cuenta del allanamiento y conculcación de qué son objeto por grupos e individuos varios derechos

humanos de España, como el de la vida, seguridad, propiedad, libertad de expresión, trabajo, vivienda

digna, libertad de enseñanza, etcétera, debemos coincidir con el presidente Suárez que nuestra Patria es,

precisamente, uno de esos lugares donde se encuentra amenazada la paz. Tan ajustado vederícto exigiría

también un remedio igualmente puntual para remediar esa amenaza. La ocasión que le brindaba el

Consejo de Europa debería haber sido todo un aliciente para nc limitarse a proclamar conceptos, sino

aplicarlos sobre su inmediata realidad. El discurso de Estrasburgo, sin embargo, tiene su párrafo más

exigente en estos términos.

«España no vacila a la hora de defender su un ¡dad politice, el derecho a la vida de´ sus ciudadanos y el

imperio de la Ley. Y que si el terrorismo causa dolor y causa víctimas, no podrá jamás obtener victorias

políticas.» Muy largo se lo fía el presidente cuando ya ha obtenido la primera: el miedo. El temor ha

impuesto una nueva forma de coacción que está dinamitando esa unidad, esas vidas y esa Ley que Suárez

dice preservar. No cabe duda, desde luego, que Suárez, cansado quizá de asombrar al mundo desde

España, haya querido colmar el asombro de los españoles desde Estrasburgo. Efectivamente, lo ha

logrado.

JASA

ANALES DE LA PARTITOCRACIA

 

< Volver