Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Preeminencia comunista     
 
 El Alcázar.    02/02/1979.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Crónica de España

PREEMINENCIA COMUNISTA

LA crisis italiana de Gobierno ha servido para recordar que el arbitro de la situación es el

partido comunista. Andreotti se ha visto obligado a dimitir cuando el PCI lo ha creído

conveniente. Los comunistas pondrán nuevas condiciones y el «compromiso histórico» dará un

paso más adelante. Es la primera respuesta en profundidad de la Unión Soviética a la ofensiva

espiritual de la Iglesia Católica contra la metódica descomposición moral de Italia.

El primero de los tres objetivos de la estrategia expansiva de la URSS es, no se olvide, el

«debilitamiento político, ideológico y moral de Occidente». Italia constituye un ejemplo

inequívoco del proceso subversivo de que la URSS se vale, a través dei partido comunista,

para aniquilar las resistencias sin demasiado estruendo. Pero no debemos desconocer la

tremenda culpa que cabe a la democracia cristiana y al socialismo. La degradación política,

ideológica y moral en que se ve sumergida Italia y el dominio por el partido comunista de los

centros nerviosos del Estado italiano, se deben fundamentalmente a la estolidez de ambos

partidos y a la introducción del centroizquierda como fórmula de Gobierno de coalición. Italia ha

llegado a la actual situación como resultado inocultable de la política del consenso.

La crisis italiana de Gobierno se produce en vísperas de las elecciones en España y cuando

éstas se plantean de antemano como una justificación para el establecimiento de un Gobierno

de coalición entre UCD, versión picara de la OCI y PSOE. Quienes hemos vivido de cerca el

proceso italiano de descomposición subsiguiente al compromiso entre centro e izquierda y a la

cabalgada del consenso, disponemos de elementos de Juicio suficientes para temer la

reiteración española de ese deleznable fenómeno político. Insisto una vez más en que los

italianos, merced a su escepticismo, son capaces de alargar por varios años aquello mismo que

los españoles apuramos de un sorbo a causa de nuestro mesianismo.

A traves de la actividad practica del consenso los españoles nos adentramos después del 1 de

marzo en la experiencia de un Gobierno entre el centro y los socialistas o entre los dos centros

—el de Suárez y el de Fraga— y los socialistas. Conviene por ello no desconocer la verdadera

entidad de la posición comunista. A este propósito puede leerse en las actas del VIII Congreso

del PCE: «El respeto a unas reglas de juego democrático no significa*integrarse en el sistema

social capitalista y aceptar la inmutabilidad de éste; no significa consenso a este sistema.

Significa que mientras las reglas democráticas sean respetadas por los demás, nosotros

desarrollaremos nuestra lucha contra el sistema capitalista, dentro de ellas.»

Este torvo doble juego comunista de aprestar un rostro democrático al tiempo que

subrepticiamente socava la democracia, me parece que está bastante a la vista en la actual

coyuntura española. Carrillo y sus lugartenientes representan la comedia democrática con

inaudito desenfado, en tanto la parte oculta del iceberg destruye los ya débiles cimientos del

sistema. Quien mire en torno suyo sin prejuicios y alcance a otorgar su verdadera dimensión al

oleaje de las huelgas, al terrorismo de toda índole y a tos restantes mecanismos del proceso

revolucionario en marcha, podrá comprender el significado dramático de este otro pasaje de las

citadas actas: «Nosotros no renunciamos a la violencia revolucionaria; pero se trata de

violencia de masas, apoyada en masas, que en determinados momentos puede ser necesaria,

indispensable. Los hombres aguerridos, preparados para este tipo de violencia se forman en

las manifestaciones y comandos, en los enf remamientos con las fuerzas represivas, en la

acción cotidiana de lucha, cada día más elevados. Adquieren el conocimiento de las armas,

que un día puede serles útil, en el Ejército, al que van con la idea, no de matar el tiempo, sino

de aprender a ser buenos combatientes.»

Se argüirá por algunos que el «eurocomunismo» ha cambiado la posición revolucionaria del

partido comunista. Pero debe valer de advertencia la reiteración de ciertos personajes

comunistas en ratificar cuando conviene a Moscú que la familia marxista permanece unida.

Además: ¿seguiría financiando la Unión Soviética a los partidos comunistas europeos con tan

deslumbrante prodigalidad en el caso de que le fueran infieles? Es absurdo creer que el PCE

obtiene de sus militantes los formidables recursos financieros que su actividad evidencia.

La URSS no paga en balde. La disciplinada obediencia de los partidos comunistas a la matriz

soviética sigue siendo tan rigurosa como antaño. Ello invita a tomar en consideración este juicio

de un especialista: «La implantación del eurocomunismo en Europa llevaría a las mismas

consecuencias que una invasión soviética.»

España también está en Europa a esos efectos. Pero en España el partido comunista posee

mayor capacidad de presión sobre el Gobierno que incluso en Italia. Así lo confirma un estudio

realizado sobre la situación política de España:, «Se ha dicho que la influencia del partido

comunista en la nueva Constitución y, en general, en las decisiones del presidente del

Gobierno son muy superiores al peso que tuvo en las urnas. La causa principal de ello es la

habilidad de Santiago Carrillo, cuya capacidad política le sitúa por encima de la mediocridad de

los actuales gobernantes... Si el proceso continúa, España puede convertirse en una nación

socializante.»

En conclusión, el voto a la UCD, el voto a Suárez, es un voto regalado al proceso

revolucionario marxista.

Ismael MEDINA

 

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