Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   "Aladino se apunta a la ETA"     
 
 El Alcázar.    07/08/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

OPINIÓN

ALADINO SE APUNTA A LA ETA

NO es preciso tener dotes de adivino; basta, simplemente, con conocerse el paño. ¿Lo ven ustedes como

el Gobierno ha cedido ante la ETA? Sólo unas horas han mediado entre la amenaza etarra de contar lo que

sabe y el comienzo del traslado de los presos desde Soria.

ME cuenta un amigo vasco que el otro día se encontró en su pueblo con un cura separatista y le preguntó

si estaba contento con el Estatuto.

Migajas —respondió el sacerdote— sólo migajas, conseguidas con nuestras metralletas.

Esta vez, no. Esta vez, precisamente, los terroristas habían lanzado por delante que daban por terminado

su ataque con goma-2 fuera del País Vasco. No nos revelaron cuáles iban a ser las nuevas armas a

emplear, pero su último comunicado era muy expresivo: el chantaje. La ETA comenzó a narrar con pelos

y señales cuáles habían sido sus tratos con el Gobierno. Estaba claro que era sólo el primer capítulo de

una novela apasionante, cuya publicación resultaba insoportable para el Poder. «De separatismo, nada»

prometió Suárez en una ocasión que todos los españoles recuerdan. Con que nada, ¿eh? Y todavía hace

sólo unas horas juraban por lo más sagrado que no había habido contacto alguno con los terroristas.

Bueno, pues ya están saliendo de Soria los presos etarras camino de su tierra, donde sus mamas podrán

visitarlos todas las tardes, donde su presencia tendrá mayor eficacia política y donde su liberación es

mucho más fácil.

EN efecto, el Gobierno resulta más débil ante ciertas verdades que ante el terrorismo. La carrera de

muchos políticos podría ensuciarse con tanto fango, de la noche a la mañana, que a lo mejor era a ellos a

quienes tenían que visitar sus mamas todas las tardes. Los españoles no nos vamos a quitar de encima a la

ETA tan fácilmente, pero los políticos, tampoco. Compréndalo el Partido Nacionalista Vasco. Porque

ahora quisieran despedirse de un compañero de viaje tan sumamente incómodo y no pueden. Pues lo

mismo le ocurre al poder central, lo mismito. De ahora en adelante, es decir del Estatuto en adelante, la

ETA necesitará disparar menos y amenazar más para conseguir lo que desee. En el chantaje acaba de

encontrar su lámpara de Aladino. Precisamente por eso reclamo el cambio de Gobierno, ahora. Este

Gobierno está atrapado y no podrá escapar.

MIREN ustedes por donde, el Gobierno amenaza con el Ejército a la ETA y la ETA se pone a la

recíproca. Porque es la unidad de España loque han comprometido entre ambos. A cualquier precio hay

que echar tierra sobre este asunto, a cualquier precio; a ver, ¿qué hacen ésos muchachos que no empiezan

a gritar: «¡Estatuto, Estatuto!» lo más fuerte posible hasta tapar este escándalo? ¡Más alto, por favor, que

lo oiga Suárez desde el Brasil! «¡Estatuto, Estatuto, Estatuto!»

GANA el separatismo, gana el terrorismo. Ganan, además, de forma tan escandalosa, en una retirada tan

vergonzante del Gobierno, que uno siente rubor al contarlo. No, con el Estatuto no termina absolutamente

nada, señor Suárez; por el contrario, empieza todo. Empieza el último acto de la gran tragicomedia vasca.

Ya están sobre la escena el coro de caciques, el coro de banqueros, el coro de curas, el coro de burgueses

reaccionarios, que van a unir sus voces en la escena final, para llorar hipócritamente la sangre derramada.

SINCERAMENTE, amigos españoles, ¿vamos a dejar que la obra llegue al desenlace? ¿Vamos a dejar

sólo al pueblo que protegimos siempre, a través de los siglos, hasta tal punto que a él no llegaron las

invasiones? Ahora lo han invadido unas fieras disfrazadas de vascos; ahora estamos entregándolo, ahora,

con el pretexto de que la cuestión es entre ellos. Hundida su economía, erizados sus odios, tenso su

miedo, los vascos se preguntan desde la angustia:

¿A qué está esperando España?

Joaquín AGUIRRE BELLVER

 

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