Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Testimonio del pacto     
 
 El Alcázar.    07/08/1979.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Testimonio del pacto

CATORCE presos de la cárcel de Soria han salido ya camino de las cárceles del «Gobierno

Autónomo de Euska-di». La noticia, tan sencilla, breve y elemental, no deja lugar a dudas: el

Gobierno de Suárez había pactado con la ETA. No importa si fue directamente, en París y en

Madrid, simultáneamente, a nivel de servicios de la Presidencia y de ministro de Defensa, o si

fue por intermediarios del rango de Garaicoe-chea, por ejemplo. La única verdad objetiva es

ésta: ETA (p-m) exigía la devolución de sus terroristas detenidos a las provincias vascongadas,

a cambio de cesar en las acciones contra el turismo; ETA (p-m) anunció el pasado día 2 que

«por el momento no pondrá más bombas»; sólo tres días después de este anuncio, el Gobierno

ordena que los terroristas detenidos salgan de Soria con destino al territorio autónomo.

¿Alguien lo quiere más claro?

A la !uz de estos acontecimientos adquiere una dimensión brutal la afirmación hecha por

Eleuterio Sánchez, (a) «El Luto», en la Universidad Menéndez y Pelayo, en un curso capaz de

humillar el espíritu universitario, pese a la triste condición de indigencia intelectual en que está

sumida la Universidad. «El Lute», uno de los más conocidos beneficiarios de la reforma

hotelera de García Valdés, titular de una holgada libertad vigilada, ha adusado a la progresía

pancista y aprovechada reunida en el curso sobre agresividad informativa: «Si hubiese matado

cuatro guardias civiles, seguro que estaría en la calle.»

¿Cuántos generales, jefes, oficiales, suboficiales, guardias civiles, policías armados,

inspectores de Policía, concejales, empresarios, funcionarios, trabajadores y mujeres tiene en

su haber el terrorismo con el respaldo de cuyas metralletas ha sido arrebatado el «estatuto de

Guernica» a un Gobierno débil, pactista e incapaz? Pues ya ven cómo toda esa sangre se

convierte en el precio que los españoles hemos pagado por la autonomía de las Vascongadas,

por los chalanees de la Moncloa, por el extremo debilitamiento de la unidad de España, por la

hipoteca de la soberanía del Estado y, en fin, por la impunidad de que gozan los componentes

de una organización criminal.

Oirán ahora los portavoces de la Moncloa que no ha habido ninguna cesión y ni tan siquiera

correspondencia al anuncio de ETA (p-m) del cese en la colocación de bombas en las zonas

turísticas, ya que a la lucha armada está bien claro que la ETA no ha renunciado. Dirán que la

entrega de los presos de Soria al regazo amable del Consejo General Vasco es sólo un hecho

normal en el marco del «estatuto de Guernica». Dirán que se trata de una saludable medida

democrática, en favor de la reconciliación entre los pueblos de España. Dirán cualquier

machada de las que son habituales para encubrir cesiones culpables. Pero la verdad la ha

dicho «El Lute»: «Si hubiese matado cuatro guardias civiles, seguro que estaría en la calle.»

No será el Gobierno Suárez el que ponga a los terroristas en la calle ni el que deba firmar

amnistías. El Gobierno Suárez podrá presumir que se ha limitado a aceptar uno de los

presupuestos de reconciliación, sugeridos por Ga-raicoechea y reclamados por la democracia.

Para la amnistía, para abrir las puertas a los terroristas, para declararlos inocentes, para su

reintegro a «la lucha por la independencia de Euskadi», para cumplir todo lo exigido por la ETA

en el pacto, están el Gobierno, la Justicia y las instituciones del País Vasco. Suárez

intentará justificarse atribuyendo la libertad de los terroristas, la cual se producirá todo lo más

después del referéndum, a la libre decisión de las conspicuas autoridades autónomas.

Pero todos sabremos que la responsabilidad de que los terroristas estén en libertad y los

asesinos anden sueltos es suya. Suya y del Gobierno. Suya y del Parlamento. Suya y de un

sistema que no sirve para evitar la arbitrariedad y el despotismo de los políticos y de los

partidos. Menos todavía, para garantizar el orden y el respeto a la ley.

Los catorce presos de Soria, a los que seguirán los restantes, han sido llevados al paraíso de

impunidad de la autonomía cuando ya Suárez volaba para su regodeo inútil por Iberoamérica y

su nuevo intento de conseguir de Herrera Campins que respete los negocios hechos por

determinadas empresas a la sombra siniestra de Carlos Andrés Pérez. Si las cosas se ponen

mal, Suárez se autoexculpará, casi con toda seguridad: «Tomaron la decisión mientras yo

estaba fuera.» Es su manera de hacer. Es su manera infantil y tosca de eludir

responsabilidades.

Suárez se ha ido a Iberoamérica, ha huido una vez más hacia adelante, dejándonos hecho el

«estatuto de Guernica», concluido el «estatuto de Sau», en marcha el cumplimiento de lo

pactado con o sobre la ETA y con España más envilecida aún. En un bar, mientras Televisión

daba su llegada de plaiboy a Río de Janeiro, un hombre del pueblo ha prorrumpido: «¡ Ojalá

que no vuelva!». Yo no digo tanto. Asumo lo escrito por Luis Jáudenes: «No tenemos derecho a

dejar que España se hunda, y lo estamos haciendo.»

Ismael MEDINA

 

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