Autor: Salas, José Luis. 
   La taza y la sopera     
 
 El Alcázar.    07/08/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

LA TAZA Y LA SOPERA

LUCHAR contra las culturas de los pueblos, hacer desaparecer lenguas o dialectos, basando la acción en

política, es una aberración. OBLIGAR A TODA España a expresarse en catalán o vasco y, si no, privar al

personal de toda oportunidad en siete provincias, es una monstruosidad.

Los catalanes, cierto es, siempre han cuidado de la lengua regional y la han compartido siempre, de buen

grado, con el román paladino. En Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona, siempre se ha hablado en

catalán y en castellano. En Guipúzcoa, Vizcaya y Álava no se habla vasco, de forma generalizada, desde

hace muchos años, tantos que superan con creces los famosos cuarenta de oprobiosa. Como tampoco se

habla latín en el viejo imperio romano.

Llegada la «democracia» se han politizado los idiomas. Vascos y catalanes —los separatistas, claro—,

quisieran .desarraigar de su pueblo el idioma de Cervantes y, lograrlo, legalizando la idea por medio de

los estatutos. Y llevan buen camino para conseguirlo...

Algo así ocurrió en la Gran Bretaña donde Gales, Escocia e Irlanda del Norte deseaban unas autonomías

civilizadas con respecto a la capital. Allí no se cerraban las puertas al autor de Hamlet —que vienea ser el

equivalente de nuestro Quijote—, sino que se pretendía cuidar los idiomas regionales.

Galeses, escoceses e irlandeses pidieron al Gobierno ayudas para tal fin, y Londres las concedió. Pero

hete aquí que algún apasionado del separatismo exigió más: programas de la televisión estatal en idioma

indígena, emisiones de la BBC de igual modo, etcétera. Bien, pues el Gobierno —antes de comenzar a

redactar los proyectos de ley sobre autonomías— cedió a las peticiones de los más virulentos

politizadores del idioma.

¿Queréis una tacita de caldo? Pues ahí está la sopera.

Las emisiones de televisión y radio para esas zonas comenzaron a realizarse en idioma vernáculo

regional. Y lo que al principio gustaba, indigestó.

Y eso que en Gales, por ejemplo, se habla mucho más el idioma-reliquia. que en nuestras provincias

vascongadas, a pesar de las ikastolas.

¿Vascuence en Guipúzcoa, Vizcaya y Álava? Pues, déselo el Gobierno, pero a todo trapo.

Que las emisoras da radio no trasmitan nada más que en vasco, que la TV no haga otra cosa distinta que

programas en esa lengua, que los periódicos editados en esa parte de España se publiquen en lengua

vascongada. Y como el castellano es proscrito por maketo y opresor, que no entre ni una publicación , ni

una onda en ninguna de las tres provincias en el idioma cervantino.

No pasaría mucho tiempo sin que los que ahora piden caldo se hartaran de la sopera.

¿O es que el señor Bandrés —que dice bai en el Parlamento a la política disgregadora del Gobierno—, no

iba a ponerse al frente de la manifestación multitudinaria que se formaría en San Sebastián, Bilbao o

Vitoria, solicitando comprensión y prudencia en la promoción del idioma?

Resultaría muy lógico tal postura ya que el representante de Herri Batasuna no sabe una palabra del

ancestral idioma que él tanto ha politizado.

El contenido de la sopera idiomática que anteriores gobiernos británicos hicieron tragar a galeses,

escoceses e irlandeses separatistas ha sido la principal causa de que don James Callag-han —que quería

ceder a la disgregación—, perdiese el referéndum de autonomías. El referéndum, el Gobiernoy gran parte

de su prestigio, en el seno de su partido.

Aquí, van a perder hasta los calzoncillos, pero... por todo lo contrario.

José Luis NAVAS

 

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