Autor: García Serrano, Rafael. 
   Paisaje con parados y paredes     
 
 El Alcázar.    31/01/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

OPINIÓN

31-enero-1979

PAISAJE CON PARADOS Y PAREDES

MARTES, 30 DE ENERO.

La «troika» —conjunción consensúa) que con peluca o sin ella viene gobernando a España desde hace

casi tres años— marcha a toda velocidad hacia una arqueologización de España. Como Franco alfabetizó

a nuestro pueblo, hay más pintadas que nunca, porque cada español lleva dentro un escritor, por muy

autonomista o separatista que sea, y como no hay periódicos, ni revistas, ni proclamas, ni semanarios, ni

editoriales para todos, con los modernos pulverizadores o pistolas —de pintura, ojo—, o con el antiguo

almazarrón, que viene de Altamira, se lía a dejar muestras de su literatura en paredes, puertas excusadas y

subterráneos o pasadizos de todo género, porque al fin y al cabo el español es tímido y además tiende a la

caverna, sin duda por refugiarse.de los rayos de su ardoroso sol. Esa enorme caverna que nos cobija a

todos, desde el anarquista al comunista, desde López Rodó a Reguilón, desde los racistas a los

tradicionalistas, los falangistas, los comunistas, los 007, los de ARDE y los del ABC.

En este terreno la «troika» ha batido las marcas nacionales más antiguas que se conocen, incluidas las del

período 30-36. Ai amparo de los muros urbanos, al sol o a la sombra de las plazas de pueblo y más tarde

incluso en carreteras y caminos vecinales, la Segunda República puso de moda la acusadora tristeza de los

parados, en torno a una pobre manta —a veces sujeta con piedras para evitar el trabajo de los vientos

marceros, que en algunas regiones duran doce meses— y como un grabado sin pie, un «sin palabras»,

porque todo estaba expresado en las caras pálidas, los ojos apagados, sólo encendidos a ratos por un justo

fulgor de ira, la vestimenta pobre, raída, de aquellos hombres sin pan y sin esperanza. También aquí la

«troika» ha mejorado la situación, porque la ha extendido a términos nunca igualados.

Se calcula que descontando a don Francisco Largo Caballero, del PSOE, el peor ministro de Trabajo que

ha conocido España no es el actual titular de la cartera —que por cierto, ya tiene crédito facial de

parado—, sino todo el Gobierno UCD y sus cómplices en la «troika», sin excluir organismos tan

eficazmente operativos en los problemas de primera necesidad como el Congreso, el Senado, las CC.OO.

y la UGT. Aquí no se impone la Ley ni al terrorismo, ni a las centrales sindicales ni a las patronales. Pero

se receta Constitución para desayuno, comida y cena, dentro, naturalmente, de las hermosas viviendas

sociales que ha levantado por doquier—va muy bien lo de doquier aquí, porque suena a muy antiguo, fané

y descangallado— el ilustre joven Garrigues que lleva OP y Vivienda. (OP, en este caso, es Obras

Públicas y no Orden Público, que es competencia de Martín Villa, el ministro que ha convertido en santo

a don Santiago Casares Quiroga, en Bismarck a don Eloy Vaquero y a Mariano de Nicolás en el doctor

Goebbels de Interior, del mismo modo que el presidente del Consejo, señor Suárez, ha rebasado la

incompetencia que hizo famoso a Kerensky y los gustos pirómanos del emperador Nerón, contemplando

impasible el incendio de España.) Acaso por eso vaticinó Ordóñez, don Francisco, allá por noviembre

pasado, que «con esta Constitución, Cristo no hubiera nacido en un pesebre ni hubiera muerto en la

Cruz».

Es fácil que la burocracia y clientela de la «troika» hubiera tenido ocupados todos los pesebres y clavada

a España en las innúmeras cruces de las nacionalidades, los países, reinos, regiones, provincias, taifas,

cantones, tribus y ciudades libres, de modo que con la UCD, Cristo no hubiera nacido sin previo permiso

que ya se hubiera ocupado de no conceder el señor Hernández Gil— y por esa razón no hubiera podido

morir, tanto del que Suárez hubiese pasado la cuenta a Dios Padre y al Espíritu Santo, en compañía de los

gentiles Carrillo y Felipe.

«Caritas» acaba de ponernos al corriente de que muchos español ¡tos —de esos a las que las dos Españas

les parecen algo ridículo desde que conocieron el intento, ya rematado por la «troika», de conseguir una

España unida, en progreso, prosperidad y orden— piden ropa vieja, ropa usada, lo cual, según la propia

«Caritas» no ocurría hace treinta años.

De ese fondo de miseria, desesperanza y rabia surgirá de nuevo el ansia de la España unida, de la única

España, déla fuerte y saludable España. Y eso, acorto, medio o largo plazo, no hay «troika» ni rey ni

roque que lo impidan. Rafael GARCÍA SERRANO

 

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