Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   El golpe de Estado y otros golpes     
 
 El Alcázar.    31/01/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

EL GOLPE DE ESTADO Y OTROS GOLPES

NO entiendo por qué José Mario Armero llama liberales a los Ejércitos que no sienten la

necesidad ni la tentación del golpe de Estado; aquí I os sopapos han venido de liberales, de

carlistas, de moderados, a derecha, a izquierda, en directo s la mandíbula, en cachiporrazo y

en todas las formas de golpear imaginables. Ya me lo explicará la próxima vez que nos

veamos. Entretanto, lo primero, mi felicitación por haberse atrevido con un tema así, donde el

resbalón puede ser tan peligroso. Hay que echarle valor. Aunque se haya ¡do a lo facilito, que

es decir que no, que el golpe de Estado está muy feo. quitándose de complicaciones. Cuando

se trata de uno de los asuntos más endiabladamente enrevesados de la política de nuestro

tiempo.

PARA tomar la salida, hay que decir que el golpede Estado no es una exclusiva militar.

Estarnos en la era de las revoluciones, donde para la conquista del poder vale todo, tanto las

urnas como la presión de las masas como el chantaje económico-social como la más depurada

violencia; todo. Primero empezaron los liberales, José Mario, los liberales, para llegar, la

revuelta, y para sostenerse, la guillotina; después, los marxistes, en toda su extensa gama

familiar, y finalmente, como respuesta a la revolución rusa con sus propias armas, el fascismo.

«Por los votos o por la fuerza» ha sido la consigna común a todos ellos.

Un periodista inglés, Robert Moss, ha pu-blicado un libro acerca de esta doble vía que la

democracia ofrece y hasta bendice para el acceso al poder. Su diagnóstico es que, sin tardar

mucho, universalmertte, la democracia habrá sido secuestrada por unos grupos revolucionarios

que al fin habrán encontrado el momento propicio para golpear, ganando unas elecciones o

lanzándose al asalto. Y se acabó la democracia, claro está.

Es asignatura obligada en toda entrategia revolucionaria, asignatura esencia!, la mejor forma

de atar las manos al Ejército para que no pueda defender el orden, la justicia, la autoridad y, en

suma, la libertad, cuando el momento llegue. Generalmente, los Ejércitos no golpean más que

cuando los Estados, indefensos ante la oleada revolucionaria, son incapaces de sostener esos

valores. De ahí, que el principal problema, el meollo de la cuestión, tanto en el orden ético

como el orden estratégico, es el cuando, en qué circunstancias existe no ya la posibilidad, sino

el deber de intervenir.

LA cosa parece estar clara cuando se trata de un asedio revolucionario violento a las

instituciones. Lógicamente, el marxismo no lo entiende así, al menos, mientras no está en el

poder, y sus doctrinarios siguen defendiendo la legitimidad del asalton cuando se hace en

nombre del pueblo». Para entendernos, siempre que sean ellos los que escalen las almenas

del castillo. Dejando partidismos a un lado este es el caso que ofrece menos dificultades; a

primera vista y de forma general, se entiende, porque nadie se presenta a sí mismo como un

tirano sin escrúpulos.

ESTA luego el caso de la mayoría que interrumpe los turnos en el poder, bastante más

delicado y hasta vidrioso. Aquí la pasión nubla las inteligencias; comprueben ustedes que los

mismos que defienden la obligación del Ejército alemán de derrocar a Hitler le niegan al chileno

todo derecho a derrocar a Allende, y viceversa.

Dentro de este capítulo hay que hacer un aparte para los casos de engaño evidente al

electorado y de suciedad maniobrera para impedir que la voluntad popular so manifieste. Sí,

hombre, si, esos señores que logran los votos diciendo lo que le gusta a la gente y hacen luego

todo lo contrario. Predican orden, unidad, libertad, justicia y, una vez encaramados, fomentan o

no reprimen la criminalidad, alimentan el separatismo, emplean el dinero o la fuerza del Estado

para callar toda oposición, toda crítica, y tratan de uiilizar la justicia en beneficio propio. Desde

la falsedad, e! engaño y la burla de los compromisos electorales pueden darse grados

sangrantes, y para juzgar habría que remitirse a cada uno de ellos.

EXISTE otro tema que, ya metido en harina, no debo eludir, aunque no implique sino

intervención generalmente localizada; me refiero al separatismo, expresamente condenado en

nuestra Constitución y en todas. Hoy sólo un ciego voluntario puede ignorar que el asedio a

nuestro Estado suma la vía legal del voto con la vía violenta de la acción de masas y con la

acción criminal del terrorismo separatista; es decir, vía legal, vía revolucionaria clásica y vía

bélica. También aquí lo importante es el cuándo debe producirse la intervención. Como no soy

autoridad en la materia, trataré de establecer la escala y que cada cual aplique su propio

criterio.

¿Cuándo intervenir? ¿Cuándo comienzan a difundirse y tomar entidad política las ideas

desintegradores? ¿Cuándo llegan a alcanzar nivel parlamentario, en clara contradicción

constitucional? ¿Cuándo llegan a tener clara influencia sobre el Parlamento? ¿Cuándo se

descubre que hay altas autoridades del Estado en connivencia o pacto o diálogo con e!

separatismo? ¿Cuándo lo arropa un partido o un complejo de partidos? ¿Cuándo se hacen

incitaciones públicas a la independencia y no-son perseguidas por el poder ni condenadas

siquiera? ¿Cuándo se ha creado un clima en el que todo patriota es vituperado públicamente,

aislado y prácticamente perseguido?

Está luego la escala del separatismo apoyado por si terror. ¿Cuándo intervenir? ¿Cuándo

comienza la amenaza y se producen los primeros síntomas de miedo? ¿Ante el gangsterismo

mafiosoy las cuotas del impuesto revolucionario? ¿Cuándo se declara la criminalidad en la

acción mediante atracos? ¿Cuándo se producen las primeras muertes? ¿Cuándo comienzan a

circular listas negras de patriotas condenados a los que se va a ejecutar? ¿Cuándo caen los

primeros servidores del orden? ¿Cuándo caen las primeras autoridades? ¿Cuándo ya la guerra

es abierta, pura guerrilla urbana, y el enfrenta miento es con el Ejército? ¿Cuándo la región

dañada se convierte en cabeza de puente para el ataque a todo el país? ¿Cuándo el dominio

lerritorial llega a ser absoluto, tan firme como el del Estado? ¿Cuándo se establecen

autoridades propias, encargadas de hacer permanente el terror, de fomentar delaciones, de

acusar, de sentenciar!" ¿Cuando se extiende esa organización al resto del país? ¿Cuándo se

descubre que detrás de todo ello hay un imperialismo exterior? ¿ ¿Cuándo los políticos se

declaran incapaces de hacer frente a los hechos? ¿Cuándo comienzan a negociar con el

extranjero en temas que son de pura soberanía?

RESPONDA cada cual a su buen juicio. Y, especialmente, José Mario Armero, a quien doy las

gracias por sugerirme, desde el dominical de ABC. un lema tan interesante.

Joaquín AGUIRRE BELLVER

 

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