Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   España o Suárez     
 
 El Alcázar.    02/01/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL ALCÁZAR

ESPAÑA O SUAREZ

1979 ha comenzado con una evidente merma de alegría, de sosiego y de esperanza en el

corazón de los españoles. La vacación periodística ha dejado sin apenas eco los últimos

asesinatos políticos del año. Dos trabajadores cayeron bajo las balas de ETA, obsesionada,

acaso, por redondear la cifra de cien crímenes antes que sonaran las doce campanadas

rituales. Se ha hecho visible en las calles españolas la huella nefanda de la gestión política del

Frente Popular Ampliado, bajo la dirección de Suárez. La sensación de inseguridad conseguida

por Martín Villa ahuyentó, en gran medida, las viejas muestras de euforia. La catástrofe

económica consumada al alimón por UCD, PSOE, PCE, UGT y CC.OO., impuso restricciones

notorias en casi todas tas mesas y en los afanes festivos. El desconcierto moral derivado de la

política moncloaca deterioró aún más el gozo de la Nochevieja, a medias" con la confusión

neoclerical en que se autodestruye un cierto sector eclesiástico. Los más optimistas se

deseaban para 1979: «¡Que el nuevo año no sea peor!»

Entramos en 1979 con un calendario de elecciones forzado por Suárez, a causa del miedo a

perder la investidura. Las elecciones generales del 1 de marzo y las municipales del 3 de abril

se realizarán bajo el signo del temor. Algún periódico extranjero calificó de osada la decisión de

Suárez y dijo de éste que es un político audaz. Quien conozca a Suárez y haya estudiado con

detenimiento su cambiante y movediza personalidad política, me dará la razón en esta

apreciación: la osadía y la audacia de Suárez son típicas de los grandes medrosos. Suárez

reacciona ante el peligro igual que si temiera volver a convertirse en aquel niño íntimamente

atormentado que ha referido alguno de sus antiguos condiscípulos. Su apego a las posiciones y

a los bienes conseguidos es poco común. Por ello resulta también poco común la extremosidad

con que propende a defenderlos. Quien desconozca esa razón profunda de la osadía y la

audacia de Suárez, difícilmente acertará a prevenir sus acciones.

El desplazamiento de Suárez hacia la convivencia con los partidos marxistas no provino de una

sosegada reflexión política o de un frío análisis ideológico. El instinto le avisó que no existía en

el paisaje político un personaje con capacidad de gobernante en condiciones de sustituir a

Franco y que, además, contase con la confianza institucional necesaria y con el respaldo de

quienes maniobraban desde el exterior en clave antifranquista. Suárez abandonó a tiempo el

imperativo testamentario de Franco, dejó en la cuneta con inaudita desenvoltura su plataforma

de UDPE y se hizo ver ante todas aquellas fuerzas como el hombre capaz de desmontar el

franquismo con el menor coste.

De esa peculiar capacidad de Suárez para identificar el destino de-una comunidad con el suyo

propio, provino el proceso peculiar a cuyas boqueadas asistimos. Consistió en trasformar la

reforma ofrecida al pueblo y deseada por éste, en ruptura no deseada por el pueblo pero

requerida por las fuerzas políticas internacionales, necesitadas de vengar su antigua derrota y

de «acomodar» la formidable plataforma estratégica que España configura. Es natural que

liberales, radicales, socialdemócratas, socialistas y comunistas se sientan satisfechos con la

gestión política de Suárez. Entre todas esas fuerzas políticas existen lazos comunes, intereses

compartidos e interacciones casi siempre escondidas. Suárez ha hecho posible todo lo que por

sí mismas no hubiesen conseguido fácilmente dichas fuerzas políticas. Suárez se ha convertido

en pieza clave de un mecanismo político de naturaleza paradójica: utilizar la inercia del

franquismo para aniquilar al franquismo y su obra.

Suárez se encontró de pronto contra la pared y descubrió que la transitoria introducida con

violencia formal en el texto de la Constitución, podía conducirle a la derrota. Creyó ver que

podía vacilar la mano última de que pendía el protocolo de la investidura. La convocatoria de

elecciones no es otra cosa que un intento desesperado, no estrictamente osado o audaz, de

romper el cerco y de hacer ver a los partidos de dependencia internacionalista que todavía

tiene en sus manos la piel del asno. De la misma manera que aprovechó la inercia del

franquismo para dementarlo, intenta utilizar la inercia de la ruptura para ganar la partida a los

rupturistas. No como contrincante, pues conoce de sobra que frente a los marxistas no podría

supervivir, pues perdería el apoyo de todo lo que hay tras de Giscard, cuya fuerza se está

demostrando en Irán. Suárez pretende ganar la baza electoral a los marxistas, con el único fin

de consolidar su posición, hoy tan en precario, de líder indiscutible del Frente Popular Ampliado

y arbitro de la continuidad monárquica.

El único peligro que existe para Suárez y que Suárez conoce, reside en la eventualidad de una

fuerte reacción defensiva del pueblo español, en torno a una oferta unitaria de las fuerzas

políticas nacionales, sin distinción, susceptible de hacer ver a los electores la trágica alternativa

en que se encuentran: España o Suárez. Esa es la razón de que las elecciones generales y las

municipales hayan sido calculadas sintiendo a las fuerzas políticas nacionales como peligro a

batir y a los partidos materialistas y marxistas, es decir, a los partidos de dependencia

internacional, como llamados a integrarse en una «coalición democrática», bajo la presidencia

de Suárez. Los resultados del referéndum y los sondeos de opinión demuestran al Frente

Popular Ampliado las enormes posibilidades que tendría una sólida coalición de fuerzas

políticas nacionales, de derecha a izquierda, sin distinciones, cuyo propósito proclamado fuese

restablecer el orden, la normalidad y la salud económica que el Frente Popular Ampliado ha

destruido, además de los fundamentos de la unidad nacional y de la soberanía patria. De ahí

que Suárez haya calculado los tiempos de la convocatoria con el decidido propósito de hacer

materialmente imposible esa coalición salvadora.

Creo que está bastante claro el deber de todos los españoles que pretendamos salvar a

España de la miseria, de la esclavitud y del envilecimiento.

Ismael MEDINA

Crónica de España

 

< Volver