Autor: JASA. 
   Sólo hay una derecha     
 
 El Alcázar.    02/01/1979.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

ANALES DE LA PARTITOCRACIA {el tamiz de los partidos)

SOLO HAY UNA DERECHA

José María de Areilza ha dirigido, a través de un artículo en ABC, una nueva llamada de súplica

a La Moncloa para alcanzar, «unidos, el 40 por ciento del voto emitido» en tas próximas

elecciones generales. Entiende el conde de Motrico que centro y derecha, «separados, y en

lucha enfrentada, ninguno de los dos llegará a sobrepasar el 30 por ciento». Es necesario

examinar la tesis que mantiene el quizá principal artífice de la llamada Confederación

Democrática Progresista, porque, posiblemente, nos permita abocar a esta conclusión: sólo hay

una derecha, que es la que acepta definirse con tal nombre bajo el líderazgo de Silva,

Fernández de la Mora y Jáudenes, entre otros. Lo otro, ese eufemismo dederecha camuflada y

de centro frustrado, no es más que una ensoñación, mitad rencor y mitad protagonismo, en

espera de las migajas que puedan caer de la mesa del poder. Asombra, por múltiples motivos,

la postura del señor Areilza.

En primer lugar, por la vanagloria con que exhibe su indefinición. Se precia Areilza de no tener

más espacio político que ei del electorado que nos vote. Decir esto es una incomprensible

incongruencia, primero porque equivale a decir que el embajador carece de la menor

personalidad política propia, sin criterio ni convicciones, y, segundo, porque es absurdo pensar

que el electorado puede votar ni a Areilza nr a nadie si previamente nos« le formula una serie

de ofertas concretas a las que prestar su adhesión. Al hilo de esta postura, podría ocurrir que

su Confederación Democrática Progresista oscilara de lo liberal a lo comunista y de lo socialista

a lo democristiano sin más requisito que el mandato de sus electores. ¿Se imaginan ustedes la

jugada que podría ocurrírsele a Carrillo ordenando a los comunistas que votaran a Areilza para

convertirle en líder del PCE?

En segundo lugar, está la estrategia de que quiere servirse Areilza para alcanzar una victoria

electoral. En su opinión, tal predominio sólo se puede conseguir mediante la unión de centro y

derecha. Pero habría que preguntarle y preguntarse: ¿Por qué el conde de Motrico sigue

concediendo entidad política a una coalición sin bases ni programa que únicamente se

mantiene por el ejercicio del poder?

¿Por qué insiste en pactar con una UCD cuya única fuerza estriba ahora en el control—es un

decir— del ejecutivo? Areilza titula su artículo estimando que estamos en «un nuevo

escenario», pero parece como si no hubiera comprendido todavía que la transición primera ha

terminado y que en la nueva etapa no podrán tener cabida medias tintas como UCD..., a no ser

que de/aran de ser centro para convertirse en derecha.

Evidentemente, esto es lo que pretende el primer titular de Exteriores de la Monarquía, pero tal

objetivo, además de contradictorio, es una antinomia y un oportunismo. Es contradictorio

porque resulta impensable imaginar que puedan considerarse efe «derechas» los llamados

«socialdemócratas» que pululan por UCD, por más cobijados qu« puedan estar por las

multinacionales. Es una antinomia porque el centro no puede ser derecha al mismo tiempo.

Y es un oportunismo por parte de Areilza el pretender servirse de la estructura gubernamental

para aupar su escalada, cuando debería probar su independencia y su diferenciación

presentando batalla a ese centro al que acusa de haber burlado a sus electores. Por este

camino, ¿acaso no se dirige él mismo a hacer otro tanto? A la vista de estas consideraciones,

hay que deducir que Areilza se ha equivocado, quizá confundido por el espejismo de La

Moncloa. La gran batalla que tiene ahora planteada la derecha es la de recoger todo el amplio

espectro moderado y conservador para integrarlo en una alternativa electoral consecuente.

Areilza, con sus llamamientos mendicantes a La Moncloa, está haciendo un flaco favor a este

objetivo, porque está confundiendo al electorado de derecha y porque coloca en su camino un

obstáculo que no es tal.

Como el propio Areilza manifiesta, «aquí nos conocemos todos, y resulta van o empeño

disfrazarse». Su pacto con Osorio y Fraga no es una alternativa de la derecha, sino una

tentativa tardía de recobrar el centro. Una tentativa, además, en la que juegan en enorme

proporción mucho más la peripecia personal úe sus líderes que las exigencias reales del

electorado a que quieren servir. En efecto, Ricardo de la Cierva ha descrito en su dudosa

Historia del franquismo la singular peripecia de hombres como López Rodó, Fraga y Areilza,

enfrentados primero en aquella grave crisis del 69, cristalizada en el caso Matesa, divididos

después en el Gobierno Arias e incomprensiblemente fundidos ahora, tras tan graves y

profundas diferencias.

¿Les une, acaso, tan sólo, una mera circunstancia de auxilio ante el naufragio común?

Es por eso por lo que se puede afirmar, con toda propiedad, que sólo hay una derecha. Lo otro,

el montaje de los firmantes del Pacto de Aravaca, podría consumarse difícilmente— en un

hipotético giro conservador (puramente circunstancial) de UCD, pero la concesión de unas

cuantas carteras ministeriales, aunque significara la culminación de ios deseos de tan tenaces

candidatos, no iba a representar, ni muchísimo menos, un gobierno de derecha. Por el

contrario, significaría que se habría echado una colosal mordaza sobre esa derecha. Cada cual

en su sitio, señor Areilza. Su puesto es el ala disidente de UCD. Deje que otros,

democráticamente, procuren una alternativa real de derecha para España.

JASA

 

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