Autor: Silva Muñoz, Federico (JUAN DE ESPAÑA). 
   III-El futuro de las vascongadas     
 
 El Alcázar.    06/09/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

EL ALCAZAR

OPINIÓN

6 - septiembre -1979

III-EL FUTURO DE LAS VASCONGADAS

ESTAMOS acabando la primera etapa del proceso constitutivo de una comunidad autónoma, la vasca.

Por ser la más conflictiva, creo que va a poner de relieve, de inmediato, si no lo ha puesto ya, la gravedad

de los términos constitucionales con la consagración del principio de las «nacionalidades» y la regulación

de las autonomías en su título VIII.

EL Estatuto vasco ha remachado, en su primera redacción que Euskadi era una realidad nacional, y la

pactada con el Gobierno que es una «nacionalidad», y no conozco ninguna nacionalidad que no se haya

convertido en Estado independiente a lo largo de la Historia, si exceptuamos las llamadas

«nacionalidades» soviéticas, ficticiamente creadas con fines de política internacional y férreamente

sujetas por el Partido Comunista a la unidad del Estado más monolítico y totalitario que ha conocido la

Historia.

CON el Estatuto se barre literalmente la lengua española del País Vasco hasta de sus carreteras, cuya

jurisdicción ha sido transferida al Gobierno vasco; asume dicho Gobierno, que ya no se llama Consejo

General, competencias propias del Estado español que según el artículo 149 de la Constitución,

corresponden «exclusivamente» al Estado; la seguridad pública pasa a depender de la flamante Policía

Autóctona; se otorga la inviolabilidad y la inmunidad parlamentaria a los miembros del Parlamento vasco,

privilegio exclusivo de los miembros de las Cortes Generales; se organiza una estructura de la

Administración de Justicia vasca paralela a la del Estado, contraviniendo el artículo 149, número 5 de la

Constitución; del Gobierno vasco dependerá su propia Hacienda autónoma; pasan a ser propiedad del País

Vasco todos los bienes y derechos radicados en sus territorios, aunque los hayan pagado todos los

contribuyentes españoles; la educación —punto gravísimo— se cede, sin más reserva que la alta

inspección sobre la misma, para que las ikastolas puedan seguir enseñando a los niños el odio a España

como hasta ahora, o aún en peores condiciones, porque lo podrán hacer impunemente todos los centros

docentes situados en el País Vasco.

Y por si fuera poco todo esto, el Estatuto declara que la aceptación del régimen autonómico no implica la

renuncia del pueblo vasco a los derechos que como tal le puedan corresponder en virtud de su historia y

de su voluntad de autogobierno, precipitándose los exegetas del texto, claramente definidos por sus

actitudes separatistas o de concomitancia con la ETA, a decir que esa declaración implica la posibilidad

de, en cualquier momento, hacer que el pueblo vasco se pronuncie sobre la autodeterminación, osea, opte

por la independencia.

ANTE la infracción constitucional que todo ello significa, me parece increíble que se haya podido aceptar

el Estatuto, sobre todo por quienes lo justifican basándose en que los Estatutos están previstos en la

Constitución, llegando, a renglón seguido, a declarar, coincidiendo con esta denuncia nuestra, que

contravienen el texto básico. ¿En qué quedamos? , ¿el Estatuto es o no es inconstitucional? Y si lo es,

¿cómo puede votarse afirmativamente sólo porque «in genere» la Constitución prevea el régimen

estatutario?

ASI las cosas, se va a someter ese Estatuto a referéndum del pueblo vasco, pero no del resto del pueblo

español. Creo que es imposible de explicar a los españoles que cuando se trata de un pacto entre los

llamados representantes del País Vasco y el Gobierno español, se va a un referéndum para consultar al

pueblo vasco. El Estatuto encierra un pacto, un acuerdo se le ha llamado con exhaustiva reiteración por el

Gobierno y los medios de comunicación, y ese acuerdo, ese pacto, celebrado entre los representantes

vascos y los del resto de España, se somete a ratificación mediante referéndum de una de las partes

contratantes, mientras la otra presencia inerme uno de los actos más graves, decisorios y dramáticos de la

historia contemporánea de España.

ES presumible que aprobado el Estatuto vasco por referéndum, constituido el Parlamento vasco y en

marcha Euskadi como Estado autónomo-independiente, los motivos de conflictividad con el Gobierno

español se multipliquen, dada la ambigüedad «consensúa!» del texto; que se produzca la exacerbación del

sentimiento nacionalista provocado por sus muñidores y amparado por la ley pactada; que contemplemos

el enfrentamiento de las posiciones más radicales con las, aparentemente, más moderadas, para forzar el

día de la independencia, así como la total y absoluta libertad de la ETA para actuar. En estas condiciones,

¿puede preverse lejana la fecha en que se planteará la independencia? Nadie lo piensa. Estoy seguro que

los responsables de la política vasca que utilizan un idioma en Madrid y otro allí, pronto hablarán uno

solo, el que usan en las Vascongadas. Y me parece —porque sino habría de pensar muy mal del

Gobierno—, que éste conoce también perfectamente el desenlace. Ahí estamos, no nos engañemos.

El país pasivo que contempla esta situación, debe tomar conciencia de ella.

SI gravísimo es todo esto, no lo es menos la realidad del País Vasco ideado para después de la

independencia por los más activos «conseguidores» de ella, y que constituye una mezcla de comunismo y

utopía. Oe sus escritos y declaraciones se desprende que piensan en un Estado férreo, bajo la forma de

socialismo popular con fuertes rasgos platónicos, pero a la vez sólidamente encajado en las ideas

concretas del comunismo. Van contra la industria que tanta riqueza ha dado al País Vasco, y hasta contra

los pinos como símbolo de la opresión a que, según ellos, han estado sometidos por el capitalismo y

España y que han roto el equilibrio ecológico de sus tierras y de sus ríos. Piensan en un Estado de

pastores, agricultores, ganaderos y pescadores.

Y como todo ello no da de sí para sostener un territorio superpoblado que hoy tiene un alto nivel de vida,

gracias a la industrialización, la respuesta tendrá que ser inmediata: la salida de los «maquetos» del País

Vasco, que volvería a reproducir el triste espectáculo del Vietnam, donde también se instauró un

Gobierno comunista que arrolló todas las posibilidades de libertad democrática en medio del regocijo que

creó la llegada de la paz, y que al cabo de muy poco tiempo expulsó a centenares de miles o millones de

gentes indefensas, comerciando con sus vidas y sus cuerpos a través de mafias que cobraron 140.000

pesetas por persona que salió del Vietnam, proporcionando a su Administración un importe de 3.000

millones de dólares de ingreso por este inicuo comercio, según los datos suministrados por Televisión

Española, y sin que ia teoría de los derechos humanos funcione en ningún país del mundo y clame contra

esta acción genocida, porque esos clamores se reservan para otras latitudes.

Federico SILVA MUÑOZ

 

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