Autor: García Serrano, Rafael. 
   El regreso de la horda     
 
 El Alcázar.    11/09/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

EL REGRESO DE LA HORDA

LUNES, 10 DE SEPTIEMBRE (79).

Ya ha regresado a Madrid la horda política, la gubernamental y la otra, la de recambio,

colaboración y consenso; horda que deja en mantillas a la rojo separatista, porque es ella la

que fomenta a ésta, la que la da de mamar a sus pechos, la que ia mima, la que la educa en el

halago, la que se somete a sus rabietas, la que entrega a cántaros la raíz, el decoro, la

vergüenza y el honor de España. Regresa la horda de sus invitaciones extranjeras —balnearios

del Este, con fuente de la eterna juventud, ejercicios espirituales del padre Ceaucescu, autor de

«El erupto considerado como una de las bellas artes», y tandas de letanías marxistas bajo las

cebollas lloronas del Kremlin—; vuelve de su gira pedigüeña, de susferias y fiestas de

Alemania, de Norteamérica, de su América Latina; de sus paellas y sus yates mediterráneos,

de degollar la ternera en todos los grados y latitudes de la democracia, lo mismo popular que

impopular, de doblar la cerviz ante el primer mundo, el segundo mundo y el tercer mundo, y si

no lo ha doblado ante el cuarto, el quinto y el sexto es porque todavía no se han inventado

estos escalafones, que todo se andará.

Ha regresado la horda tostada de sol, garrapiñada de mierda, renovado el miedo, cargada la

ambición, repuesta la maldad, los pantalones caídos o con la bragueta a popa, también llamada

gatera cuando prescinde de botones, para favorecer el trato; las manos más sucias de lo que

se fueron, la insolencia erguida, la sonrisa izada, el talento ausente, la pelotilla presta, la

injusticia crecida, el moco listo, echadiza la mirada, fugitiva la decisión, desamparado el ánimo,

a punto la ratería, desapuntada la nobleza, raída la honradez, menguada la imaginación,

abolida la honestidad, bien pulida su alma de Judas, de Opas, de Julián, de Antonio Pérez, o

sea, de Suárez, de Carrillo, de Felipe, de Manolo...

Ya tenemos aquí a la horda política y de ella nadie nos libra, salvo el Señor, que tampoco está

para esos trotes, y que justamente se queja:

Pero estos españoles no saben más que invocarme cada cuarenta años en súplica de que les

salve... ¡Como si Yo no tuviera otra cosa que salvar España cada equis años para que ellos la

emporquen en menos que dice amén el cura Llanos!

Nadie mueve un dedo ante la horda, nadie le da un puntapié en el hocico, nadie se atreve ni a

faltarle al respeto. ¿Qué se hizo de los antiguos baladrones, silenciosos desde noviembre de

1975? ¿Dónde fueron juramentos y promesas? ¿En qué chirrión reposan las viejas

seguridades sobre lo permanente? ¿En qué letrina de Moncloa se pudre la unidad de España?

¿Qué fue de sus paladines?

El ejemplo de la Bandera avala el porvenir. Se desgarran banderas nacionales, se escupen

banderas nacionales, se insultan banderas nacionales, se mean banderas nacionales, se arrían

tumultuosamente banderas nacionales, se retiran vergonzosamente banderas nacionales...

Nadie defiende a la bandera nacional ni de los rojos ni de los separatistas ni de los extranjeros

que la vilipendian. Nadie. Algún loco sublime, y ya se arreglarán los poderosos para castigarlo.

Nadie, ni las Instituciones, ni el pueblo en masa. Si acaso, la gente va a ver una zarzuelita y

aplaude un número en el que sale la bandera de España, y llora y se enardece y cree que ya

confesó y comulgó y está en gracia.

La aplauden como a una estrella de la canción, como a Miguelito Bosé, como a una Susana

Estrada, como a una señorita con plumas en la apoteosis de una revista. Y en eso nos

quedamos, tan contentos, como si hubiéramos hecho algo.

Esto es un muladar y todos nosotros una gusanera. La ventaja que yo personalmente llevo es

que no me ha cogido de sorpresa, lo cual no deja de ser una triste satisfacción que, palabra, no

compensa ni tanto así.

¡Qué triste fanfarronada, España! Rafael GARCÍA SERRANO

 

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