Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Cara y cruz del revanchismo     
 
 El Alcázar.    11/09/1979.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Crónica de España

CARA Y CRUZ DEL REVANCHISMO

ACABAN de brotarle dos cruces al Boletín Oficial del Estado. Nadie lo suponía. En la espesa y

desaliñada prosa del desaguisado legislativo comparecen dos Reales Decretos, en virtud de los

cuales se concede la gran Cruz de la Orden del Mérito Militar, con distintivo blanco, al teniente

general Luis Gómez Mortigüela y al general Agustín Muñoz Vázquez. ¿Y porqué tan tarde?

¿Y por qué precisamente ahora? ¿Y por qué a ellos y no a otros miembros de la familia militar,

igualmente pendientes de reconocimiento? Estas dos grandes cruces llegan, en efecto, con

excesivo retraso, cuando el poder f rentepopulista había hecho caer una espesa losa de

silencio sobre la muerte en acto de servicio de ambos soldados. Se producen, asimismo, con

significativa oportunidad política, igual que si con ellas se pretendiera disimular las

negociaciones con la ETA, las concesiones efectivas al terrorismo y la dimisión de la un ¡dad

de España ante los partidos que se sirven de la ETA para avanzar hasta sus últimas

consecuencias el proceso secesionista. ¿Tendrán también grandes cruces de reconocimiento a

su sacrificio los otros militares muertos a traición por el enemigo de España, o sólo cruces

silenciosas de mármol en los cementerios?

El teniente general Gómez Mortigüela y el general Muñoz Vázquez fueron asesinados por el

terrorismo marxista, igual que tantos otros compañeros de las FAS y de las FOP. Uno de los

crímenes lo cometió un comando de la ETA. El otro se atribuye al GUAPO. ¿Y qué más da?

Ambos consorcios de asesinos poseen una común ideología marxista, se relacionan entre sí y

con otras organizaciones terroristas (lo acaba de ratificar un portavoz del IRA) y, en resumen,

dependen orgánicamente del aparato comunista que desde Moscú, con participación de

conocidos dirigentes comunistas occidentales, lleva adelante la insurrección revolucionaria en

las naciones no comunistas.

Desconcierta el hecho de que algunos crímenes y determinadas acciones de estos terrorismos

parezcan beneficiar más al multina-cionalismo capitalista que al internacionalismo marxista.

No creo que deba desecharse tal posibilidad. Ciertos mecanismos de poder del capitalismo

multinacional poseen penetraciones en el aparato terrorista o, al menos, en los partidos de

apariencia democrática, a veces incluso católica, que amparan al terrorismo y se benefician de

su actividad. Pero lo más común es que el acuerdo se alcance por arriba. Así sucedió en el

asesinato de Carrero Blanco y en atentados posteriores de igual factura e idéntica mano

técnica, como la voladura del embajador británico en Dublín, el intento de voladura del general

Haig y la todavía más espectacular voladura de lord Mountbatten.

Acabo de escuchar la noticia del nombramiento de nuevo gran maestre del Gran Oriente de

Francia y, asimismo, de la Gran Logia de Francia. RNE ha ofrecido unas mínimas precisiones:

del Gran Oriente de Francia, o francmasonería, ha dicho que evidencia una inclinación

promarxista; de la Gran Logia de Francia ha precisado que «es más apolítica». E» varias

ocasiones aludí al sesgo promarxista del Gran Oriente de Francia. Me serví con frecuencia de

uno de sus hombres más destacados, quien ya ocupó el puesto de gran maestre y ahora

aspiraba a ostentarlo de nuevo. Me refiero a Jacques Mitterrand, cuya biografía resulta

aleccionadora y aconsejo que no pierdan de vista a los españoles interesados por la disputa

interna del PSOE y el papel que en los vaivenes socialistas jugaron siempre, y siguen

interpretando, los comunistas.

Jacques Mitterrand fue, además de francmasón, militante destacado del PCF. Como tal, y en

razón de pretendidos méritos en la Resistencia, ingresó por la puerta falsa en el Ejército del

Aire, del que actualmente es general. Pero no un general cualquiera, sino representante del

Estado francés en la Dassauft, fabricante del Mirage, en manos de sionistas de rancia estirpe.

Para alcanzar esa posición fue necesario que Jacques Mitterrand pasara a zona política más

templada. Se hizo socialista. Después de la muerte y humillación de Stalin, ya en el poder

Leónidas Breznev, hijo de madre judía, Jacques Mitterrand, según él mismo relata en su libro,

encabezó una misión del Gran Oriente de Francia que durante varios meses se ocupó en la

Unión Soviética de reorganizar a los hermanos supervivientes. Pocos años después, el

Congreso del PCUS volvió a hablar de internacionalismo, aunque fuese sólo del proletariado.

Por aquella época, amaneció la tesis del «eurocomunismo», ahora en franco arrinconamiento,

merced a las órdenes imperativas de Moscú.

Pretendía reiterar que multinacionalismo capitalista e internacionalismo marxista suelen

coincidir en más cosas de lo que parece. Una de ellas consiste en la utilización conjunta o

alternativa de aquellos instrumentos que mejor contribuyen a destruir la soberanía de los

pueblos que, en torno a un ideal nacional, lograron supervivir a los agentes de dispersión y a la

servidumbre de sus constantes enemigos. Los más importantes serían: los falsos

nacionalismos secesionistas, la degradación del sentimiento religioso y sus efectos morales, el

hundimiento económico, el terrorismo y, en fin, la neutralización de las Fuerzas Armadas.

Para lograr tales objetivos fueron creados los frentes populares. El Frente Popular resultó la

manifestación organizada de algo que desde antiguo existía en la sombra. Hoy aparecería

demasiado escandalosa la formación oficial de nuevos frentes populares. Pero basta examinar

las situaciones políticas en diversas naciones, sobre todo en España e Italia, para descubrir su

pervivencia.

A través de la charanga farisaica de la reconciliación, el frente-populismo está a punto de

consumar en España la revancha contra los hombres y las convicción es que lo derrotaron.

Ismael MEDINA

 

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