Autor: Silva Muñoz, Federico (JUAN DE ESPAÑA). 
   II- La internacionalización del problema vasco     
 
 El Alcázar.    05/09/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

EL ALCAZAR

OPINIÓN

II-LA INTERNACIONALIZACION DEL PROBLEMA VASCO

SE perfectamente que voy a tratar un tema complicado, difícil y prestado a muchas interpretaciones. Por

eso deseo puntualizar que intento hacer un análisis personal exclusivamente, y basado en informaciones y

comentarios de la Prensa nacional e internacional.

DENTRO del planteamiento constitucional de • las autonomías, el referente a la Comunidad autónoma

vasca ofrece tales singularidades que del texto del Estatuto, ambiguo y en muchos casos recusable, ha

nacido una posibilidad cierta de que tal autonomía se esfume en aras de una independencia real y efectiva

del llamado País Vasco o Euz-kadi, para el que algunos de los conspicuos separatistas le tienen buscado

desde hace tiempo hasta el escaño que va a ocupar en la Organización de las Naciones Unidas, como

hemos podido leer en sus declaraciones.

ANTE este peligro real e inmediato para la unidad de España que encierra evidentemente el Estatuto, y

que sólo no lo ven quienes no quieren verlo, me parece necesario contemplarlo a la luz del tablero

internacional donde hoy se juegan, como siempre, tantas crisis nacionales de algunos países.

EN el entrecruzamiento de las potencias políticas, económicas y militares, me parece interesante observar

el juego de las tres más directamente relacionadas con el tema: Francia, Rusia y Estados Unidos. Francia

está afectada por su posición geográfica; Rusia, por la geopolítica en la dialéctica OTAN-Pacto de

Varsovia; y Estados Unidos, también por razón geoestratégica y por su vinculación con España a través

de sus pactos bilaterales de Ayuda militar y Cooperación.

FRANCIA tiene una zona de la región natural vasca situada dentro de su frontera, y la otra región vasco

española, la de las bombas y las metralletas, del otro lado de la misma. Esta potencia está aquejada

también de chispazos separatistas en otras regiones de su periferia. Tradicionalmente, la política francesa

partía del supuesto de que el tema del llamado País Vasco era un tema español, creado, alimentado y

exacerbado por el franquismo ante el que debía estar a la expectativa no prestando la colaboración precisa

al Gobierno de Madrid, para evitar todo enfrentamiento con la ETA, y así mantener libre de violencia y

del morbo separatista a su región vasco-francesa, en espera de que, restablecida la libertad y la

democracia en España, el tema lo resolviésemos los españoles y, en definitiva, poder estar al lado del que

saliera triunfador en la larga lucha que se venía librando. Entre tanto, mantenía al País Vasco-francés

como el más deprimido de sus territorios, alejado de los riesgos políticos de la industrialización, como

zona agraria, ganadera, forestal y turística, ratificando con energía y creo que con clara visión, que el

Estado unitario era una conquista de la civilización contemporánea, de la Revolución francesa, connatural

con la idea de que la única nación es Francia y que la regionalización sólo puede concebirse como una

forma de coordinar la acción administrativa de los demás entes inferiores al Estado, como ha declarado no

hace mucho el propio presidente de la República.

PERO resulta que el problema del País Vasco español no se ha resuelto con la desaparición del

franquismo, sino que cuando verdaderamente se ha exacerbado es ahora; que las consecuencias del estado

de violencia que viven las Vascongadas empieza a repercutir de manera preocupante dentro de sus

fronteras; y que la aparición de un Euzkadi independiente sería de consecuencias incalculables para la

vecina nación, por lo que parece que la conciencia pública francesa empieza a alarmarse, que el Gobierno

francés no ocupa cómodamente posición de ambigüedad sostenida hasta ahora, viendo próxima la hora de

su definición, cuando, además, el Estado que está soltando amarras desde Madrid es, por lo menos, tan

democrático como el de París. Ignoro si este cambio en la situación determinará una alteración en la

actitud del Elíseo y de su Administración y el «tempo» con que, de producirse, se hará. En todo caso, me

parece que lo que es motivo de angustia en Madrid no esté lejano de serlo para París, y que sus

gobernantes no pueden correr el riesgo de equivocarse por las repercusiones que dentro de Francia pueden

tener sus decisiones.

LA actitud rusa ya es otro cantar. No entro en las conexiones de la Unión Soviética con la ETA,

denunciadas por algunos y desmentidas por el Gobierno de Moscú, sino que voy a referirme a algo mucho

más concreto y tangible, resulta evidente que en la dialéctica OTAN-Pacto de Varsovia, se pueden

producir dos tipos de desequilibrios, el derivado de la potencia militar interna de ambas alianzas en

constante estado de movilidad, y el que pueda provenir de la incorporación o secesión de unas u otras

naciones y los ejércitos de las mismas. No cabe duda que hay un interés primordial, y creo que justificado

desde su punto de vista, por parte de la Unión Soviética, de impedir el acceso de España a la OTAN.

Paradójicamente, los máximos enemigos de Franco estaban tranquilos mientras el Generalísimo vivía,

porque se hallaban seguros de que Bruselas no daría el paso de admitirnos en el caso de que lo

solicitáramos; pero, instaurada la democracia, ese riesgo para los soviéticos es cierto y puede estar a la

vista. Entonces, según se deduce de la opinión de serios comentaristas internacionales, la Unión Soviética

necesita alcanzar un punto de equilibrio de manera que si España no entra en la OTAN, la ambigüedad

autonómica puede continuar de manera indefinida y si España ingresa en la Alianza Atlántica puede

acelerarse el proceso independentista para, perdida la mayor, conservar la menor, o sea la cabeza de

puente de una Albania o una Cuba insertada en el corazón mismo de la OTAN, en el Golfo de Vizcaya

con incalculables posibilidades de desestabilizar desde ella el resto de la Península Ibérica,

neutralizándola o haciéndola inservible para los fines militares y geoes-tratégicos de los aliados. Así se

explican los fervores i autonomistas de los partidarios de evitar a toda costa la entrada de España en la

OTAN, peones, en fin, de la Unión Soviética. Es el arma más fuerte de que dispondrán en el futuro para

conseguir ese objetivo porque si no logran impedir nuestro ingreso en la Alianza, conservarán la baza de

la independencia vasca.

LA posición de Estados Unidos, a mi entender, y deducida, como vengo insistiendo, de las informaciones

y comentarios de Prensa, tiene dos supuestos de partida; el de su opinión pública y el de sus

planteamientos geoestratégicos y militares. La democracia americana y sus mecanismos políticos son

siempre proclives a la negociación hasta el límite de las concesiones —y la trayectoria de Norteamérica

en los últimos lustros lo demuestra— en todos los problemas internacionales en que ha participado o se ha

visto envuelta, pero los planteamientos militares y geoestratégicos se superponen viendo claro que la

«albanización» del País Vasco sería gravísima para todo el dispositivo defensivo occidental, por eso me

parece correcto pensar que una eventual mutilación del territorio nacional de España no se sería bien visto

ni quizás admitido por la Alianza Atlántica, aunque no pertenezcamos a ella.

Y ahí está la clave, el punto de equilibrio, o sea hasta dónde el plano internacional permitirá la

subsistencia de la autonomía, sin el separatismo real y efectivo. Punto de equilibrio dificilísimo e

inestable que constituye una inmediata y permanente amenaza, en primer término para España y en

segundo lugar para todo el Occidente.

ASI las cosas, una cuestión que es interna y sólo interna de los españoles, sin cazar brujas ni inventar

fantasmas, sino aplicando a su análisis la lógica y la experiencia política, ofrece el riesgo cierto de

convertirse en un problema internacional muy grave, y esto es lo último que habríamos de ver atónitos, si

no tuviéramos agotada nuestra capacidad de asombro.

Federico SILVA MUÑOZ

 

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