Autor: Ramírez, Eulogio. 
   Secularismo     
 
 El Alcázar.    05/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Secularismo

MONSEÑOR Delicado Baeza, arzobispo de Valladolid, ha consumado la proeza de inventar y

de presentarnos en el semanario Eclesial, un nuevo cristianismo, naturalmente, sin expresar

referencia alguna a los lugares teológicos comunes: ni a la Sagrada Escritura, ni a ios Santos

Padres, ni a los Concilios ecuménicos, ni a los doctores y confesores canonizados, ni al

Magisterio pontificio: las seis apretadas páginas del artículo sólo contienen una cita de Juan

Pablo II, por toda autoridad doctrinal. Se apela, en cambio, en este artículo a la opinión de

personas que carecen de toda autoridad en la Iglesia Católica. Lógicamente, resulta muy difícil

reconocer en este cristianismo que nos inculca el arzobispo de Valladolid, el catolicismo que ha

llegado hasta el Vaticano II. Y, por supuesto, nada tiene de común este cristianismo con el

catolicismo que todavía vemos predicar a algunos obispos españoles. Parece como si este

artículo fuese el intento de oponerse al catolicismo expuesto «in extenso» por el cardenal

González Martín, arzobispo primero de España, este mismo año, en la Academia de Doctores

de Madrid y en el club Siglo XXI, íntegramente publicados por EL ALCÁZAR.

Leyendo el artículo del arzobispo de Valladolid no le extraña a uno de que los documentos

aprobados por la mayoría de los obispos españoles en su asamblea tengan que ser

expurgados en Roma de errores o desviaciones tocantes a la fe católica.

En su exhortación apostólica «Quinqué iam anní», al cumplirse ef quinquenio de la clausura del

Vaticano II, se dirigía alarmado Pablo VI a todos los obispos del mundo, porque «vemos

delinearse una tendencia a reconstruir, partiendo de los datos psicológicos y sociológicos, un

cristianismo desarraigado de la Tradición ininterrumpida que lo vincula a la fe de los Apóstoles,

y a exaltar una vida cristiana desprovista de elementos religiosos». Pues bien, monseñor

Delicado Baeza, lejos de secundar las directrices contenidas en esta exhortación pontificia,

parece en su artículo incurrir en las mismas aberraciones que Pablo VI repudiaba.

El de monseñor Delicado es otro Evangelio distinto del que se nos predicaba antes, y no

podemos menos de recordar los anatemas que tanto la Revelación mosaica como la cristiana

lanzan contra aquéllos que nos quieren cambiar de religión o de Evangelio. En el artículo de

este arzobispo, en efecto, reconocemos más la literatura secularista de teólogos protestantes

como Karl Barth, Harvey Cox, Bonhoeffer o Calvino, que la doctrina propuesta por los Padres

del Vaticano II. Decía e) cardenal Newman —modelo de ecumenismo, según e) Papa actual

que «persistir en una creencia determinada no es prueba suficiente de su verdad; pero

apartarse de ella es, por lo menos, un descrédito para quien estuvo tan seguro de su verdad ».

Pues bien, el abandono por monseñor Delicado y por la Iglesia en España del ideal de

cristiandad homologado por el Vaticano II y la adopción, en cambio, del ideal de secularidad, y

aun de secularis-mo característico del protestantismo, si bien se considera es equivalente a

reconocer que fue la Reforma protestante la correcta y que fueron los Concilios tridentino y

vaticanos, los que cayeron en el error.

No dispongo de espacio ni tengo autoridad para acometer la crítica meticulosa del susodicho

artículo. Sin embargo, a mí no me parecen ortodoxas y, desde luego, me parecen gratuitas

sentencias como estas, sacadas del artículo: «El Concilio Vaticano II significa un giro

importante: reconoce la autonomía de los ámbitos culturales...» «Una secularización que se

redujera al propio ámbito de las realidades mundanas podría ser un fenómeno beneficioso para

la misma religión.» Esta opinión es contraria a estas proposiciones del Vaticano II: «Es

obligación de toda la Iglesia el trabajar para que los hombres se vuelvan capaces de

restablecer rectamente el orden de los bienes temporales y de ordenarlos hacia Dios» (AA, 7).

«Los laicos... no solamente están obligados a imbuir el mundo del espíritu cristiano, sino a ser

testigos de Cristo en todas las cosas y ciertamente en medio de la sociedad» (GS, 43). . «y de

orientar a Dios la propia persona y el Universo entero (GS, 34)...» «Si autonomía de lo temporal

quiere decir que la realidad creada es independiente de Dios, y que los hombres pueden usarla

sin referencia al Creador, no hay creyente alguno a quien se le escape la falsedad envuelta en

tales palabras» (GS, 35). El Vaticano II, como San Pablo, lo que nos inculca a los seglares es

«el forcejeo con los dominadores de este mundo tenebroso» (LG, 35), no el abandonismo, la

desconfesionalización y el secularismo, que acepta pasivamente y como «providencialmente»

este arzobispo.

Eulogio RAMÍREZ

 

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