Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Conspiración contra la democracia     
 
 El Alcázar.    13/06/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

CONSPIRACIÓN CONTRA LA DEMOCRACIA

Madariaga ha publicado en ABC un divertido diálogo entre Marx, Lenin y Mao, bajo cuya ironía

subyace una lección política profunda. El marxismo nos invade, nos rodea, nos asfixia, y la

democracia se dispone mansamente para el «gulag», aceptando con frivolidad suicida, igual

que, si de «club de opinión» se tratara solamente, el plano retórico propuesto por los

comunistas: ¿Marxismo puro o con teche? Me parece un acierto especialmente feliz, por todo

ello, que Madariaga ponga en boca de Lenin la calificación de «protestantismo metodista ateo»,

para ciertos pronunciamientos que se observan en campo comunista y que los incautos de

siempre aceptan como muestras de «voluntad democrática». La preocupación de Madariaga y

de tantos otros no es ociosa. La democracia es ya un cadáver en España.

El posibilismo democrático abierto por el referéndum, sobre la Ley de Reforma Política, se lo

cargó la pandilla suarecista. En vez de hacer la reforma pedida y refrendada por el pueblo, se

abrieron las puertas a la revolución. Los accesos a las estancias secretas del poder y de los

centros neurálgicos de la decisión política se hicieron francos para masones y marxistas.

En vez de avanzar hacia una democracia de nuevo cuño, capaz de resolver los problemas y de

absorber ios escasos residuos de rencor que restaran de la guerra, la pandilla moncloaca ha

favorecido un brutal salto atrás, cuyas dos pretensiones más evidentes son: legalizar hasta sus

aspectos más accesorios la legitimidad revolucionaria del período 1936-1939, o de la República

Soviética de España, y proceder simultáneamente a la erradicación sistemática y consiguiente

depuración de la legitimidad nacional del período 1936-1976.

El reciente artículo de Germán de Argumosa, en estas páginas, sobre la utilización de la

democracia por el marxismo para sus fines revolucionarios, constituye un retrato bastante fiel

de la situación política española actual, aunque su pretensión sea ofrecer una síntesis de la

estrategia comunista de asalto al poder, a partir del antiquísimo y manoseado «Manifiesto

comunista». En España estamos, sin duda, en la fase parlamentaria en que juega la

«estrategia del agotamiento». Los objetivos de dicha fase se cumplen con tal eficacia y

celeridad, que el Estado es ya sólo una caricatura de Estado y la Sociedad una piltrafa.

España, no cabe duda, hs entrado en coma profundo.

En estas condiciones, no puede extrañar a nadie, que la Constitución se apañe en reuniones

clandestinas nocturnas. La vida parlamentaria, de la que debe salir la Constitución, ha

superado entre nosotros el enfermizo constreñimiento partitocrático a que llegó en Italia, tras un

largo y lento proceso de degeneración. Aquí se ha convertido en unas mínimas e itinerantes

veladas, noche tras noche, ora en el despacho de uno, ora en la salita de estar de otro, los

constitucionaleros se han reunido a discutir los términos del apaño, merced al cual la

Constitución habría de estar dispuesta para la nueva carrera del pleno, antes de que se extinga

esta semana. El engendro debe ser sometido a referéndum, antes que el pueblo tome

conciencia de la espantosa situación en que se halla y pueda reaccionar, poniendo en aprietos

la previsión cibernética.

Con un cinismo inaudito, con el grosero descaro característico de las tiranías, se nos anuncia

desde las cabeceras de los periódicos, como si fuese la cosa más naturalmente democrática

del mundo, que el pacto está hecho, que el Senado no pondrá objeciones, que el debate será

rápido, que cualquier oposición será vencida de inmediato y que antes del otoño los españoles

la habremos aprobado. En efecto, también se da por seguro, incluso con porcentajes, el

comportamiento aprobatorio y suicida del pueblo español en el referéndum. Aguirre Bellver, ha

sido muy preciso en la denuncia.

Esa misma cínica convicción democrática del «protestantismo metodista ateo», hace que los

cabecillas del Frente Popular Ampliado, se vayan con frecuencia de la lengua y nos confirmen

en las sospechas. Roca, Pujol y Trías Fargas, por ejemplo, no se recataron en contar el éxito

de su almuerzo de trabajo con Suárez, en el curso del cual se confirmó el pacto específico

entre UCD y el catalanismo, uno de cuyos compromisos, es el reconocimiento constitucional

del «autogobierno de las autonomías», lo cual «posibilitará la existencia de autonomías plenas,

que satisfagan los anhelos autonómicos de las diversas comunidades». Las nacionalidades

están en marcha y son reforzadas en otros artículos de la Constitución con análogos

eufemismos y pareja ambigüedad a la empleada para enmascarar el compromiso de legitimar

la posibilidad de una Monarquía parlamentaria socialista. Es del todo consecuente, por ello, que

Fernández Ordóñez, después de usar tópicos demagógicos más propios de un lidercillo

marxista prehistórico que de un ministro de Hacienda, declare sin recato: «Estaría dispuesto a

ser ministro en un Gobierno presidido por Felipe González.»

Ismael MEDINA

Crónica de España

 

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