Autor: García Serrano, Rafael. 
   Prólogo a un examen de conciencia     
 
 El Alcázar.    03/03/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

PROLOGO A UN EXAMEN DE CONCIENCIA

VIERNES, 2 DE MARZO.-Mi coña marinera de ayer —suprimiendo el uno de marzo a cambio

de un hipotético veintinueve de febrero— me permitió cumplir mi sacrificio electoral sin grandes

traumas. Llegué, vi y voté, no porque fuese una especie de César de la «urbs» madrileña, sino

porque al mediodía pasado no había la menor aglomeración en mi mesa, ni en mi colegio y

todo fue tan rápido que no me dio tiempo ni a coger la peste, aunque puede que de un buen

catarro no me libre. Ya sé que algunos me recprocharán la broma ¿pero no era más bonito ese

29 de febrero que el auténtico 1 de marzo? En la tele sí que vi colas.

Mi ración habitual de periódicos no me ha llegado a la hora de escribir, salvo ABC, de modo

que estoy informado, másomenosde los resultados. ¿Cuatro años por delante? La democracia,

en España, no suele disponer de vastos espacios temporales para el desarrollo de una política

coherente, y menos cuando, como en el caso de UCD, no se tiene ni una política, ni siquiera

coherencia, sino una simple máquina electoral. Felicito a Martín Villa. Comenzaremos con un

Gobierno monocolor si las cosas van como d ice el ABC; si a ese vino le cae un poco de agua,

tendremos coalición con el PSOE y a poco que podamos «troika», con un sólo nuncio de

Carrillo en el Gabinete.

De todos modos ahora sí que ha llegado la jornada de reflexión. Una larga jornada de reflexión,

al menos para mí como falangista.

Será ésta, no sé si mi inmediata o no, pero todo lo sincera que pueda, en voz alta y sin más

representación que la mía propia. Es necesario encarar el inmediato porvenir con un aire

distinto, sin renunciar a nada, pero arrojando por la borda todo lastre, peso muerto o pasajero

inconveniente. Con fe y con respeto, pero hay que hacerlo. Jean Rostand le decía a André

Maurois: «Las desgracias que tememos no llegan nunca. Llega algo peor.»

Pueseso es lo que tenemos que evitar entre todos. Yo, al menos, lo intentaré modestamente,

con seriedad y alegría. Y sin la menor ambición política, que nunca la he tenido. Lo que de

verdad quiero es escribir media docena de libros más —sin poner límites a la misericordia de

Dios— y luego volver a la tierra. Pero me niego a ver a España hundida en (a mediocridad que

pudiera resultar, en el mejor de los casos, de un cuatrienio carroza, europeo y colonial.

Con cuatro o cinco o seis Falanges distintas —y ninguna única y verdadera— es imposible

convencer a nadie de que nosotros representamos la mejor salvaguardia de la unidad de los .

hombres, las clases y las tierras de España. Somos, en realidad, unos estupendos justificantes

del separatismo y la insolidaridad.

Por supuesto, parto de un punto indiscutible: la derrota. Ya no queda nada del 18 de Julio, del 1

de abril, ni apenas de las elecciones del 1 de marzo. Hay que comenzar de nuevo y remozar

nuestra doctrina, nuestros modos, acaso nuestro propio nombre.

No quiero que haya dudas. Por convicción voté Unión Nacional. Pero necesitamos algo más

fuerte, más comprometido, más lógico, más joven —son muchos los jóvenes que esperan—,

para luchar electoral mente.

Estoy harto de oler a derrotado. La derrota nunca huele bien, pero es más soportable cuando

se ha batido uno por algo en lo que verdaderamente cree de un modo total.

O eso, o a casa.

Rafael GARCÍA SERRANO

 

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