Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   Sermón de derechas     
 
 El Alcázar.    03/03/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

SERMON DE DERECHAS

Amadísimos hermanos de la derecha, el sermón de hoy nos impone la meditación sobre una hermosa

parábola. Esta vez la parábola no la encontramos en los sagrados textos, sino que la recogemos

directamente de los labios del vulgo ignaro, dentro del género más humilde en la creación popular, el

chiste. Os ruego, hermanos dilectos de la derecha, que no hagáis de lo que voy a contaros motivo de

chanza, sino que extraigáis sabiamente, como la afanosa abeja, aquello que tiene de motivo para la

meditación.

Penosamente había llegado el pobre tullido al templo, templo del Pilar, digo, porque ya está bien de irse a

dejar divisas a Fátima o Lourdes, penosamente había llegado en su cochecito y suplicaba con toda su fe y

toda su humildad a la Virgen, suplicaba que lo sacase de aquella mísera condición en que la desgracia lo

había puesto. Y cuenta la sabiduría popular que, a! subir una empinada cuesta, el cochecito, de pronto, a

buen seguro porque al pobre inválido le fallaran las fuerzas , escurrióse y precipitóse. Viendo cómo

cobraba velocidad pendiente abajo, contemplando el abismo cada vez más cerca, aquel pobre tullido

comenzó a clamar, con voces que conmovían a la corte celestial entera: «¡Virgencita, que me quede como

estoy! ¡Virgencita, que me quede como estoy!»

Hermosa lección, hermanos. Vuestra inteligencia, que nunca agracederéis lo bastante al Sumo Hacedor,

ha descubierto ya, estoy seguro, el hondo significado •ie la parábola que acabo de narraros. El tullido que

avanza suplicante hacia el templo es la derecha antes de las elecciones, descontenta pero llena de fe,

ansiosa de parecerse a don Manuel, a don Blas, gallardos, bizarros, altaneros; el tullido que suplica

mientras precipítase, es la derecha que acude a votar al Centro, temerosa, trémula, ante la idea de

romperse la crisma en el abismo marxista.

Hay una pequeña variación que me he permitido introducir en la parábola, hermanos, y perdonad mi

atrevimiento. Para más acercarla a la realidad he añadido un personaje que completa el significado del

relato: el presidente Suárez. ¡el condenado presidente Suárez, que le dio una patada al cochecito!

¿Cuándo, cómo, con qué ocasión? Hermanos dilectos de la derecha, aquella última aparición suya en las

pantallas de la televisión, esa lengua, esos ojos del mismísimo infierno que se nos meten en casa

buscando perdernos, aquella última aparición suya, repito, hermanos, con aquel gesto horrorizado, con

aquella palabra trémula, pintando los horrores del infierno marxista, desató vuestro miedo a quedaros,

amén de tullidos como estáis, pobres minusválidos, con la cabeza abierta, la nariz rota, la mandíbula de

este lado, para siempre, perniquebrados, en fin, una pena. La idea de tan menguado porvenir os llevó a

votar Suárez.

Y llegados a este punto de nuestra reflexión, amadísimos míos, puestos los ojos llenos de esperanza en las

decisiones del dador de toda misericordia, acongojado, movido a piedad desde lo más hondo de mi

corazón por la contemplación de vuestro cochecito, una cosa nada más os digo, en tanto acepto con

cristiana resignación los dictados de la Providencia:, «¡Que os zurzan!» Id con Dios, hermanos´

Joaquín AGUIRRE BELLVE

 

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