Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   La mentira programada     
 
 El Alcázar.    14/02/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Crónica de España

LA MENTIRA PROGRAMADA

NO hay ocupación más desagradable que leer las referencias de los mítines después de haber

vivido de cerca las inquietudes, las preocupaciones, las frustraciones y los miedos de nuestro

pueblo. Los mítines y los periódicos se hacen por lo general desde el asfalto. Pero la realidad

está en los surcos encharcados y en las callejas embarrizadas de los pueblos moribundos,

alimentadores de los suburbios urbanos, encenegados con toda clase de fangos.

He dedicado la mañana a la lectura atenta de eso que llamamos con enorme error «periódicos

nacionales». Al final debo preguntarme si es que el fundamento de la política es el cinismo y yo

afronto la batalla desde un marco político que practica el idealismo en vez del encanallamiento.

Pese a mi larga experiencia profesional, sigo asombrándome ante la desfachatez con que

mienten ciertos personajes. Tamames, por ejemplo, acaba de decir sin rebozo alguno que «la

culpa de las huelgas la tienen el Gobierno y la CEOE». Es cierto que el Gobierno no está

exento de culpa, pues su característica más acusada es el oportunismo y su incapacidad para

gobernar resufta ya grotesca. Es verdad también que la culpa alcanza a la CEOE, pues en vez

de una seria organización empresarial es apenas la cucaña de unos seudo empresarios con

ambiciones políticas subordinadas al camaleón ucedista. Pero quienes hacen las huelgas son

el PCE y el PSOE, a través de los profesionales a sueldo mediante los que dominan

tiránicamente Comisiones Obreras y UGT. Las dos centrales sindicales gozan de los favores

del Gobierno con notorio exclusivismo, pese a que la afiliación real a las mismas no supera el

tres por ciento de la población activa. La marea de huelgas no posee motivaciones laborales,

sino políticas.

Lo sabe Tamames mejor que yo. La oleada de las huelgas tiene como objetivo degradar aún

más la grave situación económica y crear los supuestos indispensables para el estallido

revolucionario. Está programada desde lejos. La acusación de Tamames es una verdad a

medias. Igual que su vida. Es tan comunista que dejaría de serlo si comprobara un día que los

«duros» del partido están dispuestos a cerrarle el camino hacia la consolidación de su estatuto

privilegiado de dirigente, una vez implantado el Estado socialista. Tamames ha ido al

comunismo de igual manera a como podría haberse hecho un seguro de vida de mil millones.

Sólo que la prima a pagar al PCE es sólo la pérdida de la independencia y la resignación de la

libertad, amén de la propia estima. Me llenan igualmente de hastío los pronunciamientos de

Areilza. El conde la ha emprendido ahora con el «bienio del consenso». Areilza posee talento

literario y gracia para adjetivar. Están excelente gustador de las buenas letras como de la

buena vida. Pero olvida Areilza que si alguien ha practicado el consenso a todo pasto ha sido

precisamente él. Ahora consensa con Fraga y Osorio, lo cual es algo tan insólito como

consensar a un mismo tiempo con Hitler y Ben Gurión. No le falta la razón al denunciar que

UCD quiere aprovecharse de los votos de la derecha. ¿Pero acaso no intenta lo mismo

Confederación Democrática? Fraga se ha hinchado a decir que está en el centro. Y hasta los

carteles de CD contienen una invitación insistente a centrarse. Me temo que el subconsciente

les ha gastado una mala pasada a los confederados en las comidas de Aravaca. A fuerza de

haber vivido descentrados por falta de un serio ideal, echan ahora de menos una imagen

honrosa con la que presentarse ante el electorado.

Igual que los digitalinos de UCD, la inmensa mayoría de los hombres de Confederación

Democrática hicieron carrera con el franquismo, se acomodaron al «espíritu del 12 de febrero»

y si están en el centrismo vergonzante de CD, es sólo en razón de que ni la Zarzuela ni la

Moncloa les ofrecieron acomodo estable en las literas del Poder. Buscan afanosos el voto de la

derecha, cuando son los culpables de haber destruido la posibilidad de una poderosa coalición

de derecha en el Parla mentó. El pactado Gobierno entre UCD y PSOE, gran ensoñación

política de Giscard y de Schmidt, será posible merced al indeseable comportamiento de los

líderes de CD en las negociaciones para crear un frente de fuerzas políticas nacionales.

La admirable y dignísima denuncia de Luis Jáudenes les ha dejado al descubierto. ¿No es ruin

que pidan ahora el voto de la derecha quienes hicieron imposible la unión de la derecha?

Tampoco es manca la frase del niñato socialista. «Lademocracia es la fuerza de la razón, no ta

razón de la fuerza», ha sancionado Felipe González en Bilbao. Es posible que así sucediera

cuando todavía podía encontrarse en el mapa político del mundo alguna democracia con

ciertos visos de autenticidad. Pero en esta falsa democracia, montada sobre un extraño

consorcio de tiranuelos, la fuerza es el único factor de comportamiento reconocible.

En España se impone la fuerza de los poderes tácticos, que no son sólo los del Gobierno. La

razón fue sepultada sin honores ni llanto, igual que si se tratara de un patriota asesinado por el

terrorismo. Es la sinrazón del trapicheo continuo la que nos preside.

Para calibrar la sucia realidad que nos envuelve bastará la confesión que se le ha escapado a

Tierno Galvan: « No queremos que se rompa la paz y por eso no aplicamos ahora el programa

del partido, sino un programa electoral.» PCE, UCD, PSOE y CD hacen lo mismo. Una cosa es

lo que se propone a los electores para que piquen y otra muy distinta lo que se hará luego.

Los programas son como esos anuncios que aseguran pechos turgentes a las sesentonas y

virilidad sin cuento a los impotentes. Puro camelo. Burda engañifa. Lo ha dicho Tierno Galván y

no creo que osarán desmentirle los restantes líderes del Frente Popular Ampliado. Por eso he

advertido y vuelvo a llamar la atención sobre un lapsus del documento de la Comisión

Permanente de la Conferencia Episcopal. No es el programa electoral lo que deben tomar en

cuenta los católicos a la hora de decidir el voto, sino los hechos y los comportamientos

anteriores. Votar a UCD desde su programa electoral, es lo mismo que sembrar chirimoyas en

Groenlandia. Igual sucede con la Confederación Democrática, cuyos líderes quieren hacernos

creer que la Constitución sólo contiene pecados veniales.

Mientras tanto, nos restan reservas de petróleo para menos de un mes y en algunos Estados

Mayores comienza a temerse que España camine hacia un «revival persa», también de la

mano de la innombrable.

Ismael MEDINA

 

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