Autor: Aparicio, Juan. 
   ¿A dónde van?     
 
 El Alcázar.    25/08/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Mis claves

¿A DONDE VAN?

ES una pregunta esencial, pero dificilísima de responder, porque hay delincuentes como e!

difunto «Jaro», y el «Colega», quienes con apenas los quince abriles clásicos para la juventud,

ensangrentaron su corta biografía, pletórica de delitos, a las que no puso veto la vigente

Legislación Criminal. Estos chaveas disponen del pasaporte de la tolerancia gubernativa, que

ha concedido el Documento de Identidad tan pronto se cumplan los dieciséis años de edad, ya

culpable y no se les impide que se atiborren de anfetas y de porros, con el visto bueno,

además, de los masturbadores intelectuales, de los Chelis, de las lesbianas, de los

hermafroditas y de tos homosexuales, engrandecidos por el Estado de la apertura aperturísima

y de la vuelta del calcetín y cambiazo de los chalecos.

Confiesa la mismísima paridera o Escuela sevillana del PESOE que su fecha de bautismo

oscila en un largo lustro extendido, desde la invasión de las «Panzer» hitlerianas frente a la

Caballería polaca, al genocidio nuclear de la primeriza bomba atómica del presidente Truman

encima del Japón, con el testimonio visual del traumatizado padre Jesuíta Arrupe. 1942 es la

data intermedia en que se inscribió la partida bautismal de Felipe González y de otros

coetáneos colegas de ta Universidad de Sevilla, catapultados en su pubertad a la ambición

política por su amasijo del Frente de Juventudes, de las Juventudes Obreras Católicas, de la

revancha de don Alfonso Fernández Torres, el socialista de Torreperogil, conmemorado ahora

por los adversarios socialeros del felipismo, y la incitación del cristianismo social de las

cátedras de Lovaina.

Después, en las décadas sucesivas nacieron los futuros «grapos», los pequeños maos y los

virulentos «fraps», así como las manadas izquierdosas o pasólas de las sectas y heterodoxias

de la hoz y el martillo, del ciempiés de ¡as lecturas opuestas de Carlos Marx y sus secuaces y

hermeneutas, de los hippy-rockeros, más las nuevas turbas desalmadas y zarrapastrosas.

Con el fin de aprovechar a esta prole adolescente y descarriada y someterla a la disciplina

mecánica de sus células y prusiana ds sus konsomoles, el Partido Comunista español introdujo

de matute la atribución corrosiva a los mayores de 1 8 años del derecho al sufragio electoral,

en ¡a Constitución refrendada en 1978, creyendo que así se atraía, aunque luego los purificara,

los votos potenciales de los drogadíctos, de las machorras, de los maricas y de los bisexuales,

de los atracadores solitarios, de las bandas de muchachos para el secuestro y la violación, de

los maniáticos agresivos con las armas y con las refinadas cargas explosivas

Sin embargo, resultó que no era aquel león tan fiero como lo suponían y pintaban; puesto que

una amplia porción de quienes chamullan las germanías verbales, cuales Pedro Rodríguez,

Paco Umbral, Paco Onieva y compañeros mártires de los seudo Ramonci-nes, de las ex

Vírgenes ex Locas, de toda la masividad casi quinqui, casi diabólica de las comunas y ee las

discotecas, de toda la totalidad humana, que en España, como fuera de nuestras barbas

libertarias y puercas, se abstuvieron en los meses de diciembre, marzo y abril, o hasta

expresaron un no, como más mayúsculo plebiscito contrario que las barbazas patentes en los

diputados y senadores del socialismo y más ancho que sus pantalones téjanos, que ya no son

tan estrechos.

Aún cuando han persistido los gángsteres de siempre, los apaches, los indios metropolitanos y

las vanguardias rojas de la Italia papal y contraintelectual, los superasesinos teutones de las

pandillas mandadas por Walquirias, los etarras y los demás grupos violentos teleguiados desde

Praga, La Habana y Argel por la KGB, promotora también de las guerrillas urbanas y

campesinas de Iberoamérica al servicio de una única organización estructural y capilar del

marxismo, terrorista e independentista, por su naturaleza y metafísica; sin embargo, hay una

reacción antiséptica dentro de la mocedad occidental, coincidente con el pontificado de Juan

Pablo II, con la entrada en Downing Street, 10 de Margaret Thatcher, con la gerontocracia

consumida del Kremlin y de Pekín, con las manifestaciones patrióticas, multitudinarias y

ordenadas tras las banderas bicolores rojigualda y negra y la blanca con el aspa de San Andrés

en las plazas de toros, en los pueblos, en las calles y ciudades hispanas.

Se equivocó la U CD al conceder el voto a los mayores de 18 años y al permitir la enmienda

tercera, pecera de urgencia, que condujo a la mayoría de las capitales de la monarquía

parlamentaria a unos ayuntamientos del Frente Popular, que monopolizan bastantes

municipios, capitalinos y aldeanos, a causa de los errores y ambigüedades de una Constitución

arbitraria y aprobada entre noes y omisiones. Pudo ser que el abate Sieyés tuviese en el cajón

de la mesa de su despacho frailuno el borrador de una Constitución perfecta e intercambiable,

sobre la que se sentó y defecó el «Petit Caporal» (vulvo Napoleón), o que la mimetizarancon

paletismo infecundo los constitucionalistas de Cádiz.

Puede ocurrir que cada profesor o catedrático de Derecho Constitucional o de Teoría del

Estado dispongan de una falsilla conceptual y verborreica paraconstitucionalizary Iver felices,

sin comer perdices, a !as patrias y a las naciones de la escéptica Europa, de la tragona Norte

América, o del famélico o petrodolarizado Tercer Mundo. A nosotros, sus discípulos en la clase

de Granada, nos explicaba con fruición el cantador de rondeñas, don Fernando de los Ríos y

Urruti, la exquisita y actualísima, entonces, Constitución mejicana de Querétaro, de la que sólo

poseemos una nebulosa referencia por las coplas de la «Adelita» y de los Mariachis aztecas.

Pero tampoco alg uno de su leal y atento discípulo hubiese movido el dedo meñique en favor

de esa Constitución esdrújula y tan fracasada como la de Weimar. Los legisladores españoles,

que bailaron al son de !a zampona y el tamboril de la Moncloa y de Castellana, 3, no se habían

enterado de la marcha ideológica y sentimental de la juventud vanguardista en el orbe

planetario; porque no contemplan más que la extemporánea RTVE y leen las atrasadas

traducciones de la más mendaz «intelligentsia» extranjera. Así como existe la casta, más o

menos espúrea de los nuevos filósofos franceses contra el opio y et deslustre marxista, así

también han nacido y conviven, además, una caterva insigne de nuevos físicos y biólogos, de

etnólogos, ecólogos y economistas, cuya Ciencia y Técnica son más concretas y más relativas,

más humanas y trascendentales, sin dejarse llevar por un disfraz, por una música, por una

droga o doncella psicodélicas.

El mundo terrestre, el celeste y el galáctico han dado un giro de 360 grados, entre el alboroto

discotequero y de la « Agit-prop», del cine y del teatro, híbridos y piojosos, de los desfiles de

las Misses Universo y de fas paparruchas de !a publicidad gregaria de las Transnacionales y

Tricontinentales, o Trilaterales, en convergencia crematística con los amos escondidos de

Moscú y Jerusalén. La elección del Pontífice polaco Juan Pablo II, por lo que une y tienen de

San Juan Bautista y Evangelista y de San Pablo de Tarso, primogénito de los conversos, es

una señal sintomática del retorno moceril y espiritual a sus coordenadas clásicas y cristianas,

que son cánones renovados y eternos y no panfletos para la subversión destructora.

Las novísimas juventudes, sin renunciar a la salsa rítmica de su tiempo, se han desenganchado

de las cadenas y embrujos de una esclavitud ácrata, proletaria, o movilizada a paso de oca

bajo el rebenque, o el eslavo «knut» o látigo bolchevique. Las juventudes más precoces aman y

defienden a su Patria tan amenazada y se zafan con valerosa alegría de las cloacas

pestilenciales de la democracia prostituyeme. Las prematuras juventudes, en Madrid y en el

redondel inserto en el cuadrilátero hispano, marchan unidas hacia adelante en pos de su

libertad y grandeza de cada día, sin la menor fobia a la grandeza y libertad de sus ayeres.

Juan APARICIO

 

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