Autor: Paris Eguilaz, Higinio. 
   Un cambio político en dos tiempos     
 
 El Alcázar.    08/08/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

OPINIÓN

UN CAMBIO POLÍTICO EN DOS TIEMPOS

A primera vista resulta extraña la ignorancia, el desconocimiento y el confusionismo en materia

política y económico-social en que viven la gran mayoría de los españoles, respecto al proceso

que están viviendo y sufriendo, y ello se debe a que, desde la muerte de Franco, están

sometidos a una confusión sistemática sobre los fines del cambio político, silenciando unos

hechos y dándoles una interpretación torcida a otros. La casi totalidad de la Prensa y la

actuación exclusiva de la televisión, para presentar una situación sistemáticamente

desfigurada, han sido un factor decisivo para confundir a la opinión pública y por ello resulta

difícil que se abra paso al conocimiento de la realidad, pero los hechos, con su fuerza decisiva,

van terminando día a día con el triunfalismo de los dirigentes de una supuesta democracia que

identifica los fines con los medios. Es natural que muchos comentaristas pierdan la serenidad,

se indignen y con un lenguaje forzado perjudiquen la misma causa que defienden, porque un

análisis objetivo es suficiente para informar a todos del significado de lo que se viene llamando

el cambio político

El hecho fundamental que todos deben entender es que el cambio programado se ha de

realizar en dos tiempos, o fases; la primera, es el establecimiento de una democracia con

monarquía parlamentaria, partidos políticos, sindicatos múltiples, estatutos de autonomía y una

supuesta economía de mercado y empresas privadas, y la segunda, para dar paso a una

república, federal y con una economía marxista, que debe ser implantada sin violencia, de

forma que parezca una consecuencia obligada de la primera. Todas las actuaciones políticas

de los partidos marxistas y de sus cómplices en el Parlamento, en los sindicatos y en toda

clase de comisiones u organismos, aunque otra cosa digan o aparenten, van dirigidas a pasar

de la primera fase a la segunda, y ello es lógico, porque es la razón de su existencia política.

Se legalizó la subversión y se sufren las consecuencias, sobre todo en el plano económico,

cada día más graves.

Es indudable que hay sectores que pretenden que no se pase de la primera fase, pero todo el

que conozca la naturaleza de las fuerzas que operan en el plano mundial y la dinámica de la

sociedad española, sabe que el proceso no se detendrá, aunque se pueden producir pausas, y

continuará inexorablemente por efecto de la actuación de las fuerzas desencadenadas.

Las derechas y las izquierdas tuvieron como motor de su actuación su odio común al régimen

nacido el 18 de Julio de 1 936, al que niegan todas sus realizaciones, para destruirlo en vez de

perfeccionarlo. Pero es que, además, aquel régimen había cometido un «pecado» muy grave,

que fue salir de una situación de colonialismo económico, que cambió por completo el tipo de

vida de los españoles, con un sistema político contrario al que le habían impuesto en etapas

anteriores. Diversas fuerzas exteriores no perdonarán nunca a España ese desarrollo, y de ahí

que en las discusiones sobre el ingreso de España en el Mercado Común, exijan desmontar las

instituciones y suprimir las medidas que hicieron posible el desarrollo citado, y así la hostilidad

exterior, unida al odio de los grupos interiores, agravan todos los problemas, facilitando el

tránsito a la fase marxista.

Ningún sistema es superior a sus dirigentes, y aunque algunos de ellos actuasen de buena fe,

creyendo que el Partido Comunista es un partido democrático, que contribuirá a consolidar la

democracia, no supieron ver el grave peligro que significaba la actuación de elementos

infiltrados en el centrismo, que impusieron una Constitución ambivalente y que en vez de una

política económica de centro, promulgaron, a través de decretos leyes, numerosas medidas

propias de una economía pre-marxista, a las que nos hemos referido con detalle en otros

artículos. Lo que estamos presenciando estaba ya programado desde hace mucho tiempo.

Según información de la revista Time del 28 de julio de 1 975, que cita declaraciones del actual

secretario general del Partido Comunista español: «Muerto Franco, todas las estructuras del

régimen franquista desaparecerán incluido el Príncipe Juan Carlos. » «No se puede terminar

con el fascismo, con una política de centro izquierda que excluya a los comunistas. » «Lo

quieran o no los Estados Unidos, los comunistas en Italia y España compartirán el poder en el

Gobierno.» Ahora, nadie debe alegar sorpresas por lo que estaba anunciado hace cuatro años.

¿O es que también había consenso?

Los partidos marxistas que no participan en el Gobierno pueden acusar a éste de fracaso,

cuando son ellos los que lo han provocado, para promover no sólo un cambio de Gobierno,

aunque ésta puede ser una fase transitoria, sino un cambio de régimen, porque éste es su

verdadero objetivo. Algunos dirigentes, como el vicepresidente para Asuntos Económicos,

intentan frenar esa tendencia, pero ya se encargarán los partidos marxistas de impedir que

tenga éxito, porque acumularán toda clase de obstáculos. Al discutirse en las Cortes el PEN el

27 de julio, pidieron la nacionalización del sector eléctrico, y seguirán en esa línea.

A ello se añaden los problemas derivados de la creación de unas nacionalidades, que nunca

han existido, y del deterioro del Orden Público, y para que no se nos llame derrotistas,

realizando una crítica sistemática del régimen, citamosel contenido de un editorial de un diario

católico madrileño, de día 7 de julio pasado, según el cual.

«Lo que sucede en el país, no es solamente que se atraque y se robe y se mate, sino la

conciencia general de un impunismo, a consecuencia del cual los autores o quedan sin

descubrir, o si son detenidos entran en un túnel procesal del que no se sabe a ciencia cierta

cuándo va a terminar, y que el desenlace será suavizado y, en definitiva, burlado, por

amnistías, indultos, permisos de salida, etcétera. ¿Dónde queda la ejemplaridad en las penas?

¿Cómo podrán disuadir a los malhechores? ¿Cómo podrá evitarse el desánimo de los

encargados de garantizar el orden 7,,

La exposición es muy clara, y refleja, sin exageraciones, la verdadera situación en el plano del

Orden Público, pero la percibe cuando ya es tarde.

La ilusión de muchos españoles ingenuos de que el cambio político se limitase a la primera

fase de establecer una democracia occidental, se ha convertido en desilusión al ver que se

camina hacia un autoritarismo marxista y antidemocrático, lo que demuestra que la experiencia

no se transmite, y que los dirigentes no admiten sugerencias de nadie, por muy objetivas y

desinteresadas que sean, como las que venimos haciendo a lo largo de la última etapa, y será

casi imposible impedir las consecuencias de la ignorancia de la población y de la ceguera de

los dirigentes políticos que no quieran ver la realidad expuesta.

Higinio PARÍS EGUILAZ

 

< Volver