Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Manda el marxismo     
 
 El Alcázar.    25/08/1979.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Crónica de España

MANDA EL MARXISMO

ADVIERTE el refrán que al perro flaco todo se le vuelven pulgas. Llena de pulgas, de pulgas

tontilocas, está la política española. El desfondamiento nacional llega ya al paroxismo. Y no me

parece extemporáneo, sino conforme a las leyes imperativas de la causalidad, que nuestros

políticos más representantivos se solacen a bordo de yates extranjeros. La democracia de corte

caribeño bajo la que España se desmigaja, proviene de una renuncia inicial y mostrenca a la

soberanía nacional. La ruina económica, el nivel insoportable de desempleo, el libertinaje, la

anarquía, la corrupción y, en suma, la entronización de la amoralidad como fundamento

ideológico del sistema, aparecen ya con suficiente claridad en su condición de pago obligado

de quienes todo lo supeditaron a la adquisición de ayudas exteriores para terminar con Franco.

No prosperó el golpe de Estado que debía producirse a raíz del asesinato de Carrero Blanco.

No pudieron consumarse los dos intentos de declaración de incapacidad de Franco, el primero

durante su internamiento en la Clínica Provincial de Madrid que llevaba su nombre y el segundo

durante la agonía en la clínica de La Paz. No se logró impedir que Franco, vencedor de la

guerra contra el comunismo, muriera jefe de Estado, o sea, como vencedor también de la paz

frente a ese mismo enemigo de la cultura cristiana, de la libertad, y, por supuesto, de la

democracia. Es natural que el mayor empeño del sistema, casi el único coherente, consista hoy

en raer cualquier vestigio de franquismo. Pero como durante ese período, merced al esfuerzo

formidable e ilusionado del pueblo, se hizo de España una nación próspera y soberana, la

pasión cerril de acabar con el franquismo se resuelve de manera inevitable en el aniquilamiento

de la obra ingente del pueblo, en la ruina de la Nación y en el sometimiento de España al

proceso de la degradación que conviene a los grandes poderes mundiales.

Es preciso recordar las anteriores claves del proceso político español para entender que las

declaraciones de Marcelino Oreja no pecan de ilógicas ni deben tenerse por desconcertadas.

Marcelino Oreja ha dicho sobre el Sahara un sinfín de inconveniencias objetivas. Tales dislates

configuran, sin embargo, la norma de comportamiento exterior de la oligarquía partitocrática

que nos arruina. Marcelino Oreja ha explicado las tesis de Fernando Moran, comisario político

de un área de gobierno para la que hay dos ministros y un secretario de Estado. Marcelino

Oreja, discípulo predilecto y amadísimo deTierno Galván, ha provocado el escándalo que

convenía al entendimiento socialcomunista de la política exterior del «Estado español».

La actitud de Marcelino Oreja respecto al Sahara, puede tenerse por indeseable para los

intereses de España en la actual coyuntura internacional. Pero resulta absolutamente acorde

con la ayuda prestada a la invasión marxiste de Nicaragua, con la intromisión sistemática en los

asuntos internos de las Repúblicas hermanas no marxistes de Hispanoamérica, con el apoyo

inmediato a cualesquiera revoluciones o revueltas sovietizadoras, de la asistencia a la

Conferencia de La Habana (atenuada en sus términos a raíz de la bronca de Vanee a Suárez,

en Quito) y, en fin, con la incorporación de España al vagón de cola del tercermundismo.

El Sahara ahora en disputa posee unos límites tan artificiales como la mayoría de los Estados

africanos. Una razonable etnia saharaui habría de establecerse sobre un territorio cuatro veces

mayor del pretendido por el Polisario, y hacerse a costa de sustanciosos bocados a seis

Estados actuales del África desértica. Pero mal puede convenir al Frente Polisario una

reivindicación de este tipo. Y ello, por dos razones: en primer lugar, por verse afectadas Argelia

y Libia, y* además, porque la gran mayoría de los miembros del Frente Polisario son soldados

regulares del Ejército argelino.

El Sahara sintetiza tres factores estratégicos fundamentales para la política expansiva de la

Unión Soviética, para la política norteamericana de contención y, por supuesto, para España:

en los yacimientos de fosfatos que se adentran en el mar y abonan el placton del que surge la

formidable riqueza pesquera, existe una pieza vital para el control de la inminente y terrible

guerra de la alimentación la cual se solapa con la guerra de la energía; el dominio de esa franja

atlántica del Sahara, .supone una estupenda base de asalto a las Islas Canarias o, cuando

menos, de neutralización de su valor estratégico; por último, el complejo geopolítico Sahara

Canarias significa el dominio de las vitales derrotas marítimas del Atlántico.

Al analizar éstos y otros factores se entienden en toda su dimensión la postrera y dramática

orden de Franco, en el curso del último Consejo de Ministros que presidió, con el cuerpo

moribundo y la cabeza lúcida: «Hay que defender el Sahara, aunque cueste una guerra.»

Aquella orden fue incumplida, a conciencia de lo que significaba su incumplimiento. El Sahara

fue entregado de manera indigna y miserable. Pero quienes simularon claudicar ante la

«Marcha Verde», eran entonces la avanzadilla visible de los que ahora llevan adelante la

política voceada por Marcelino Oreja. Lo que proponía Franco, un verdadero estadista, era lo

correspondiente a una política española de soberanía. Lo que anuncia Marcelino Oreja, se

reduce a un simple y vejatorio servilismo.

Marruecos posee el Sahara gracias a que quienes debieron cumplir la orden terminante de

Franco, hicieron lo que convenía a los protectores del supuesto « proceso democrático», lo cual

explicaría la traición de un conspicuo sector de Alianza Popular a sus electores, al desplazarse

hacia las posiciones aleatorias de UCD. Una política de auténtica soberanía, habría de tomar

en consideración la realidad de que Marruecos es la única nación interesada en el conflicto del

Sahara que todavía se mantiene en la órbita occidental y genéricamente democrática.

Y, asimismo, que Marruecos comparte con España el control del Estrecho, domina nuestras

vías de comunicación con Canarias y tiene soberanía sobre las casi únicas aguas en que

todavía está permitido pescara los españoles.

La clave de esia situación la dio no hace mucho uno de los pocos hombres que hay con sentido

político en UCD, víctima ahora del miedo de Suárez a vene desplazado. Confió a un amigo que

UCD está deshecha y tiene perdidos los papeles. «Es el marxismo—denunció cariacontecido—

el que domina el cotarro político y señala el rumbo.» Marcelino Oreja acaba de confirmarlo.

Ismael MEDINA

 

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