Autor: Salustio. 
   Comentarios a una coalición frustrada (II):  :   
 Sin ánimo de polémica. 
 El Alcázar.    14/02/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

COMENTARIOS A UNA COALICIÓN FRUSTRADA (II):

Sin ánimo de polémica

GONZALO Fernández de la Mora ha contestado a la alusión a su persona en nuestro artículo

«La verdad desnuda: comentarios a una coalición frustrada» (EL ALCÁZAR 8-11-79). Antes de

seguir adelante, he de hacer esta doble aclaración: primera, la alusión, por supuesto, no iba

dirigida al pensador, escritor y crítico eminente, juicio público que comparto. Nuestra cita fue,

exclusivamente, al miembro integrante de una agrupación política en la que ostenta liderazgo

compartido, que aspiraba a tomar parte como protagonista, en la próxima lucha electoral.

En su calidad de político en activo, con aspiración a una representación política y como tal

pública, fue la razón de nuestra alusión, porque entendemos que cuando un miembro del

cuerpo social se lanza a la cosa pública, debe quedar sometido (¿no estamos-en democracia?)

a la crítica de los contrarios, de los afines y hasta de los idénticos.

En segundo lugar, que en modo alguno deseo sostener polémica de ninguna índole con

persona que, por diversos motivos ajenos a la política, respeto, y aunque él lo ignore por razón

de pseudónimo, en mucho admiro horrándome además con su amistad, y hasta, a veces, con

su consejo crítico.

Todo ello no ha sido óbice para que como español esperanzado en la trascendente lucha

electoral que se avecina, no haya dejado de sentir desilusión, como tantos miles de españoles,

de filas, cuyos deseos de unión, no contenidos sino expresados, han sido un verdadero clamor.

Por eso mis comentarios han sido amargos, tal vez hirientes, motivados, psicológicamente, por

el mazazo sufrido al comprobar cómo se esfumaba la anhelada coalición, comentarios que, sin

duda, los hubiera deseado alborozados. Hasta este mismo diario esperó hasta horas de la

madrugada para componer su primera plana con la buena nueva, si, como se esperaba, se

producía la coalición de Fuerzas Nacionales con Derecha Democrática Española. En lo que

haya habido de hiriente, y sin que nadie me obligue, espontáneamente manifiesto que se tenga

por no escrito.

En ningún momento me referí en mi artículo a integración de nadie en nadie, sino a una amplia

coalición, coalición de coaliciones a efectos electorales. No aludí a fraguistas n a piñaristas,

ni a fulanismos, expresiones personalistas que, no son de mi agrado, pues siempre he creído

en las ¡deas que representan las personas, pero no en ellas como tales, y mucho menos «anti»

de ninguna de estas dos singulares personalidades "políticas, en una de las cuales creí un

15-J. Hoy, no.

El paradigma que Fernández de la Mora nos transfiere de que UCD existe «gracias al

Gobierno, pero también gracias a que en ella han podido conservar líderes de diferente matiz»,

abona nuestro criterio, porque si el partido gubernamental, que surgió apenas de la nada, casi

como Venus de la espuma del mar, ha conseguido la aglutinación de los afines y casi

contrarios, con mayor razón puede aplicarse a la Unión Nacional, que ha ligado a fuerzas

políticas y asociaciones tan dispares en el espectro político como Falange Española de las

JONS, Fuerza Nueva, Comunión Tradicionalista y Asociación de Combatientes, aunque entre

ellas existan lógicas afinidades. Pero resulta que si damos el ejemplo como válido, y no

tenemos inconveniente en admitirlo, razón demás para que DDE, tan maeztunianamente afín

en tantas y tantas cosas (en otras discrepantes, lo que políticamente es sano) con UN,

deberían, a juicio de miles de españoles, entre los que me encuentro, haber formado bloque

electoral común.

Cuestión en la que no entro, ni trataba de ello en mi artículo, es la de si el señor Fernández de

la Mora ha pertenecido o no a Fuerza Nueva, ni si ha sido o no de Falange (suponemos que la

del Movimiento, porque a la de 1 936 no pudo por razón de edad); ni si ha practicado o no su

«noble saludo», ni si ha usado sus símbolos, que dice que no, ni en ésta, su tajante afirmación

referida tanto a FE como a FN. «¿Por qué habría de hacerlo ahora?» Nos limitamos a

manifestar que nosotros sí hemos levantado, sin coacción alguna, el brazo, sin buscar otra

compensación que la de nuestro deseo, ni recibir cargo político ni sinecura de ninguna clase.

Y lo seguiremos levantando mientras las fuerzas nos acompañen y públicamente se nos deje.

Lo que no hemos usado, como el señor Fernández de la Mora, ha sido ninguna clase de

símbolos, por la sencilla razón de no haber pertenecido a Falange (ni a la primitiva, ni a la del

Movimiento, ni a las posteriores) ni serlo tampoco de Fuerza Nueva. Si con esto, Fernández de

la Mora ha querido aprovechar la ocasión para clarificar en letra de imprenta su imagen, nos

parece superfluo porque su vida intelectual y política y los nobles ideales que han moldeado su

pensamiento (muchos de ellos comunes al nuestro), los conocemos todos los que hemos

seguido su limpia trayectoria en el ámbito de las ideas y en el de la cosa pública.

Pero convendrá conmigo mi ilustre contradictor, que hubiera pertenecido o no a la Falange; que

todos los que como él —tenemos la seguridad— hayan conocido a José Antonio a través de su

obra político-literaria, todos —repito— nos sentimos un poco o mucho jose antonianos, al

menos influenciados por sus ideas más claras y universales, y por ende, admiradores de su

obra y de su vida, que, como Séneca, nos legó la imagen y el ejemplo de la suya.

No ha sido tampoco «Salustio» quien ha desvelado la verdad, o parte de ella, de lo sucedido,

sino, precisamente, un miembro destacado de DDE. «Salustio» nada ha inventado, y se

permite transcribir, esta vez literalmente, loque a Derecha Democrática Española y a Fuerzas

Nacionales concierne y expresó Jáudenes (Im-parcial, 31-1-79), notario calificado de la

cuestión: «El fallo de Derecha Democrática, en mi opinión, fue desconocer que, ante la

ambigüedad de la posición de los componentes del "pacto de Aravaca", era más necesario que

nunca el acuerdo con las Fuerzas Nacionales para conseguir un entendimiento global.»

«¿Y las Fuerzas Nacionales? En mi opinión, las que hicieron el juego más claro y definido. Las

que por su posición más nítida fueron menos manipuladas y las que se mantuvieron en todo

momento más coherentes. Aguantaron casi hasta el final, sin estridencias, pero sin romper la

baraja, que se continuase negociando, y, Fraga, Areilza y Osorio, a pesar de los ataques de

que eran objeto, y, salvo algún excesivo planteamiento muy personalizado estuvieron en

disposición, hasta la última hora, de hacer posible la operación de entendimiento.» Sin más

comentarios.

Por último, brevemente, acerca de nuestro pseudónimo Salustio, «excesivo para narrar

anécdotas y sentenciar conductas de la pequeña historia actual» . Cayo Salustio Crispo,

historiador y literato romano de la época republicana, relató historias, epístolas y anécdotas.

«La Conjuración de Catilina», una de sus obras más conocidas, en realidad es el relato de una

colosal anécdota en la que se jugaba el porvenir de Roma, cual hoy el de España, su

continuadora cultural en gran parte, en trascendente lucha electoral por el consulado, por cierto

tan impuras como son las lides actuales electoreras. ¿Cree en verdad el señor Fernández de la

Mora que el envite electoral que se aproxima, y en las condiciones en que a él van las

derechas españolas es «una anécdota de la pequeña historia actual», como expresa? Para

quien esto escribe, no, desde luego. Lo veremos la madrugada del 2-M y lo que ocurra en

meses sucesivos.

Dios quiera que las circunstancias y trances por los que pase nuestra Patria a partir de esa

fecha, no obligue a mi amigo Fernández de la Mora a escribir, desde cualquier lugar extraño al

solar patrio, una segunda parte de su obra « El crepúsculo de las ideologías», que si a ello

llegara podría titular « El ocaso de España» . Estimaba en mi artículo y sigo estimando, que

entre todos, singularmente los líderes como cabezas visibles responsables, (y que cada palo

aguante su .vela), deberíamos haber contribuido a impedir la siquiera remota posibilidad de

tener que escribirlo.

SALUSTIO

 

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