Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   Todos contentos     
 
 El Alcázar.    10/03/1978.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 24. 

10-marzo-1978

EL PARLAMENTO

TODOS CONTENTOS

UN voto en contra, un voto en contra, un voto en contra... Y así todo el rato. Los señores diputados

empezaban a mirarse unos a otros, recelosos, inquietos. «¿Quién será ese tío bruto que no se ha enterado,

a estas alturas, de´que hay pacto?» No sé por qué don Josep María Obiols se sintió culpable y tímidamente

explicó a la asamblea que a lo mejor tenía la culpa una avería en su maquinita . de voto electrónico, pero

que, desde luego, estaba votando a favor. Entonces el presidente, don Fernando Alvarez de Miranda, lo

tranquilizó descubriendo que quien se mantenía erre que erre, ajeno a todo pacto, era don Francisco

Letamendia Belzunce. Descubierta su travesura, don Francisco Letamendia Belzunce dejó civilmente de

votaren contra y recibió por ello un aplauso fervoroso del pleno del Congreso de los Diputados.

He trabajado los pasillos como en mi vida, preguntando a unos y a otros en qué consistía el pacto que

estaban votando con tanto fervor. ¿Quieren ustedes saber que nadie estaba enterado, lo que se dice nadie?

Hasta que me harté y comencé a increpar a la gente:

No, no es posible que estéis votando a ciegas lo que os han dicho. No, en una democracia esto es absurdo,

esto es imposible.

Seguí preguntando, ya furioso. Y de pronto empezaron a venir a mi encuentro parlamentarios que me

preguntaban, en tono confidencial:

Oye, ¿tú sabes en qué consiste el pacto?

Me derrumbé, como si la mismísima Democracia me hubiese asestado un formidable gancho en la

mandíbula. Y el caso es que, medio «groggy» como estaba, les veía ir y venir a todos, ¡tan contentos de

que hubiera pacto!

Ya habrás visto que Felipe y Adolfo han estado reunidos.

¡Además, un rato largo!

¡Y qué caras traían!

Gusto daba verlos.

Ciertamente. Pero más gusto daba ver cómo el comunista Simón Sánchez Montero, que había hecho el

mejor discurso de la jornada en ataque frontal al Partido Socialista, diciéndoles lo peor del mundo, desde

pactistas, arribistas, engañadores del pueblo, de todo, vamos, se tragaba sus palabras de buenas a primeras

y tan ancho, a darle a la maquinita de votar, que sí, que sí, que sí... Y no digamos el primor del PSOE

tragándose sus argumentos para preparar el terreno a Solé Tura, del PC, que miren por dónde iba a ser el

encargado de presentar el amaño. Pues, ¿y Unión del Centro? Bueno, al pobre Núñez, de Unión del

Centro, un color se le iba y otro se le venía mientras justificaba el chaqueteo. Y, a todo esto, la cosa, de

puro desvergonzada, había degenerado en cachondeo —perdón, no hay otra palabra— y las risotadas

coreaban el toque de retirada de cada uno de los partidos.

Es decir, señores comunistas, ¿que su ataque era el apuro de ver que pactaban todos y ustedes se

quedaban fuera? O sea, señores socialistas, ¿que toda ta movilización de masas y todos los portazos eran

puras ganas de pactar más a gusto con Suárez, puro miedo de que se dirigiese a los comunistas antes que a

ustedes» En fin, a lo mejor estoy pasándome y la nueva táctica revolucionaria consiste en tirar la piedra

mientras se sonríe en el Parlamento. Si es así, una vergüenza, y si no, también. El caso es que me da no sé

aguar la fiesta de esta forma, porque ¡estaban todos tan contentos!

Manuel Núñez, portavoz de UCD, dedicó largo párrafo a convencernos de que esta ley electoral

municipal no es un híbrido, es decir, un vástago de dos especies distintas. A mí me convenció. Estoy

seguro, desde ayer, de que UCD, PSOE, PC, AP, etc., pertenecen todos a la misma especie.

Todo el día lo han armado Fraga y Adolfo Suárez fotografiando-se juntos, que conste. Así de sencillo. De

pronto se vinieron abajo las estructuras, el edificio se les venía encima a los que no habían disfrutado de

esas sonrisas y aquello fue el «¡sálvese quien pueda!».

Pero, a todo esto, ¿qué habían pactado Suárez y Fraga? Pues, según mis noticias, simplemente una tregua;

tregua que terminará dentro de veinte días, cuando se vote la censura al Gobierno en el Pleno próximo. A

cambio, mejor trato a las minorías en la Ley aprobada ayer, de la que PC y AP resultaban, la verdad sea

dicha, en unas posiciones regularcillas nada más. Por ahora, el pez grande no se ha comido al chico. Más

cosas habrá. Esto que digo, de momento, porque seguirán pactando.

Me aseguran que los socialistas desisten de su movilización de masas, que el señor Peces Barba se

reintegra a la ponencia constitucional y que el susto ha pasado. Lo que nadie dice es lo que ha concedido

Suárez. Me cuesta trabajo creer que ha bastado una sonrisa cruzada con Fraga para armar tanto tío. Algo,

aunque sea una chispa, habrá tenido que entregar. Pero hasta ahora, misterio. Y el caso es que estoy

dispuesto a pactar con quien sea, por saberlo; pero oigan, que no me lo dice nadie.

Hubo una frase singular, una definición agudísima del comunista Solé Tura: «En la democracia orgánica

son los afectados los que defienden sus propios intereses y, en ta actual, los defienden los partidos

políticos». Me acojo a sus palabras para decir que a mí me basta conque los partidos políticos no me

ataquen. Porque ¡hay que ver las caras que vi ayer y las cosas que me dijeron, por mis últimas crónicas! Y

más que nadie, el Gobierno: Martín Villa me riñó públicamente por haberme venido a trabajar a este

periódico, que es quien tiene la culpa, por lo visto, y Fernando Abril no me había, nada que no me habla,

ni hola ni por ahí te pudras. El caso es que no caigo en qué puedo haber enfadado a Francisco Abril, que

también uno, |hay que ver en qué piedras va a tropezar! Horrible drama el mío: quiero saber por qué no

me habla, pero no lograré saberlo porque no me habla.

Enrique Múgica, el socialista presidente de la Comisión de Defensa, sí. Le he hablado de que en la

política propia de su comisión hay algunas lagunas que otras, y él me ha respondido:

Mira, contal que no se mueva el VIl de Caballería...

He ahí toda una definición de una política de Defensa. Felicito al señor Múgica, simpático, dicharachero,

cordial. Pregunto, simplemente:

¿Ese regimiento no lo mandaba un tal Pavía?

Y me responde Múgica:

No harían falta Pavías, hoy. ¡A gorrazos!

Como lo oyen. Por cierto, a estas horas se encuentra reunida la comisión para estudiar nuestra política de

Defensa.

Joaquín AGUIRRE BELLVER

 

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